Pandemia

Síndrome de la cabaña: qué es y cómo detectarlo

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  • Aunque este trastorno vivió su cenit después del confinamiento domiciliario de marzo y abril de 2020, todavía hay personas que sienten aprensión a salir.
  • Los confinamientos intermitentes incrementan la fatiga pandémica.
  • Síndrome de Wendy: qué es y cómo identificarlo.

El síndrome de la cabaña es un trastorno psicológico que aparece cuando llevamos mucho tiempo encerrados y sin salir de casaDurante el confinamiento de marzo y abril del año pasado, algunas personas reconocieron padecerlo durante los primeros días de la desescalada.

Según recogen los especialistas de Mundo Psicólogos en uno de sus posts, el síndrome de la cabaña se caracteriza por la aparición de un miedo intenso a cambiar de entorno, después de haber pasado un tiempo prolongado de encierro y aislamiento.

Hasta el confinamiento domiciliario que vivimos en España a raíz de la pandemia, este término era utilizado para hablar de las sensaciones experimentadas por quienes pasaban un largo periodo encerrados. Es decir, no era un síndrome que se diese de forma cotidiana, sino más bien algo que afectaba a aquellas personas que habían vivido una privación importante de la movilidad o la libertad.

¿Cuáles son los síntomas más característicos?

Aunque los síntomas generales pueden confundirse con otros trastornos del ánimo como la ansiedad o la depresión, los rasgos más frecuentes del síndrome de la cabaña son:

  • Miedo.
  • La fatiga o cansancio.
  • La tristeza o la apatía.
  • La dificultad para mantener la concentración en una actividad.
  • Necesidad de dormir y dificultad para despertarse.
  • Nerviosismo o impaciencia.

Igualmente y según apuntan desde Mundo Psicólogos, la forma más eficaz para mejorar la sintomatología que produce este síndrome no es otra que enfrentarse a él. Aunque este trastorno puede verse agudizado en personas que ya padecían ansiedad, al final la solución es la misma.

El miedo sólo se supera exponiéndonos una y otra vez a él, hasta que nuestro cerebro se acostumbra, lo normaliza de algún modo y deja de verlo como una amenaza.

Adolescentes

La salud mental de los adolescentes, en crisis por la pandemia: ¿Cómo evitar complicaciones futuras?

Mientras escribimos este artículo, solo en los hospitales de Madrid hay entre 30 y 45 adolescentes atendidos en las urgencias pediátricas, esperando ser ingresados en una Unidad de Hospitalización para adolescentes por problemas mentales. Las demandas de ingreso psiquiátrico para este grupo se han incrementado de forma exponencial tras la primera ola de la pandemia. Es cierto que no era previsible casi nada de lo que nos está pasando, pero también que hay muchos estudios que muestran las devastadoras consecuencias de la pandemia en los adolescentes. Esos resultados requieren una sosegada reflexión y adoptar una serie de medidas para no lastrar más el futuro de los jóvenes.

¿Qué repercusiones tiene la pandemia sobre la salud mental de los adolescentes?

La principal medida para evitar el contagio de la covid-19 en todo el mundo ha sido el aislamiento y el distanciamiento social. De ahí que, desde marzo de 2020, se cerrasen escuelas, institutos y centros deportivos en muchos países, que posteriormente se abrieron tras el verano. Estas circunstancias han afectado a toda la población, pero parece que son los niños y los adolescentes (junto a los ancianos), los más vulnerables. De ahí la importante prevalencia de síntomas psicológicos (estrés, ansiedad, tristeza, adicciones) y de trastornos mentales entre la juventud.

En comparación con los adultos, las consecuencias adversas de la pandemia en la salud mental de los adolescentes pueden ser más prolongadas e intensas. Su impacto depende de varios factores: edad, situación educativa, existencia de discapacidades, antecedentes de trastornos mentales, bajo nivel social, enfermedades de los padres –incluida la covid-19– y grado de estructuración familiar.

Las manifestaciones psicológicas más frecuentes en los adolescentes que están acudiendo a las urgencias son las tentativas de suicidio, los problemas de la conducta alimentaria y cuadros depresivos con predominio de irritabilidad e incapacidad para disfrutar de las cosas con las que antes disfrutaban.

Causas que subyacen a esta crisis en los adolescentes

Las principales causas de esta crisis se deben a que la familia, la escuela y los amigos han perdido el efecto tampón que facilitaba el manejo emocional de los jóvenes (ver figura).

La pérdida de las costumbres y rutinas familiares, la ausencia del entorno estructurado de la escuela, el aburrimiento, las dificultades para participar en actividades deportivas y para salir con los amigos se encuentran entre las causas relacionadas con los problemas psicológicos detectados.

Los prolongados meses de pandemia han generado, en muchos de ellos, gran incertidumbre sobre su futuro académico y laboral, y se han volcado en actividades compulsivas vinculadas a internet, con el consiguiente aislamiento de relaciones sociales positivas y una mayor exposición al acoso y al abuso.

La figura adjunta esquematiza estas asociaciones. Como puede observarse, diferentes factores han modificado las rutinas familiares, escolares y de ocio, haciéndolas más aburridas o suprimiéndolas, lo que se asocia a una gran incertidumbre del futuro.Relación entre factores familiares, escolares, de relación e individuales con los cambios conductuales y con los problemas psicológicos detectados en adolescentes.

Las estrategias desadaptativas más frecuentemente utilizadas son las centradas en el uso compulsivo de internet y redes sociales, en las conductas adictivas y el aislamiento. De prolongarse estos comportamientos, como lamentablemente está ocurriendo, se favorece el desarrollo de trastornos depresivos, tentativas de suicidio, trastornos de la conducta alimentaria y adicciones.

Recomendaciones para el presente y para el futuro

Los trabajos publicados nos deben hacer reflexionar a todos en torno a las siguientes recomendaciones.

  • Los padres somos el modelo de conducta que nuestros hijos aprenden. Por lo tanto, es en el hogar donde deben aprenderse las habilidades para afrontar las decepciones, las dificultades en el control emocional y para la resolución de problemas. La incertidumbre de los exámenes y el futuro laboral de los jóvenes deben encontrar propuestas alternativas en la familia, alejadas de la decepción.
  • Es conveniente que los padres incluyan a los adolescentes en la toma de decisiones y se debe hablar claramente de la pandemia, procurando evitar términos peyorativos hacia la juventud. Este puede ser un buen momento para delegar algunas responsabilidades (cocina, limpieza, compras) familiares en los jóvenes, de forma que se sientan responsables del mantenimiento de la familia.
  • Se debe evitar el uso excesivo de internet. En concreto, la búsqueda de noticias relacionadas con la pandemia, ya que es una fuente de ansiedad. El uso abusivo y compulsivo de las redes sociales es una conocida fuente de baja autoestima.
  • Las actividades creativas, como la música, la pintura, el baile y la escritura pueden servir para contrarrestar determinadas conductas de riesgo que suelen observarse cada fin de semana en nuestras ciudades.
  • Las relaciones con los amigos son fundamentales para los jóvenes. De ahí que se deba favorecer el mantenimiento de las relaciones de apoyo con sus amigos.
  • Desde las escuelas, los profesores deben incidir en las medidas de protección y de responsabilidad para evitar la transmisión del virus y estar atentos a determinadas conductas que pueden esconder problemas psicológicos. Se debe aumentar la interacción en las clases y facilitar información para manejar, también en los institutos, la ansiedad o el estrés. Los profesores pueden detectar problemas que en ocasiones pasan inadvertidos para los padres y facilitar la consulta a los profesionales de la salud mental.
  • Los pediatras y los médicos de familia están acostumbrados a reconocer las manifestaciones físicas de los problemas emocionales (dolores, autolesiones), por lo que se convierten en la puerta de entrada de diferentes malestares. Esto les capacita para poder informar y educar a los padres y para la derivación a los profesionales de la salud mental.
  • Los profesionales de la salud mental infanto-juvenil tienen un papel determinante en el manejo de esta crisis y deberían compaginar las intervenciones presenciales con las realizadas online. Se requiere de ellos un esfuerzo en la coordinación con familias, profesores y voluntariado que sirva de red de apoyo a los adolescentes. Los ingresos psiquiátricos deberían ser la última opción, ya que representa el fracaso del apoyo comunitario, y de ser necesario, se debe intentar disminuir el estrés y el estigma asociado a la hospitalización psiquiátrica. Los equipos de salud mental tienen una importante labor formativa de los pediatras, médicos de familia y profesores en la detección de los trastornos mentales de los jóvenes.
  • Los psicólogos clínicos deben diseñar y poner en práctica intervenciones conductuales de corta duración para el manejo de trastornos mentales frecuentes, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el abuso de sustancias o los problemas de juego, centrándose en técnicas psicoeducativas donde se incluyan a los padres.
  • Los psiquiatras deben ser más prudentes, si cabe, a la hora de elegir estrategias farmacológicas frente a las psicoterapéuticas. Es imprescindible que los profesionales de la salud mental organicen estudios longitudinales para evaluar las consecuencias de la pandemia.

Plan de Salud Mental

Finalmente, el Ministerio de Sanidad debería considerar la puesta en marcha de un Plan de Salud Mental que sirva para prevenir las consecuencias psiquiátricas de la pandemia en los jóvenes, aunque mucho nos tememos que nos pille con el paso cambiado. Esta vez no podremos decir que no sabíamos lo que iba a pasar, porque ya está pasando.

Soltero

Soltero a los 30: ¿por qué te cuesta tanto encontrar pareja?

