
Madurar

“Todos los seres humanos nacen con la capacidad de sentir atracción por ambos sexos.” RIHANNA

En el contexto actual, los cambios constantes y permanentes exigen a los profesionales multitud de habilidades y conocimientos que no se precisaban años atrás. A pesar de ello, en el presente artículo no pretendo detallar cuales son aquellas nuevas necesidades del mercado que ponen presión sobre los sectores laborales y sobre los profesionales en concreto. No obstante son sumamente determinantes, quiero poner énfasis en algo que a veces suele pasar inadvertido: a veces ser un mejor profesional depende únicamente de querer serlo. Es evidente que el mundo exige, pero también es evidente que los profesionales quieren crecer, con todo lo que ello implica. Así pues, a pesar de ser algo totalmente subjetivo, creo que sí hay determinadas actitudes y comportamientos que generalmente por igual pueden hacernos mejores profesionales, más allá de lo que el mercado exija. Y tú, ¿cuáles se te ocurren? ¿crees que todas dependen siempre del mercado que nos rodea, o por el contrario crees que los profesionales propiamente tenemos algo que decir?
En primer lugar, uno de los puntos más relevantes para ser un mejor profesional es la construcción constante de relaciones. En el claro contexto presente de cambio perpetuo es vital para un profesional asegurarse adecuadamente de que las interacciones diarias se desarrollan en un ambiente positivo. Crear relaciones duraderas, ya sea con compañeros de trabajo, con clientes o con colaboradores, es esencial para aprender de ellos y conseguir un ecosistema que favorezca el compartir los conocimientos y experiencias necesarios para crecer profesionalmente.
En segundo lugar, otro factor clave es conseguir el anhelado y perfecto equilibrio entre la versatilidad y la ultra especialización. Ofrecer un servicio con alto valor añadido es claramente de gran importancia y generalmente pasa por el privilegiado dominio de una especialidad de alta demanda. No obstante es evidente que este conocimiento es clave, siendo también lo que se aboga con normalidad en el mercado y en la propia educación, también es fundamental para ser un mejor profesional conseguir un correcto balance y equilibrio con otras habilidades y conocimientos, con el objetivo evidente de aportar un valor más transversal y polivalente.
En tercer lugar, es importante ser emprendedor a tiempo completo aunque no se trabaje en una startup ni en un entorno de innovación permanente. En este sentido, es vital entender que ser emprendedor no es solamente una profesión, es básicamente una actitud. Una actitud de dinamismo, construcción y generación de valor constantes. Conseguir la normalización interna de estos comportamientos favorece sin duda el crecimiento profesional, a través del fomento continuo de la innovación y del cuestionamiento de las metodologías y de los resultados, llegando así a una visión más periférica, inconformista y efectiva en tu día a día profesional.
En cuarto lugar, no cabe duda de que el paradigma de cambio perpetuo en el que nos encontramos actualmente sumergidos introduce una necesidad básica que tiene sus repercusiones directas en ser un mejor profesional: la adaptabilidad y el reciclaje continuo. Estas caracerísticas son además de una exigencia del mercado, ya un valor con sentido propio. Una mentalidad orientada a la flexibilidad, siempre abierta a nuevos conocimientos y nuevas habilidades, conlleva una autonomía que favorece claramente el desarrollo profesional.
En quinto lugar, aunque prácticamente no es necesario ni mencionarlo, el conocimiento y la destreza en competencias digitales son evidentemente indispensables para ser un mejor profesional. La digitalización del mundo es un hecho y lo único que puede hacer todo profesional es subirse a su tren. La supervivencia pasa por este hecho, con lo que familiarizarse con esta realidad es una exigencia, pero también una suerte. Tanto nuevo conocimiento y tantas nuevas materias deben tratarse como una luz para aquellos profesionales siempre ávidos para ser mejores. Para los profesionales tecnológicos esto no resulta un problema, aunque bien es cierto que hay muchas realidades dentro del concepto de las nuevas tecnologías y acomodarse únicamente a la realidad digital que controlamos no es nunca la mejor opción, siendo necesario ir siempre un paso más allá.
Finalmente, siendo quizá uno de los puntos más destacables, ser un mejor profesional pasa inexcusablemente por convertir la incertidumbre constante en una zona de confort personal. Ya hemos hablado previamente de lo complejo y cambiante que es el mundo laboral y empresarial en la actualidad, más teniendo en cuenta la situación presente provocada por la pandemia. Así pues, debemos acostumbrarnos como profesionales a atender a esta realidad y resurgir de la incertidumbre para hacer de ella una zona de confort donde poder trabajar cómodamente, interiorizando la tensión y proyectando confianza.
Como vemos, hay muchísimos valores y comportamientos que se pueden empezar a llevar a cabo para trabajar con la mentalidad puesta en ser un mejor profesional y disfrutar más del día a día laboral. Como ya sabemos, a nuevos retos, nuevas motivaciones y menos monotonía. No obstante, sin pretender ser exhaustivo y a pesar de que sí pueden definirse objetivamente determinadas actitudes que pueden reforzar una visión mejorada de profesionalidad, hay un detalle importante que debemos tener en cuenta: cada profesional es un mundo y cada uno sabe mejor que nadie que es lo que desea para mejorar profesionalmente. Evidentemente hay factores objetivos, como los expuestos, pero disfrutar de tu trabajo e implementar una actitud de mejora depende también de lo que cada uno espere de su presente y de su futuro. Así pues, ¿cuáles crees tú que son los factores más determinantes para ser un mejor profesional? ¿añadirías otros a los mencionados?

