Con él podía estar totalmente desnuda y no sentir vergüenza, podía decir cualquier idiotez y no sentirme tonta, podía eructar y echarme gases sin sentir arrepentimiento, podía comportarme como una niña pequeña y portarme como una viejita de 80 años, con él nunca sentí pena alguna, por el contrario, me sentía en casa, me sentía cómoda.