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«Si eres soltero a los 30, ya no conocerás a la pareja de tus sueños». Hace más de dos años, nuestro compañero Mateo Sancho titulaba así una reflexión en la que hablaba de la dificultad de encontrar el amor cuando dejamos atrás los felices 20 : «Hemos ampliado los tiempos de búsqueda y muchos llegan a la pareja después de haberlo hecho ya todo en esta vida. Como ballenas varadas que van a morir en la orilla». Y lo cierto es que ese realismo apocalíptico de Sancho es una realidad para cada vez más personas. Y no lo decimos solo nosotros. También lo dice la ciencia.

El portal estadounidense ‘Quartz’ recogió hace unos días las declaraciones de la investigadora Nancy Smith-Hefner, que afirma que en algunos países asiáticos, como Indonesia, se han reducido los registros de matrimonios entre personas que han superado los 30 años. Antes disfrutaban del matrimonio universal (solo el 2% de las mujeres en los 40 estaban solteras), pero ahora las jóvenes han decidido que no quieren casarse, sino prosperar académica y profesionalmente. Hasta aquí todo bien, ¿no? Lo que asusta es que asegura que esta soltería es un fenómeno mundial.

Pero, ¿por que nos cuesta más encontrar pareja cuando alcanzamos cierto número redondo? ¿Nos ha sucedido siempre o es algo generacional? Para arrojar luz, charlamos con nuestras expertas de cabecera, Elena Requena, sexóloga y asesora de parejas, y Amparo Calandín, psicóloga. «Efectivamente, la sensación es que todo se va retrasando: la incorporación al mercado laboral, la finalización de los estudios, la tan añorada estabilidad. Esto hace que cada vez seamos más indecisos a la hora de adquirir una vivienda, de tener relaciones más o menos serias… Es una tónica del momento actual que vivimos», explica Requena.

«Hay muchas personas que a esas edades quieren tener una relación estable, formar una familia, o cumplir una serie de objetivos en los que una pareja es vital. Si no la encuentran, se genera una especie de necesidad, de dependencia emocional, en el que el ánimo varía en función de hallar o no a esa persona», reflexiona Calandín. «Eso hace que, entre comillas, te valga cualquiera para no estar solo, para tapar esa carencia de amor y compañía, y las probabilidades de equivocarte aumentan».

Hemos retrasado los hitos vitales

Vayamos por partes. ¿Entonces la culpa no es del todo nuestra? ¿Podemos cargarle el muerto a los efectos del colapso económico y la precariedad profesional? «Al final es una cuestión de prioridades, algo así como una lista de tareas donde cada cosa antecede a otra. Tendemos a poner delante nuestros estudios y nuestra carrera como requisito previo a establecernos y formar una familia, si es que este es nuestro deseo», propone Elena: «Lo que ocurre ahora es que esa estabilidad se logra mucho más tarde, y ese mandato social o deseo individual de formar una familia aparece muy pasados los 30″.

Algo similar sucede con la paternidad y la maternidad. Las noticias nos alarman con cifras bajas de natalidad en muchos países occidentales, pero, ¿cómo vamos a tener hijos a los 30 si no tenemos trabajo ni vivienda? «Es un hecho que las clínicas de reproducción asistida se han multiplicado en los últimos años, e inevitablemente tenemos que admitir que somos padres y madres más mayores por estas circunstancias. A nivel biológico, encontramos dificultades para conseguirlo, y la incertidumbre económica hace que nos cueste más tomar esta decisión», comenta rotunda Elena.

A todo esto, podemos añadir que, en plena era de Tinder y las nuevas relaciones, estar soltero a los 30 (o más allá) sigue sin estar precisamente bien visto. «La sociedad actual lo quiere todo. Quiere que trabajemos, que ascendamos a nivel profesional. Quiere que ganemos mucho dinero, que nos compremos una casa, un perro y un patinete eléctrico. Y a la vez quiere padres abnegados, jóvenes y lozanos, que críen niños regordetes y muy listos. Esto no es compatible actualmente», bromea la sexóloga. «Esta presión es muy similar para hombres y para mujeres, aunque como en todos estos temas, la mujer sale perdiendo». Pero hay otro factor importante. Como sugería Mateo Sancho, ¿no estamos buscando a la pareja de nuestros sueños con demasiado ahínco? ¿Nos hemos vuelto demasiado exigentes, en parte por la edad?«Cuanto mayores vamos siendo, y según nuestra biografía, somos más peculiares, más concretos, más selectivos. Esto hace que elegir al otro entre todos los demás, y que el otro nos elija a nosotros, sea más difícil. Es una coincidencia casi mágica. Pero también es cierto que, cuando encontramos pareja en edades más avanzadas, las relaciones suelen ser más duraderas», afirma Requena.

¿No seremos demasiado exigentes?

«En algunos casos podemos ver una especie de inconformismo crónico en el que, tras estar mucho tiempo solos, se crean hábitos, manías y comodidades a las que no queremos renunciar. Esto hace que encontrar pareja sea más complicado, porque buscamos un ideal que no siempre puede cumplirse «, advierte Calandín. «Digamos que nos vamos haciendo cómodos. Hoy en día tenemos muchas posibilidades de ocio y distracciones, y formalizar una relación implica ciertas cesiones, así que demoramos esa decisión”. Por suerte, según Elena y Amparo, el panorama no tiene por qué ser tan apocalíptico. «Lo que debemos hacer es enriquecer nuestra vida, realizar actividades que nos apasionen, que nos hagan sentir plenos», recomienda Calandín: » Practicar hobbies que nos gusten y atrevernos a probar aventuras nuevas, sobre todo con un factor social, que involucren a otras personas. Eso nos relajará, enriquecerá nuestro entorno y aumentará las probabilidades de conocer a alguien especial».

«Si tu deseo, en un ejercicio de honestidad, es encontrar pareja, lo realizarás. Ahora bien, debemos estar abiertos a conocer a personas que quizá no reúnen todo lo que esa lista interminable que hemos realizado en todos estos años contiene», aconseja Requena. «Lo más probable es que en ese momento de apertura llegue una persona que nos enamore y a la que enamoremos. Dejar los prejuicios fuera, ser pacientes y tener ganas de amar son tres ejercicios a poner en práctica en este nuevo año».

Brecha social

La tecnológica es la última brecha social

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Hace un año el mundo cambió. Una vez más, sí, pero de forma seguramente más profunda. Millones de personas se han enfrentado en este tiempo a la muerte, a la ruina económica o, en el mejor de los casos, a las consecuencias de la soledad y de vivir con miedo a respirar. La ficción distópica llevaba décadas avisando, pero cuando el virus llegó no estábamos preparados para abordar esa realidad. Ahora hasta el poder geopolítico depende de la capacidad para producir y distribuir vacunas.

Antes del virus el mundo no había dejado de cambiar. Es más, cada vez lo ha ido haciendo a mayor velocidad. Hace cuarenta años pocos tenían un ordenador. Hace treinta apenas algunos tenían internet. Hace veinte no muchos navegaban con el móvil. Hace diez aún leíamos en papel. Cambios que antes llevaban generaciones enteras ahora se completaban en años.

El problema es que en estos doce últimos meses ese progreso acelerado ha conocido una nueva dimensión: en un año, a consecuencia del virus, la tecnología ha acabado por invadir hasta los últimos rincones de nuestra vida. Antes usábamos dispositivos para todo, pero es que ya no queda nada que hagamos en lo que no medie una pantalla.

La inercia, por tanto, existía, pero el confinamiento la aceleró. Encerrarnos en casa implicó que para poder seguir participando de la sociedad necesitabas estar conectado. Estar en contacto con los tuyos, informarte, comprar, trabajar o seguir con los estudios pasó a depender del acceso a la tecnología: o tenías un dispositivo conectado a internet o, literalmente, estabas aislado. Vacías las calles, la vida se mudó a las pantallas. Y, lógicamente, mucha gente se quedó fuera.

Brecha tecnológica y social

«Hay un cambio de narrativa sobre la tecnología. Hace años se daba por hecho que reduciría la desigualdad, pero ahora vemos claro que también puede amplificarla, que no es mágica ni neutral», resume José Carlos Sánchez, consultor y responsable del área de Inteligencia en Prodigioso Volcán.  En su opinión, «el temor a la relación entre tecnología y desigualdad siempre ha existido. En estas llega la pandemia y todo se acelera. Dejamos de hablar de tecnología y hablamos más de digitalización, forzada y acelerada. Ya no son máquinas lejanas, son nuestros dispositivos y nuestro día a día», explica.

«Hay un cambio de narrativa sobre la tecnología. Hace años se daba por hecho que reduciría la desigualdad, pero ahora vemos claro que también puede amplificarla, que no es mágica ni neutral»

Sánchez enumera datos de la Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogarespublicado por el INE en noviembre de 2020, para poner de manifiesto esa presencia masiva de dispositivos conectados a nuestro alrededor.

«El 93,2% de la población de 16 a 74 años había usado a internet en los tres meses anteriores [a la encuesta]. El 81,4% de los hogares con al menos un miembro de 16 a 74 años tenía algún tipo de ordenador. El 95,3% del total de hogares contaba con acceso a internet por banda ancha fija y/o móvil».

Es decir, la tecnología ya lo invadía todo. Pero cuando la variable se cruza con los ingresos se ven las brechas: «El 96,2% de los hogares con ingresos mensuales netos de 2.500 euros o más dispone de acceso fijo y el 3,6% lo hace solo a través de móvil, mientras que en los hogares que ingresan menos de 900 euros los porcentajes son del 62,7% en acceso fijo y del 23,2% solo mediante el móvil». Resumido: a mayor ingreso, mayor y mejor conectividad.