Este 2020 dio comienzo el Decenio de Envejecimiento Saludable, con el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca mejorar la calidad de vida de los mayores de todo el planeta. Sin embargo, el plan se ha visto truncado poco después de empezar.RELACIONADO
La pandemia ha puesto en riesgo la salud física de nuestros mayores, uno de los colectivos más afectados por el virus. Además, ha aumentado las posibilidades de que se desarrollen problemas a nivel psicológico. Esto es especialmente preocupante, ya que muchos de los mecanismos habituales para hacer frente a estos problemas son, precisamente, los que se recomienda evitar para reducir los contagios de COVID-19.
Los periodos de confinamiento y las cuarentenas impuestas durante este año han afectado de forma significativa a la salud mental de gran parte de la población. Para los más ancianos esto puede derivar en problemas tanto emocionales como cognitivos.
“Esta situación tiene un impacto emocional, porque muchas veces se ven privados del contacto con sus familias y sin la posibilidad de mantener sus hábitos y sus rutinas”, explica Marta Ramos, psicóloga gerontóloga de la Clínica Dinan y directora de Valora Dependencia. “Además, están sobreexpuestos a información que hace hincapié en las consecuencias de esta enfermedad para los mayores. Todo esto les hace estar más tristes y nerviosos”.
El verse privados de sus rutinas y sin la capacidad de enfrentarse a nuevos retos puede afectarles también a nivel intelectual: “Reciben menos estímulos y esto hace que se propicie un deterioro. No tiene por qué ser irrevocable, ni irreversible, ni significativo, pero, por lo general, las personas mayores que han seguido o siguen el confinamiento muy a rajatabla pueden desarrollar problemas”.
De acuerdo con el informe ‘La COVID-19 y la necesidad de actuar en relación con la salud mental’ de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el aislamiento social, la escasa actividad física y la reducción de la estimulación intelectual aumentan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia en adultos mayores. “En nuestros pacientes hemos notado sobre todo un aumento de valoraciones de deterioro cognitivo, fallos en la memoria, casos de ansiedad y ánimos más decaídos”, coincide Ramos.
Es importante tener en cuenta también la importancia del paso del tiempo. Casi nueve meses después de la declaración de la pandemia, muchas personas siguen sin recuperar sus rutinas diarias. “Para muchas personas no ha habido primera o segunda ola. Siguen prácticamente en la misma situación, sin salir o haciéndolo lo mínimo indispensable”, explica la psicóloga.

