Apesta admitir que varias veces he mostrado mi voluntad de ir, y tú has demostrado que no te importaría que fuera. Pero haciendo qué, siempre buscamos razones y más razones, como si huyéramos de toda la verdad, ¿sabes? Como si la soledad no fuera suficiente. Intentaste abrir los ojos y mostrarme otro camino, pero permanecí ciego a la deriva de lo que me esperaba, prácticamente me echaste de una manera sutil y seguí buscando razones para ir. Razones y más razones. Y eso no faltó, pero me quedé ahí, insistiendo en lo que no podía ser. Sé lo que pensaste de mi ausencia, y me estremeció, pero finalmente tus razones me hicieron ver a dónde pertenecía, fui, y quien no vuelve ahora soy yo.