Por tanto, salvar la brecha tecnológica no es tan sencillo como contar con un dispositivo conectado, porque las aristas de la brecha son muchas. Tu acceso va a depender de la calidad e intensidad de la señal, de la potencia de tu dispositivo, de cuántos tengas en casa para cada habitante, de cómo de eficaz sea tu tiempo conectado… Y, por supuesto, de que sepas manejarte en un entorno virtual que nada tiene que ver con un entorno real.

En ese punto intervienen factores añadidos a lo económico, y algunos se visibilizan en el punto de origen mismo de lo digital. El tecnológico, advierte Carlos Guadián, consultor de asuntos políticos y tecnológicos, es un sector «fuertemente masculinizado» y con una media de edad baja, lo cual implica un importante sesgo generacional y de género. Pero ni siquiera hace falta llegar a cuestiones tan concretas para ver las fisuras a la digitalización.

«Es importante valorar hasta qué punto las desigualdades tecnológicas pueden perpetuar muchas de las otras brechas que existen», coincide Sánchez. «Un estudio de Fundación Alternativas, por ejemplo, apuntaba hace un par de años que la cuestión más relevante “no es el surgimiento, con una nueva faz, de la desigualdad, sino la amplitud, el alcance y la duración de tal desigualdad”. Solemos hablar de los nuevos excluidos, pero no tanto de hasta qué punto la digitalización va a provocar que quienes estaban excluidos lo sigan estando. Y por cuánto tiempo y con qué oportunidades. O, sumado a lo anterior, hasta qué punto la tecnología per se puede no solo no solucionar la desigualdad automáticamente, sino incluso agrandar las diferencias que ya existen», advierte.

«Es importante valorar hasta qué punto las desigualdades tecnológicas pueden perpetuar muchas de las otras brechas que existen»

DE LA DESIGUALDAD A LA EXCLUSIÓN

«Con la pandemia se acelera nuestra relación, y quizá dependencia, de la tecnología. Pero, sobre todo, aumenta la conciencia de que la brecha digital también es social, política, económica…», apunta Sánchez. Y como la tecnología llega a cada rincón de nuestra vida, la brecha tecnológica es transversal a todo lo demás. Es una grieta atravesando las brechas que ya existían.

«La pandemia ha acelerado la necesidad de la transformación digital de muchos sectores de la sociedad», explica Guadián. «La educación es uno de los mejores ejemplos. Pese a los esfuerzos que muchas Administraciones y trabajadores del sector han hecho, ha quedado de manifiesto que sin un cambio en las metodologías y en las herramientas de soporte, la exclusión que buena parte del alumnado ha sufrido se puede agrandar».

»Niños y niñas sin dispositivos adecuados para seguir las clases a distancia, centros sin la tecnología adecuada y profesores sin las habilidades necesarias para poder cerrar esa brecha digital. En otros ámbitos ha ocurrido algo parecido. Las pymes son objeto ya desde hace algún tiempo de procesos de transformación digital, pero el empujón que han sufrido con los cierres les está abocando a un nuevo escenario en el que si no tienes esa tabla de salvación que puede suponer lo digital, naufragas», sentencia.

Las brechas tecnológicas son, por tanto, educativas, económicas o laborales. Para Guadián, de hecho, la peor consecuencia es precisamente la exclusión social. «Esa misma barrera tecnológica excluye a muchas personas de poder realizar tramitaciones online, pedir ayudas, recibir información adecuada o, sencillamente, poder comunicarse y relacionarse con amigos y familiares», analiza. «Si nuestra vida es cada vez más digital, desde recibir clases hasta solicitar una prestación por desempleo, tener o no tener las habilidades y competencias para ser digital tendrá una mayor implicación en nuestra dimensión social», resume Sánchez.

Stéphane Grueso, comunicador que lleva años visibilizando el activismo social desde entornos digitales, vincula de forma directa brechas tecnológicas y sociales: «No necesariamente una persona con menos recursos económicos va a tener una mayor dificultad para acceder a tecnología, pero sí que hay una clara correlación entre ambas brechas», señala. Y pone el foco en la parte «comercial en torno a la tecnología», en referencia a la necesidad de actualización constante para evitar la obsolescencia programada.

«Hay una parte económica en la brecha tecnológica, pero por otra parte se ha producido una gran democratización en el acceso a los medios tecnológicos», reconoce. Aunque advierte también sobre las consecuencias de esa tecnologización masiva para el desarrollo en el ámbito de la ciudadanía: «En este mundo de la hiperconexión, no poder participar en las últimas tecnologías puede complicarte todo. Tu forma de informarte o informar, las relaciones con otros, la participación política… no hay aspecto de la vida que no esté ya atravesado por la tecnología. Lo que más me preocupa es el riesgo de quedar fuera de la conversación, de no enterarte de lo que pasa».Fuente: Informe sobre Crecimiento Inclusivo (Observatorio Empresarial para el crecimiento inclusivo)

ALFABETIZACIÓN Y RECICLAJE

«La alfabetización mediática y tecnológica sigue siendo extraña en nuestros centros escolares», lamenta Grueso. «Hay que meterlo de alguna forma en la currícula y así dar a todas y todos una base con la que poder participar con garantías en esta sociedad», reclama. En una línea similar opina Sánchez, que explica que cuando elaboraron un informe para el Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo comprobaron que la desigualdad «ya no se concentraba tanto en los recursos materiales, en los dispositivos, sino en la capacidad para aprovecharlos o incluso obtener y discriminar información». Y ahí entra la necesidad de dotar de competencias digitales a la ciudadanía.

«Esa diferencia, que alude a las competencias, es más difícil de reducir porque también depende del capital cultural, relacional, el entorno… Es importante ser conscientes de que el problema no se soluciona solo porque la población sea cada vez más nativa digital. La brecha digital no es únicamente una cuestión de edad, generacional: hay que comprender cómo se generan los resultados de una búsqueda en internet, por ejemplo, conocer alternativas a las grandes plataformas. Existe el internet profundo… y luego la segunda página de Google», ironiza.

Al tiempo que nos ha dado más información, más capacidades y más herramientas, la tecnología también nos ha hecho más vulnerables y desiguales. Y cuesta trabajo vislumbrar un futuro en el que lo digital no esté en el centro de nuestra vida, de forma que esta brecha no desaparecerá por sí sola. ¿Cómo evitar entonces que esa grieta siga haciéndose grande?

«Es complejo y va a ser lento. Tenemos que realfabetizarnos de nuevo. Redefinir nuestra relación con la tecnología, comprenderla, controlarla y usarla. No va a ser fácil»

«Para intentar revertir una situación primero hay que ser conscientes de ella», apunta Sánchez. «Del mismo modo que planteábamos que no solo la edad decide quiénes están a un lado u otro de la brecha, es importante tener en mente que la desigualdad no es cuestión únicamente de contar o no con dispositivos y acceso. La renta, el lugar de residencia, la situación laboral y la formación académica también influyen», recalca.

«Algunas empresas ya están incorporando lo que llaman diseño responsable o desarrollo responsable. La ética en el uso de datos y desarrollo de sistemas de inteligencia artificial para reducir sesgos, por ejemplo, también es un punto interesante que puede tener implicaciones. Eso es parte de la solución, pero no podemos olvidar el papel de la regulación y la educación. Es importante fomentar una alfabetización digital crítica desde las escuelas, apostar por ella como estrategia de equidad. Sumar al factor compensador tradicional de la escuela esta nueva dimensión», propone.

«Es complejo y va a ser lento», considera Grueso. «Tenemos que realfabetizarnos de nuevo. Redefinir nuestra relación con la tecnología, comprenderla, controlarla y usarla. Y tenemos que hacer todo esto manteniendo independencia y soberanía. Hay muchos intereses de actores poderosos. Y, además, los Estados en general nunca han querido tener a ciudadanos informados, críticos e independientes», lamenta. «No va a ser fácil».

Nada

«No hacer nada» está de moda: entre el acto de resistencia y el privilegio de unos pocos

La pandemia ha generado o mucho tiempo libre o muy poco. El teletrabajo y las menores obligaciones sociales han expandido las mañanas y los fines de semana de algunos, mientras los cuidadores y los trabajadores de la gig economy están exhaustos por las constantes demandas y solapamientos del trabajo y el hogar.

No puede sorprender a nadie, por tanto, que no hacer nada sea tendencia. Conceptos como «niksen«, no hacer nada en holandés, o «invernar«, descansar en respuesta a la adversidad, se han instalado en el léxico del wellness. No hacer nada se ha convertido incluso en una forma de aumentar la productividad, alineando el trabajo práctico con una cultura de conectividad permanente que busca optimizar cada minuto que pasamos despiertos.

Aunque tales recomendaciones suelen dirigirse a los privilegiados que tienen los recursos para controlar su tiempo, no hacer nada  también puede ser una forma de resistencia ante la maquinaria capitalista. Cómo no hacer nada, el libro superventas de la artista Jenny Odell, defiende un uso del tiempo libro que construya comunidades cohesivas mediante las relaciones con el entorno local antes que con el teléfono móvil.

En otras palabras, hay una ética de la ociosidad. Y los debates sobre ello se remontan miles de años en el tiempo, a filósofos y teólogos que distinguían entre la ociosidad cívicamente consciente, u «otium«, y la pereza, o «accidia«. Aunque ociosidad y vagancia han sido tanto elogiados como vilipendiados, una tensión central recorre la historia central de la holgazanería desde el Imperio Romano hasta nuestros días. ¿Qué obligaciones tienen los humanos para con la sociedad? Y sólo porque puedas no hacer nada, ¿deberías?

Muchos antiguos romanos menospreciaban el otiumal considerarlo una desconexión política que amenazaba a la estabilidad de la República (su opuesto, «negotium», es la raíz de la palabra «negociación»).

Otros, sin embargo, deseaban recuperar el ocio y la holgazanería como fines políticos positivos. Cicerón y Séneca defendieron el otium como una forma de cultivarse a uno mismo útil para la sociedad. Argumentaron que el estudio apropiado de la historia, de la política y de la filosofía requería tiempo al margen del ajetreo diario de la ciudad. Los ciudadanos que aprendieran sobre estas materias podrían contribuir a la paz y a la estabilidad de la República. Ambos se cuidaron de distinguir entre el otium de los estudios y la vagancia de las indulgencias hedonistas, como el alcohol o el sexo.

La sociedad cristiana medieval dividió de forma más estricta los dos tipos de ociosidad. Las comunidades monásticas se encargaban del «Opus Dei», del trabajo del Señor, entre las que se incluían actividades que los romanos hubieran definido como otium, entre ellas la lectura contemplativa. Pero el sistema medieval de vicios y virtudes también condenaba la vagancia. Geoffrey Chaucer la definió como «el albañal de todos los malos e inocuos pensamientos, de todas las murmuraciones, necedades e impurezas».

La ociosidad distraía de muchos tipos de trabajo: las tareas económicamente productivas, del trabajo espiritual de penitencia y de las «buenas obras» de caridad que asistía a los miembros más vulnerables de la sociedad.

Una crítica también moderna

Esta división entre el beneficioso otium y la reprensible accidia inspiró nuevas críticas en la era industrial. El economista y sociólogo decimonónico Thostein Veblen señaló con agudeza que el ocio era un símbolo de estatus que distinguía a quienes tenían de quienes no. Veblen contaba al «gobierno, la guerra, la práctica religiosa y el deporte» entre las principales actividades de ocio disfrutadas por las élites capitalistas. En esencia, Veblen condenaba las clásicas actividades de aprendizaje y ocio medievales con la saña antaño reservada a la vagancia.

Al mismo tiempo, otros interpretaban hasta las más holgazanas formas de ociosidad como un acto de resistencia a los principales males de la modernidad. Robert Louis Stevenson hallaba en la ociosidad un antídoto al esfuerzo capitalista que familiarizaba al ocioso con lo que él llamaba «los cálidos y palpitantes hechos de la existencia», un tipo de experiencia inmediata de la humanidad y del entorno natural que de otro modo quedaba anulada por la participación en la maquinaria capitalista.

Si la opinión de Stevenson sobre la ociosidad tenía cierto diletantismo irónico, Bertrand Russell hablaba muy en serio. Veía en el tiempo libre y el debate la solución a los graves conflictos ideológicos de los años treinta, entre el fascismo y comunismo. Desde su punto de vista, lo que él orgullosamente definía como «vagancia» promovía un hábito intelectual virtuoso que incentivaba el discurso deliberativo y protegía frente a los extremismos. Sin embargo, conforme el siglo XX avanzó la productividad se convirtió de nuevo en un marcador de estatus. Las largas horas de trabajar y un calendario a rebosar dotaban de prestigio (e incluso virtud) una vez juzgadas desde los valores capitalistas.

Bajo esta divisiva concepción de la ociosidad subyace su paradoja central. Por definición es inacción, de improbable influencia en el mundo.

Aún con todo, huir de la rueda de hámster de la productividad es posible avivar ideas que cambien el mundo. El verdadero pensamiento y reflexión requiere tiempo al margen del «negotium». Un foro de Reddit celebra los pensamientos que surgen en la ducha, mientras la mente deambula hacia ninguna parte, y las compañías de Silicon Valley ofrecen temporadas sabáticas para impulsar la innovación. Pero es difícil juzgar desde el exterior si la ociosidad es hedonista o edificante.

Si bien el repentino interés por la ociosidad de hoy en día se presenta a sí mismo como la panacea de una condición moderna muy peculiar resultado del confinamiento y de la omnipresencia de la tecnología, suele fracasar a la hora de enfrentarse a las implicaciones políticas de sus ideas. Dormir más, disponer de tiempo para las aficiones propias y alejarse de las tareas mundanas restaura cuerpo y alma y promueve la creatividad. Pero muy a menudo la interpretación que el movimiento wellness hace de la ociosidad (una reformulación del pecado medieval de la pereza como virtud) sólo refuerza sus privilegios.

En el peor de los casos, recomienda productos y experiencias extrañas (desde almohadas para ojos hasta caros retiros anti-agotamiento del trabajo)  para aquellos que disponen de medios y de tiempo, aislándoles aún más del resto de la sociedad.

De modo que, ¿deberías no hacer nada? Cualquiera que sea tu elección deberías saber que la ociosidad personal tiene una función diferente de la ociosidad cívica. La primera restaura y renueva, pero también puede conducir a un comportamiento antisocial o explotador. La segunda reconoce nuestra conexión con la sociedad aunque nos hayamos apartado de ella, ofreciéndonos espacios para explorar, jugar y descubrir. En última instancia, esto debería conducir a una sociedad más igualitaria.

Ambos tipos de ociosidad pueden ser un buen social. Pero cuantas más oportunidades tengan las personas para no hacer nada, mejor se sentirá todo el mundo.

Tareas domésticas

El método ‘FAIR PLAY’ para repartir las tareas domésticas

pareja cocinando

Llevar una casa adelante implica un largo listado de tareas domésticas que van desde hacer la colada hasta programar las visitas al médico de los niños, pasando por comprar los regalos de cumpleaños, llevar a revisar el coche o pasear el perro. «El problema es que estas tareas suelen estar mal repartidas y, en la mayoría de los casos, el mayor peso recae sobre las mujeres», se lee en la contraportada de El método Fair Playpara las tareas domésticas (Zenith, 2021), que promete conseguir un reparto equitativo de las mismas entre la pareja.

Eve Rodsky, licenciada en Derecho por la Universidad de Harvard, se dió cuenta un día de que, a pesar de que se había casado con un hombre con el que se dividía el peso de la casa, cuando nacieron sus hijos, un 90% de las tareas comenzaron a caer en ella. Y a sus amigas les pasaba igual. Y a las amigas de sus amigas. Cuando atisbó este fenómeno que parecía extenderse a escala global, decidió aplicar su método de trabajo como consultora de empresas al problema.

Para ello, entrevistó a más de 500 parejas y consultó una amplia bibliografía, lo que le llevó a descubrir que en las parejas heterosexuales, las mujeres sufren más la carga mental, es decir, que siempre tienen presente la lista de eternas cosas por hacer; que llevan a cabo lo que se conoce como «segundo turno«, el trabajo doméstico que se ejecuta antes de ir a la oficina y después de volver a casa; que se encargan de la gran mayoría del trabajo emocional, que va desde consolar a los hijos en medio de la noche hasta comprar el regalo de la suegra, y que se echan a la espalda la mayor parte del trabajo invisible, esas tareas en segundo plano que hacen que la casa y la familia funcionen, aunque suelen pasar desapercibidas, como en el típico caso de «la pasta de dientes nunca se acaba».

Rodsky invita a las mujeres a considerar el coste para su vida en pareja en forma de agotamiento, rencor y resignación «a sentirte sola y aislada en la relación» para darse cuenta de lo que supone para ellas todo este esfuerzo extra. En su opinión, además de pasar factura a la pareja, se traducirá con mucha probabilidad en una sensación de pérdida de la identidad y a un sentimiento de desconexión con respecto a tus pasiones e intereses, para los que es probable que no quede tiempo.

También se hará palpable en forma de sentimientos de agotamiento y estrés, e incluso en una merma de las capacidades profesionales, pues si es la mujer la que siempre tiene que hacer hueco para ocuparse de todo, probablemente, no podrá escalar puestos de la misma manera que sus homólogos masculinos. Asimismo, tal y como se lee en el libro, las mujeres que deciden quedarse en casa para cuidar a sus hijos -abrazando, así, el grueso de las tareas domésticas-, perderán también validez profesional en el mercado, pues, según recoge Rodsky, la brecha salarial entre madres y no madres es mayor que la que diferencia a hombres y mujeres.

De hecho, en palabras de la autora, es común que las mamás recientes digan: «No me compensa trabajar, mi sueldo prácticamente equivale a lo que costaría contratar a alguien que cuidara de nuestro hijo». A lo que Rodsky responde: «En un artículo de opinión de The New York Times titulado Day care for all (‘Servicio de guardería para todos’), Katha Pollitt dice: ‘Obsérvese el sexismo inconsciente implícito en este cálculo: los costes de la atención infantil no solo deben ponderarse en relación con los ingresos de la madre: también son responsabilidad del padre. (…) ¿Por qué siempre el sueldo íntegro de la madre es el que se atribuye al sueldo del cuidador? Como si fuera responsabilidad exclusiva de la madre ‘pagar’ a su sustituto en casa. Los padres también se benefician de lo que aporta un cuidador externo al hogar, así que ¿por qué no comparten el coste?», continúa.

«Según un informe reciente de las Naciones Unidas, la mujer moderna todavía hace casi el triple de trabajo doméstico no remunerado más que el hombre. Por supuesto, los hombres están asumiendo más responsabilidades de las que han asumido tradicionalmente en el pasado, pero incluso los hombres más bienintencionados siguen sin hacer la parte que les corresponde en casa», escribe la autora. Para Rodsky, la solución a esta disparidad entre madres y no madres y, sobre todo, entre hombres y mujeres, pasa por asumir las cuatro reglas del método Fair Play -«juego limpio», en inglés-.

mujer limpiando

1. El tiempo es igual para todos

«Según un estudio, tras el nacimiento de un bebé, los hombres aumentan su carga de trabajo doméstico total unos 40 minutos al día, mientras que las mujeres cargan con más de dos horas adicionales de cuidados infantiles al día (además de las domésticas y de su trabajo remunerado habitual). En opinión de Rodsky, esta realidad se da porque consideramos que el tiempo de los hombres es finito y precioso, como los diamantes, y el de las mujeres, común y abundante, como la arena.

También procura que no caigamos en la trampa de pensar que tareas como contratar una canguro o personal de limpieza son sencillas, pues implican asimismo dedicación y tiempo, y que no pensemos que las mujeres están más dotadas para hacer «más de una cosa a la vez» que los hombres: según sus averiguaciones, no existen diferencias entre sexos en cuanto a la función ejecutiva del cerebro.

Sentirse culpable por pasar tiempo sin dedicarse a la familia o al trabajo es asimismo otro lugar común en la mente de las mujeres que conviene evitar, tanto como pensar «si lo hago yo, ahorro tiempo». Son muchos los tópicos y los hábitos que la pareja debe plantearse para alcanzar el objetivo final: que hombres y mujeres midan su tiempo de la misma manera y consideren que las horas dedicadas al trabajo en casa son igual de valiosas que las dedicadas al trabajo fuera de casa.

niño en brazos de su madre

2. Reivindica tu derecho a ser interesante

Encontrar tiempo para perseguir las pasiones y los intereses propios en medio de la vida familiar y laboral es complicado. Sin embargo, Rodsky nos anima a hacer hueco para lo que ella llama el «Espacio del Unicornio», pues considera que es necesario tanto para no perder la propia identidad, como decíamos antes, como para la salud de la pareja.

3. Empieza donde estás ahora

«Ahora que entiendes la importancia de recuperar tu tiempo y tu espacio mental», escribe la autora, es momento de jugar la baraja de Fair Play. Se trata de 100 cartas con tareas específicas repartidas en cinco palos: Casa (hacer la colada, sacar la basura…), Salidas (llevar a los niños al colegio, cambiar el aceite del coche), Magia (celebraciones de cumpleaños, regalos del Ratoncito Pérez) e Imponderables (cambiar de trabajo, mudarse). También existen dos cartas del Espacio del unicornio, uno para cada miembro de la pareja.

Ahora, con las cartas en la mano, no se trata de llevar la cuenta de quien tiene más, sino de repartírselas equitativamente de manera que ambos miembros estén contentos. Cada carta ha de llevarse a cabo por completo, esto es, se debe concebir, planificar y ejecutar todos los aspectos de la misma. Por ejemplo, si tienes que ayudar a tu hija con un proyecto del colegio, deberías fijar un día, planificar todo lo que necesitas para el trabajo y llevarlo a cabo junto con ella. Y, si te das cuenta de que no te queda pegamento, no vale decirle a tu pareja que lo compre: la tarea es tuya de principio a fin.

Otro punto importante: cada miembro de la pareja puede tomar cada carta durante un tiempo limitado o para siempre, según los acuerdos a los que lleguéis, que deberán revisarse periódicamente.

4. Estableced vuestros valores y estándares

No hace falta jugar con todas las cartas de Fair Play, sólo con las que tienen valor para vuestra familia, de modo que deberéis elegir sin cuáles podéis pasar. ¿Es importante para vosotros, por ejemplo, hacer regalos de Navidad a parientes lejanos o es algo que preferís obviar? Asimismo, para que ambos estéis contentos con el resultado de las tareas ejecutadas por el otro, también es interesante establecer el estándar de lo que es adecuado.

Rodsky nos anima a hacernos esta pregunta: «¿Una persona razonable (en este caso, tu pareja, cónyuge, canguro, cuidadores, padres y suegros) en circunstancias similares haría lo mismo que he hecho yo?’. Si la respuesta es que sí, significa que estás cumpliendo el estándar mínimo de cuidado acordado por tu familia. Si la respuesta es que no, tienes un problema».

Esta cuestión puede requerir algo de discusión hasta que ambos estéis seguros de qué es y qué no es aceptable para la familia. Por ejemplo, quizá tú pienses que el cubo de la basura está lista para ir al contenedor cuando comienza a rebosar, y tu pareja, cuando aún le quedan dos dedos para llenarse. Lo ideal es establecer un estándar indiscurible, por ejemplo, sacar la basura todos los días, independientemente de cómo esté de llena. «La regla 4 os pide a ti y a tu pareja que expongáis con claridad vuestras expectativas para minimizar la decepción y maximizar la confianza en la relación», explica Rodsky.

Jugar a Fair Play

Tras seguir todas estas reglas, ya estáis listos para «jugar» a Fair Play. «Esto significa convencer a tu media naranja para que acepte discutir una nueva manera de pensar y de hablar sobre vuestra vida doméstica. Y cuando lo hagas, recuerda lo que podéis ganar ambos a largo plazo: tiempo para renovar vuestro compromiso con las amistades significativas, cuidado personal valioso y los intereses que os definen además de ser padres. Y en última instancia, ser felices los dos como personas y como pareja. Ese es el objetivo final del juego».

Astenia primaveral

Qué es la astenia primaveral y cómo combatir sus efectos

Qué es la astenia primaveral y cómo combatir sus efectos

Si con la llegada del horario de verano y el cambio de estación hacia la primavera notas cambios negativos en tu organismo, podrías estar padeciendo astenia primaveral. La astenia es un término clínico que significa cansancio y que puede deberse a causas psicológicas, estrés o enfermedades orgánicas. Mientras que la comunidad científica no se pone de acuerdo con respecto al origen y causas de la misma, sí se sabe que un 2% de la población padece astenia primaveral en la transición del invierno a la primavera.

Los síntomas de la astenia son cansancio y fatiga, debilidad generalizada, somnolencia diurna, falta de energía, trastornos de sueño, irritabilidad, problemas de concentración y memoria, desmotivación, pérdida del apetito, tristeza y dolores de cabeza. La sintomatología debe ser de carácter leve y pasajero y no se debe confundir con ningún trastorno psiquiátrico como el Trastorno Afectivo Estacional, un tipo de depresión que va y viene con las estaciones y que por norma general, comienza a finales de otoño o principios de invierno y desaparece durante la primavera y el verano.

¿Cuál es el origen de la astenia primaveral?

No existe una teoría concreta al respecto, pero parece ser que es una combinación de varios factores ambientales y un factor endógeno no esclarecido, por el que hay personas que tienen mayor predisposición a verse afectadas por las variaciones climáticas. La sobrecarga laboral y una dieta desequilibrada también podrían estar detrás de la astenia primaveral.

El aumento horario, acompañado de un incremento de las horas de la luz solar, cambio en la presión atmosférico y una subida de las temperaturas propia del cambio estacional altera la tasa metabólica modificando un cambio en la secreación de endorfinas, cortisol o melatonina y genera un control sobre la regulación hipotalámica que contribuye de forma significativa a un descenso de los niveles en sangre de hormonas como feniletilaminas, responsables de provocar euforia, las beta-endorfinas, responsables del optimismo vital, y las citadas serotoninas u hormonas de la felicidad.

¿Cómo puedes combatir la astenia primaveral?

Aunque no existen tratamientos específicos para reducir los síntomas de la astenia primaveral, puedes poner en práctica algunas medidas para acelerar el proceso de adaptación de tu organismo a las nuevas condiciones ambientales. Por otra parte, no te automediques sin consultar a tu médico de cabecera, que te podrá recetar reconstituyente a base de vitaminas, minerales y extractos de plantas como el ginseng o la jalea real durante un tiempo limitado.

  • Buena alimentación e hidratación adecuada: No te inclines por los alimentos hipercalóricos, repletos de azúcares industriales, ultraprocesados o abundantes en grasas saturadas. Por el contrario, decántate por alimentos sanos que te llenen de energía, frutas y verduras frescas o ingredientes ricos en Omega-3. También existen alimentos especialmente recomendados para la depresión como los frutos secos, la avena, las carnes magras, el pescado azul o la cúrcuma. Recuerda beber mucha agua, ya que el cuerpo sudará más y demandará más líquidos.
  • Horarios regulares de sueño y comida: De esta manera podrás anticiparte al cambio de horario. Mantén el mismo número de horas de sueño -un mínimo de ocho-, baja las persianas para evitar las molestias de la luz y mantén la habitación a la temperatura adecuada.
  • Ejercicio físico moderado: Haz deporte por lo menos durante media hora al día, inclinándote por actividades suaves si sientes mucha ansiedad y fatiga. Puedes caminar un rato diario, practicar yoga, realizar pilates o apostar por la natación.
  • Evita las bebidas alcohólicas, el café y los refrescos con cafeína y el tabaco. Puedes sustituir las bebidas por zumos o infusiones.
  • Cuida la calidad de tu descanso: Determinar una hora concreta para meterte en la cama, cena una o dos horas antes de ello e incluye alguna rutina relajante y descansada para antes de dormir como tomar una tila, leer, meditar o escuchar música.

Melatonina

Más pantalla, menos melatonina: cómo la tecnología está alterando…

móvil

Desde que el ser humano empezó a beneficiarse del uso de la bombilla en 1879, no hemos vuelto a depender de la luz solar y por tanto, la iluminación artificial ha estirado nuestros días y nos ha permitido realizar numerosas actividades nocturnas. Pero el abuso de la luz azul de las pantallas tiene su lado perjudicial, y es que confunde al ritmo circadiano y puede impedirnos conciliar el sueño, deteriorando la calidad del mismo.

Empecemos por explicar que el ritmo circadiano es un ‘reloj corporal’ innato presente en muchas formas de vida, incluidas plantas, hongos y animales. En los seres humanos, el reloj biológico se encuentra en el hipotálamo, la partte del cerebro responsable de liberar la hormona del sueño, aquella conocida como melatonina, cuyos niveles son altos de noche y descienden al despertarnos. El ritmo de este mecanismo es intrínseco, pero también se regula como respuesta a la luz.

John Axelsson, experto en investigación del sueño del Instituto Karolinska, explica que el nuestro reloj maestro “tiene un ritmo intrínseco cercano a las 24 horas y es muy sensible a la luz al anochecer y al amanece, lo que permite que el sistema sea dinámico y se adapte a los cambios estacionales en la duración del día y de la noche”. Al estar rodeados de máquinas que emiten luz los horarios varían y la fuerza y amplitud del ritmo circadiano cambian.

Son varias las investigaciones que confirman que la luz artificial brillante suprime la producción de melatonina en los seres humanos. Por otro lado, la fototerapia -uso de luz muy brillante- también se emplea para ayudar a las personas que tienen relojes biológicos muy retrasados ​​a despertarse y a dormirse más temprano. Sin embargo, esta tiene una intensidad mucho más elevada que la de las pantallas o bombillas.

Un estudio de 2014 analizó un escenario más realista: comparar los niveles de melatonina y la calidad del sueño de las personas que leen un libro normal o un libro electrónico antes de acostarse. Descubrieron que los niveles de melatonina se habían reducido en aquellos participantes que leyeron el libro electrónico. Existen más evidencias de que usar una hora y media o más de pantallas brillantes puede reducir el aumento normal de melatonina durante una o varias noches.

Todavía no se saben los efectos exactos que tiene la reducción de esta hormona en la calidad del sueño ni si existe relación con tardar más en conciliarlo.  Por ejemplo, el estudio de 2014 encontró que, en promedio, los participantes que leyeron los libros impresos se durmieron 10 minutos antes que los lectores de libros electrónicos. Es complejo asegurarse de que tardar más en dormirse sea únicamente por efecto de la tecnología.

“Es probable que exista una relación bidireccional entre el uso de la tecnología y el sueño. Es decir, el uso de la tecnología puede afectar el sueño con el tiempo, pero las personas que tienen problemas para dormir pueden aumentar posteriormente su uso de la tecnología”, destaca el doctor Richardson.

Emociones

Le han puesto nombre a la emoción que estás experimentando en la pandemia: languidecer

No es ansiedad o depresión, es algo más complicado. Se lo ha llamado “fatiga pandémica” y la etiqueta, en general, vale para ir tirando, pero sabemos que hay algo más y lo hemos intentado reflejar en mil y un escritos. Con esto de la vida en el coronavirus subyace algún tipo de sensación de atemporalidad y de irrealidad, “como si estuvieras pasando los días sin rumbo, mirando tu vida a través de un parabrisas nublado”.

Los encuentros serendípicos con semi-conocidos, la típica gente con la que intercambiabas cuatro palabras en las fiestas, se han evaporado y por extraño que parezca les vamos echando de menos. Ansiamos que vuelva el tiempo de tomarse unas cervezas incluso con aquellas amistades un poco débiles, pero parece que nos hemos enclaustrado en nosotros mismos, limitando el contacto a un reducido núcleo de personas de confianza lanzando a todas las demás a un limbo afectivo. A veces les abrimos el chat de whatsapp pero lo cerramos sin escribir nada porque llega súbita la desapetencia. Queremos que llegue el verano. No queremos que llegue el verano. Estamos irascibles por todo y por nada.

La languidez: es el término acuñado por el sociólogo Corey Keyes y la emoción de moda para este 2021. The New York Times rescata el vocablo. “Es el hijo ignorado de la salud mental. Es el vacío entre la depresión y el bienestar: la ausencia de bienestar” al que contribuye la duplicidad de los días y la incapacidad para encontrar propósitos o hacer planes a medio plazo.

Como no hay manera de prosperar pero tampoco estás en modo supervivencia, como durante los confinamientos, quedas como anestesiado. Eso hace que tu productividad caiga y tus ganas de relacionarte, también. Y como estás menos capacitado que antes para percibir que tus niveles de satisfacción y placer por las cosas han caído, la languidez supone un detonante a la hora de desarrollar después más fácilmente trastornos mentales, aunque no es un destino seguro y es más fácil salir de este estado que de la distimia.

¿Y cómo de extendido estaría? Keyes, que es quien quiere defender la existencia de esta condición, hablaba en sus estudios que habría un 12% de la población que podría cumplir con de la languidez antes de la pandemia, y ahora serían más

Estrategias antilanguidez: para los psicólogos entrar en languidez es una mala señal, pero es importante que hagamos esfuerzos por minimizarla, y eso implica ponerse pequeños objetivos a corto y medio plazo aunque no nos apetezca hacerlos. Llamar o chatear con esos amigos olvidados aunque nos de pereza, apuntarse a un curso virtual, salir a dar paseos tantas veces a la semana. Ponerle un régimen a la abulia. Esto de por sí puede que no nos permita desconectar, pero según los sociólogos podría incentivar la creación de estados de “flujo”, cuando perdemos momentáneamente la consciencia del presente porque estamos absortos en una tarea gratificante.

Sostenibilidad

26 ideas para vivir de forma más sostenible en el planeta

Sostenibilidad es una palabra grande. Pero en lo referente a nuestras acciones, si todos pusiéramos nuestro granito de arena, sumaría mucho. Lo que consumimos en nuestros hogares puede tener repercusiones directas en los ecosistemas más grandes y vitales del mundo y lo único que necesitaríamos para cambiar las tornas de la devastadora pérdida de especies y biodiversidad es pasar a la acción.

Este Día de la Tierra, National Geographic pone en marcha Planet Possible, una nueva iniciativa cuyo fin es capacitarnos para llevar una vida más ligera en nuestro planeta. Este es un año fundamental. Este noviembre, el Reino Unido acogerá la 26.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, conocida como COP26, en Glasgow. Prestando especial atención al cambio climático, la sostenibilidad y la pérdida de biodiversidad, se trata de una oportunidad para que líderes mundiales, científicos y ecologistas acuerden acciones globales y coordinadas. En un planeta fatigado por una pandemia mundial, puede que esta no parezca la preocupación más acuciante, pero en realidad la salud de nuestro mundo y la aparición de enfermedades como la COVID-19 están relacionadas de más formas de las que nos imaginamos. (Sigue leyendo: Para prevenir las pandemias, dejemos de ser irrespetuosos con la naturaleza.)

Todos y cada uno de nosotros tenemos la capacidad de crear un cambio positivo mediante las decisiones que tomamos cada día: te proponemos 26 maneras de empezar.

1. Compra menos

De todas las materias primas que extraemos de la naturaleza y convertimos en productos, aproximadamente dos tercios acaban convertidas residuos. Por tanto, la salud del planeta depende de que todos compremos de forma sostenible aquello que necesitamos y lo reutilicemos cuando hayamos terminado. La forma de un futuro exitoso y sostenible es redonda: una economía circular en la que utilizamos los recursos con moderación y reciclamos constantemente. «Nuestra idea de una economía circular es una en la que se eliminan los residuos y la contaminación, en la que siguen utilizándose los materiales y los productos y en la que la naturaleza se regenera, todo ello mediante el diseño», afirma Ellen MacArthur, exregatista británica y fundadora de la Fundación Ellen MacArthur. «Una economía así equilibraría las necesidades de la sociedad con las de nuestro planeta».

2. Consume más plantas 

«Criar y matar a 80 000 millones de animales cada año para alimentarnos supone un coste enorme para nuestro planeta, sobre todo por el terreno necesario para criar y cultivar su pienso, ya sea soja, maíz o hierba», afirma el cineasta Kip Andersen, productor de los documentales medioambientales Cowspiracy y Seaspiracy. Según Andersen, «esta es la causa principal de la destrucción del hábitat, el consumo y la contaminación del agua, la deforestación y la extinción de la fauna. Sustituye los ecosistemas biodiversos por monocultivos (soja, maíz o hierba) y monoespecies (vacas, cerdos o pollos)». Se prevé que el mercado mundial de alternativas a la carne supere los 5700 millones de euros para 2025 y los productos de origen vegetal están atrayendo incluso a los más acérrimos amantes de la carne, que se preocupan por su bienestar personal y el de los animales. Esto, unido al elevado coste ambiental de su producción, hace que reducir el consumo de carne y productos lácteos sea una de las formas más eficaces de limitar nuestra huella ecológica, además de sus posibles beneficios para la salud.

3. Reduce el gasto de electricidad

Plantéate cambiar a una empresa o cooperativa de energía verde. También puedes instalar un contador inteligente para gestionar y vigilar tu gasto de energía y reducir las emisiones de carbono. En el Reino Unido, por ejemplo, las políticas que fomentan la generación de electricidad sin carbón y las tecnologías emergentes condujeron a una reducción de un 67 por ciento en las emisiones de CO2 del sector energético entre 2008 y 2019, y el precio de la energía eólica marina bajó de 150 libras/MWh a unas 40 libras/MWh, pero en torno al 22 por ciento de las emisiones de carbono del país todavía proceden de los hogares.

4. Pícnics sin plástico

Producimos 300 millones de toneladas de plástico cada año: el peso aproximado de toda la población humana. Las restricciones por la COVID-19 han convertido los pícnics en la forma ideal de reunirse, pero no suelen ser la forma más verde de comer, como demuestran tristemente las playas y parques plagados de plástico. Ante esta realidad, la organización de conservación marina Ocean Generation aspira a abordar este tsunami de residuos plásticos con consejos fáciles de seguir en su Picnic Without Plastic Challenge.

Solo se recicla en torno al 9 por ciento de los residuos plásticos y el resto acaba en los vertederos, los ríos o el mar. «Cada vez que el plástico atraviesa el sistema, se recicla con cada vez menos calidad hasta que finalmente no puede reciclarse y se quema o se entierra», explica Jo Ruxton, fundadora de Ocean Generation. «Por desgracia, no podremos salir de esta crisis ambiental reciclando». Así que trata de llevar una taza, una botella de agua y cubiertos reutilizables cuando comas fuera.

Las medidas de distanciamiento social convierten los pícnics en la forma ideal de estar con amigos y también pueden ser ideales para el planeta si utilizas utensilios, platos, vasos y cestas biodegradables.

5. Limpieza verde

Nunca había sido más importante que ahora tener una casa limpia, pero no necesitas emplear un batiburrillo de productos tóxicos para mantenerla impoluta. Los supermercados están hasta arriba de productos de limpieza envasados en plástico que están llenos de sustancias químicas potencialmente perjudiciales para la salud de los humanos y el planeta. Cambia la lejía corrosiva por bicarbonato de sodio o vinagre para limpiar retretes y desagües, o pásate a productos de limpieza más suaves para la cocina y el baño comprando en una empresa responsable con el medioambiente como EcoVibe. Los paquetes de iniciación incluyen pulverizadores de cristal rellenables y saquitos de limpieza concentrados sin plástico. Puedes escoger entre varios olores exóticos y todo se entrega en paquetes biodegradables. También puedes probar sus estropajos de fibra natural de coco. Para la colada, el Ecoegg consiste en unos «huevos» rellenables de larga duración, que pueden ahorrar hasta 40 botellas de detergente y suavizante cada año. Si buscas una alternativa reutilizable al papel de cocina, prueba las toallas de bambú.

(Sigue leyendo:Cuatro razones para empezar a usar champú sólido.)

6. Analiza tus inversiones

Quizá ahora te hayas centrado en reducir tu huella de carbono, pero ¿estás contribuyendo sin saberlo a empresas contaminantes y poco éticas a través de tus inversiones de futuro? Tu banco o proveedor de pensiones podría estar financiando los combustibles fósiles o la deforestación. Infórmate de cómo se gasta tu dinero y fomenta las inversiones éticas.

7. Gestiona las microfibras

El mar de plástico que aparece en las playas de todo el mundo no es lo único que perjudica al medioambiente. Durante el ciclo de lavado en casa, los materiales sintéticos desprenden unas 700 000 microfibras: partículas de plástico diminutas que no se capturan en los sistemas de filtración actuales y acaban en los océanos, donde son ingeridas por organismos acuáticos. Un estudio ha demostrado que el 63 por ciento de las gambas del mar del Norte contenían fibras sintéticas, por ejemplo. (Ver vídeo: Plásticos 101)

La campaña de la Marine Conservation Society, Stop Ocean Threads, está exigiendo a los fabricantes de lavadoras que empiecen a instalar urgentemente filtros que capturen los 10 billones de fibras que se liberan cada semana al medioambiente solo en el Reino Unido. «Entre tanto, utilizar suavizante, lavar a 30 grados, lavar una carga completa de ropa y pasar de polvo a líquido son formas de reducir el desprendimiento de fibras», explica la Dra. Laura Foster, directora de mares limpios en la Marine Conservation Society. Utilizar una bolsa de lavado como la Guppyfriend Washing Bag también puede ayudar, ya que reduce el desprendimiento de fibras sintéticas una media de un 86 por ciento durante un ciclo de lavado.

Los artículos de aseo más sostenibles como cepillos que no sean de plástico y los recipientes de cosméticos rellenables, y las bolsas reutilizables son formas obvias —pero importantes— de crear un cambio directo en la producción de residuos personales.

8. Belleza sostenible

A todos nos encantan los productos de belleza o de aseo, pero una vez sabemos qué funciona y qué nos gusta, comprar un recipiente rellenable en lugar de un bote o una botella nuevos puede ahorrar residuos. Por suerte, hay marcas que ofrecen este tipo de productos y muchas han aunado fuerzas con la empresa de reciclaje especializada TerraCycle, que ofrece alianzas estratégicas de reciclaje. Busca marcas que se esfuercen por reducir la cantidad de productos que se convierten en residuos o que trabajen de forma proactiva en envases sostenibles; opta por pastillas de champú y gel en lugar de botellas, cuchillas de afeitar reutilizables y desodorantes naturales rellenables, como Wild, para reducir el uso de plástico.

9. Líbrate del papel

Muchos bancos ofrecen la opción de desactivar la recepción de correspondencia en papel. También puedes reducir la cantidad de publicidad que te llega al buzón colocando una pegatina o un cartel que diga «no se acepta publicidad».

10. Vehículos limpios

Como parte del plan estratégico para la transición a una movilidad sostenible, el gobierno de España anunció este año su intención de poner en marcha una nueva edición del Plan MOVES 2021 para seguir impulsando el compromiso con la movilidad eléctrica. El pasado 2020, el gobierno fijó 2050 como la fecha para el fin de la utilización de vehículos de combustión, para así conseguir la neutralidad climática y conseguir un parque de turismos y vehículos comerciales sin emisiones directas. El anteproyecto de ley, que aún no ha sido aprobada, establece que a partir de 2040 no se comercialicen vehículos nuevos con emisiones de CO2.

Reducir el gasto de electricidad cuando trabajes desde casa, utilizar mascarillas de tela, plantearte los medios de transporte y participar en recogidas de basura y limpiezas de playa: todas son acciones con impacto.

Fotografía de YASMINA H, VERA DAVIDOVA, ANDREW ROBERTS / UNSPLASH; ABAJO IZQUIERDA, MARINE CONSERVATION SOCIETY

11. Mascarillas sostenibles

Justo cuando las regiones del mundo estaban progresando y deshaciéndose de los artículos desechables, comenzó la pandemia de COVID-19 y generó una necesidad urgente de equipo de protección individual (EPI), lo que ha provocado un incremento de los plásticos de un solo uso. Se estima que cada mes se utilizan 129 000 millones de mascarillas y 65 000 millones de guantes, así como una montaña de envoltorios protectores. Las repercusiones se sentirán durante mucho tiempo, ya que los EPI desechados llegan a nuestros océanos, pero elegir una mascarilla lavable puede ayudar. Por cada compra de dos paquetes de mascarillas reutilizables y sostenibles de algodón orgánico con certificación GOTS de la organización de conservación marina 4Ocean, apoyas la limpieza de 500 gramos de basura de ríos, mares y costas.

12. Oficina ecológica

Ahora que muchos trabajamos desde casa, la eficiencia de nuestra oficina depende de nosotros. Reutiliza muebles para tu espacio de trabajo y emplea sistemas de archivado digitales en lugar de llenar las estanterías de documentos. Recicla y reutiliza el papel y los sobres, y plantéate utilizar el navegador web Ecosia, que planta  árboles por cada búsqueda. Utiliza pilas recargables, bombillas LED e invierte en una regleta inteligente que ahorre energía. Recuerda potenciar tu propia eficiencia –y tu felicidad– con una ventana, luz natural y plantas.

13. Defiende a la fauna silvestre

La pandemia de COVID-19 es una de las señales más evidentes de que debemos cambiar cómo tratamos a las criaturas con las que compartimos el planeta. Las poblaciones mundiales de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces han sufrido un descenso medio de dos tercios en menos de medio siglo. Nuestros destinos están entrelazados, así que nunca ha habido un momento más importante para defender a aquellos que no tienen voz. Crea y firma peticiones, protesta de forma pacífica, apoya las campañas de justicia para la naturaleza, sigue a defensores de la fauna y la flora silvestres en redes sociales e insta a las personas de tu entorno a que hagan lo mismo.

14. Empieza desde joven

Nunca se es demasiado pequeño para ser un ecoguerrero. Se estima que cada día se tiran ocho millones de pañales desechables de plástico en el Reino Unido y cada uno tarda 500 años en descomponerse. Si tienes un bebé en casa, es probable que ya exista o que pronto dispongas de una alternativa sostenible a estos pañales. Ya existen versiones biodegradables y están recuperándose los pañales reutilizables de toda la vida, lo que reduce significativamente los desechos y el coste (un ejemplo es el Sumo Diaper, compuesto de algas y pasta de papel, de la diseñadora Luisa Kahlfeldt). Por su parte, la empresa neutra en emisiones de carbono Piccolo ha producido la primera bolsita de comida orgánica y reciclable de Europa, lo que supone un gran avance para una industria que vende más de 60 millones de bolsitas no reciclables cada año.

15. Deja a los peces en el mar

«Extraer y matar 1500 millones de peces del océano para alimentar a los humanos cada año es, con diferencia, la causa principal de la caída de la biodiversidad que se está produciendo en nuestros océanos, independientemente de que la práctica pesquera sea comercial, «sostenible» o de acuicultura», afirma el realizador de los documentales Seaspiracy y Cowspiracy, Kip Andersen. «El océano simplemente no puede prosperar con este nivel de saqueo». En lugar de pescado, puedes optar por alternativas veganas o pasarte a una dieta vegetal.

Acorta las duchas y llévate una bolsa para recoger la basura cuando vayas a correr.

16. Practica «plogging»

Como su nombre indica, esta actividad, nacida de las palabras suecas jogga y plocka upp, que significan respectivamente «correr» y «recoger», es una combinación de correr y recoger basura. La actividad está cobrando impulso como forma de reducir los residuos plásticos en tu vecindario, por incentivo de ponerse en forma y el atractivo en redes sociales de una buena acción, y además sirve para mostrar la magnitud del problema.

17. Acorta las duchas

A pesar de que lo llamamos «Planeta Azul», menos del 1 por ciento del agua de la Tierra es dulce y accesible. España ya es uno de los países más secos de Europa y, por consiguiente, uno de los más propensos a sufrir estrés hídrico, sobre todo cuando el cambio climático es un peligro muy evidente y presente. De hecho, en 2017, España experimentó una de las sequías más graves de su historia. Adoptar consejos para ahorrar agua de la ONG independiente Waterwise ayudará a conservar nuestras preciadas reservas de H2O. Una ducha media de cinco minutos, por ejemplo, gasta 45 litros de agua; reducir la duración a la mitad o evitar duplicarla puede repercutir tanto en el ahorro de agua como en el combustible empleado para calentarla.

18. Reduce los residuos electrónicos

Puede que nuestra obsesión con la tecnología esté impulsando el avance de la humanidad, pero la reducción del coste de los aparatos electrónicos y la cultura de usar y tirar han convertido los residuos electrónicos en la corriente de desechos que más rápido crece en el planeta: en 2019, el mundo produjo 53,6 millones de toneladas métricas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Solo poco más del 17 por ciento se recicló y el resto –que contiene una mezcla de materiales peligrosos y valiosos– acabó en vertederos o fue desmantelado, normalmente por trabajadores en condiciones precarias. Forma parte de la solución donando los dispositivos electrónicos a organizaciones benéficas o llevándolos a un punto de recogida.

Plantas de tomate cultivadas en casa. Ante la crisis de biodiversidad, plantar al aire libre puede ayudar a los polinizadores y crear microsistemas para que vivan los insectos.

19. Cultiva tu jardín

Según la Federación Española de Empresas de Jardinería, más del 60 por ciento de los hogares españoles consumen productos de jardinería. Independientemente del tamaño de tu jardín, terraza o espacio exterior, puedes aprovecharlo para cultivar alimentos. También puedes transformar tus espacios al aire libre en un refugio para la fauna plantando flores autóctonas que atraigan a los polinizadores, evitando los plaguicidas y creando un compostador.

20. Cambia tu forma de viajar

Las restricciones por la COVID-19 podrían haber causado una reducción de casi un 57 por ciento de las emisiones de CO2 de los vuelos por Europa frente al 2019, según Eurocontrol, pero a medida que las aerolíneas regresan a la normalidad, la aviación supondrá uno de los mayores dilemas éticos para los exploradores responsables con el medioambiente. United Airlines está firmando alianzas corporativas en su Eco-Skies Alliance para comprar carburante sostenible y explorar la tecnología de captura directa de aire, pero actualmente casi todas las aerolíneas optan por planes de compensación de emisiones de carbono. «La compensaciones de emisiones de carbono no son la solución: son una tirita para ganar tiempo, así que es mejor compensar que no hacerlo», afirma Alexa Poortier, cofundadora de NOW, que financia proyectos que se ajustan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible a través de su herramienta NOW Offset Carbon.

Viajar menos pero durante más tiempo, viajar en tren, ferri o bicicleta, y reservar en agencias como Charitable Travel, que dona el 5 por ciento del coste del viaje a organizaciones benéficas, o en turoperadoras responsables como G Adventures, que apoya proyectos comunitarios, son otras formas de reducir las huellas de tus aventuras.

21. Compra pensando en el planeta

«Cuando compres, ten en cuenta de dónde procede la comida. Cuanto más haya viajado, más energía se habrá gastado para el combustible, la refrigeración y el envasado, lo que probablemente incremente las emisiones de combustibles fósiles», explica Karen Edwards, autora de The Planet-Friendly Kitchen: How To Shop And Cook With A Conscience. «Compra alimentos locales en mercados de agricultores o de comercios pequeños, o trata de cultivar tus propias frutas y verduras en casa». La agricultura orgánica es más responsable con el medioambiente, abejas incluidas, mientras que hay organizaciones como la Ahimsa Dairy Foundation que producen leche y queso sin matar a los animales. Elimina los envases innecesarios visitando tiendas de residuo cero en las que puedas rellenar tus propios recipientes. «En casa, reduce el desperdicio de alimentos planificando las comidas semanales con antelación», recomienda Karen. «Cambia el film plástico por envoltorios de cera de abeja biodegradables».

Los consejos 21 a 24 para vivir de forma más ligera no deberían pasar factura a tu estilo de vida: una actitud sostenible en lo que respecta a la ropa, los viajes exóticos con compensaciones incluidas, los alimentos de procedencia local y las estancias en lugares silvestres tienen sus ventajas.

Fotografía de EN EL SENTIDO DE LAS AGUJAS DEL RELOJ DESDE ARRIBA A LA IZQUIERDA: UNSPLASH; CHARITABLE TRAVEL; THE PLANET FRIENDLY KITCHEN; WILD EAST

22. Moda verde

Cada año se producen mil millones de prendas de ropa a nivel mundial y se calcula que se pierden 412 000 millones de euros cada año debido a ropa usada que no se recicla: cada segundo, se tira a un vertedero o se quema una cantidad de ropa que equivale a la carga total de un camión de la basura. Según las tendencias actuales, para 2050 la industria de la moda utilizará un cuarto del presupuesto de carbono mundial. Al vivir confinadas, muchas personas han abandonado su obsesión por la ropa, pero si vuelves a comprar prendas nuevas, evita la «moda rápida» y opta por prendas producidas de forma ética y de calidad, fabricadas con materiales de bajo impacto. Comparte, arregla, dona, vende y recicla todas las prendas viejas que puedas y reutiliza tus joyas viejas o rotas en el Rejewel Collective, donde fabricantes internacionales las convertirán en piezas nuevas.

23. Resilvestra tu vida

La habitación humana, la ganadería y la agricultura han dejado menos de un 5 por ciento de Europa en un estado verdaderamente silvestre. The European Nature Trust (TENT) supervisa proyectos de resilvestración en el Reino Unido, Europa y Belice, replantando árboles autóctonos y restaurando la biodiversidad, que sufre un declive drástico. Puedes apoyarlos participando en uno de sus viajes de conservación guiados, que ofrecen oportunidades de ver osos pardos, lobos y linces. «A largo plazo, el paisaje que se recupera atrapará más carbono, impedirá la erosión del suelo y mitigará las inundaciones reteniendo agua», explica el fundador de TENT, Paul Lister.

24. Electrodomésticos duraderos

El término residuos electrónicos no solo incluye portátiles y teléfonos móviles: muchos de los electrodomésticos del mundo también acaban en vertederos. «A pesar de tener las mejores intenciones, estamos maniatados a la tendencia de los dispositivos y electrodomésticos con obsolescencia programada, que contribuyen mucho a la atroz cantidad de contaminación por plástico y despilfarro eléctrico», afirma el exingeniero de Dyson y cofundador de Lupe Technology, Pablo Montero. Para romper esa tendencia, la aspiradora eficiente de la empresa está hecha de plástico reciclable y duradero y todas las partes son reparables o remplazables. Obtener piezas de los fabricantes o en tiendas de reparación independientes que arreglen los dispositivos rotos, arreglarlos tú mismo, vender o donar modelos que ya no necesites, comprar muebles antiguos o reparados y apoyar marcas éticas y sostenibles ayudará a evitar que estos objetos acaben en los vertederos.

25. Celebra el Día de la Tierra

Desde su comienzo en 1970, el Día de la Tierra se ha convertido en un evento anual, unificando al planeta para tomar medidas contra el cambio climático y la destrucción ambiental. Para celebrar el Día de la Tierra de este año, el presidente Biden convoca la Leaders’ Climate Summit el 22 de abril, reafirmando el compromiso de Estados Unidos con una economía de cero emisiones netas para 2050. Los eventos virtuales en directo de Earth Day Live se centrarán en las formas de restaurar el planeta, y National Geographic organiza una celebración virtual, con conciertos de músicos como José GonzálezMy Morning JacketWillie NelsonYo-Yo Ma y Ziggy Marley.

26. No malgastes

En la actualidad, producimos y compramos 70 veces más que en la década de 1950, el 99 por ciento de lo cual se convierte en residuos en los primeros 12 meses después de la compra. Recordar las tres erres nunca ha sido más importante: reducir, reutilizar y reciclar.

Para el medioambientalista sir David Attenborough, el mensaje es simple y claro. «Dejar de malgastar. Dejar de malgastar en todo. Dejar de malgastar energía, de malgastar comida, de malgastar plástico y de malgastar tiempo. Este es un mundo valioso y todos podemos utilizar nuestras acciones y nuestra voz para salvar el planeta. Es importante que lo intentemos, nuestro futuro depende de ello».

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