Una de las primeras constancias que tuvimos sobre la COVID-19 era que su gravedad era mayor en las personas adultas. Apenas afecta a los niños, mientras que puede resultar especialmente dura para los ancianos. Cuando las UCI se llenaron y los médicos tuvieron que empezar a priorizar entre unos pacientes y otros, el triaje se basó en muchos casos en criterios de edad, algo que aumentó el malestar y el nerviosismo entre los ancianos.
“No solo se ha hecho una discriminación por edad, sino que además se ha hablado mucho sobre este tema en los medios de comunicación. A muchos les entran dudas. ‘¿Quiere decir esto que si me pongo malo no voy a recibir una asistencia sanitaria por la que he pagado toda la vida? ¿Si hay una cama y entro yo y una persona de 50 a mí ya ni me valoran?’ Esto les afecta en muchos sentidos”, explica la psicóloga.
En su informe ‘The impact of COVID-19 on older persons’ la ONU denuncia algunos casos de estigmatización “en un momento en el que la solidaridad es más necesaria que nunca”. Recuerda también la necesidad de establecer programas y políticas para reducir la discriminación por edad y el impacto de la pandemia en el colectivo de los mayores, un grupo muy diverso que en muchos sentidos no debe ser tratado como una unidad.
“Hay que tener claro que son la máxima expresión de la heterogeneidad”, concuerda Ramos. “Hay gente que viene de lo urbano y de lo rural, personas con educación universitaria y otras que apenas tuvieron escolarización, etcétera. Además, cuanto más mayores nos hacemos, más diferentes somos. Dos bebés son iguales, pero dos personas con 90 años tienen 90 años de experiencia vital que los diferencian. Es un sesgo brutal y un estereotipo encasillar a la gente mayor como un grupo homogéneo, cuando no hay ningún otro más heterogéneo”. Lo que sí es cierto, concede, es que son personas que se criaron en entornos más duros, incluso aquellos que tuvieron mejor suerte. Esto les hace, por lo general, muy resilientes.
Los mayores suelen compartir miedos. Temen la soledad, el abandono, el desarraigo y que los demás tomen decisiones por ellos. “No les gusta el ‘no puedes, no sabes, no debes’”, señala la psicóloga de la Clínica Dinan. Esto supone un problema este año, en el que de repente se han visto privados de muchas de sus actividades.
Para evitar que la situación se complique, es importante encontrar la manera de hacer encajar sus hábitos en la nueva situación. “Deben tener una rutina: hacer ejercicio físico, leer, no descuidar el aseo y mantener el contacto con los seres queridos, si no puede ser de forma presencial, a través de la tecnología”, recomienda la psicóloga. “La mayoría se llevan muy bien con las nuevas tecnologías. Ya saben usar dispositivos electrónicos y basta con instalarles un programa para hacer videollamadas para que aprendan a usarlo”.
Es importante también evitar la sobreinformación y atender a los medios de comunicación de forma responsable. “A mis pacientes y mis alumnos les digo que se limiten a un telediario al día. El que elijan, pero solo uno al día. No van a obtener más información por el hecho de ver varios, solo consiguen aumentar su estrés al estar todo el día escuchando hablar de cifras sobre las que no tenemos ningún control. Esto genera mucha inseguridad y aumenta el miedo”, explica Ramos.
En lugar de ver programas de actualidad, la psicóloga especializada en mayores recomienda optar por concursos (que pueden ser un buen ejercicio cognitivo), documentales, películas y series. Recomienda, también, volver a un antiguo hábito que además de bonito puede resultar muy sano: escribir cartas a amigos y familiares.
A la hora de detectar si una persona mayor está teniendo problemas emocionales o de tipo cognitivo, no hay una ciencia exacta. No se dan señales universales, pero sí existen algunas a las que se debe prestar atención.
La primera es la que lanzan los cambios físicos: aumento o pérdida de peso, diferencias en los hábitos de alimentación y cambios en los horarios de sueño. La segunda, las quejas por molestias también físicas. “Los mayores no suelen decir ‘tengo ansiedad’ o ‘estoy decaído’”. La mayor parte de las veces van a traducir el malestar psicológico en síntomas físicos”, aclara la psicóloga.
Otro punto a tener en cuenta son los cambios de personalidad. Por ejemplo, casos en los que una persona muy habladora pasa a estar más callada o viceversa. Y, por último y en situaciones más extremas, cuando se expresa directamente un sufrimiento, ya sea verbalmente o en forma de llantos. “En estos casos, es importante evitar tratar sus problemas con frases como ‘es normal’ o ‘estamos todos así’. Debemos tener en cuenta que cada persona tiene una situación diferente y que muchos jóvenes tenemos herramientas y posibilidades de las que ellos no disponen”, indica Ramos.
De acuerdo con la psicóloga, lo más importante es hablar con ellos y recordar que son personas capaces. “Tenemos la imagen del anciano hecho polvo, pero hoy en día muchos mayores son personas autosuficientes y autónomas”, concluye Ramos. “Si vamos a la salida de un colegio, quienes están allí buscando a los niños son sus abuelos. La inmensa parte de la población mayor está activa y juega un papel fundamental para que la sociedad no se desmorone hoy en día”.

El año 2020 ha visto cómo el ecosistema del ‘dating’ cambiaba drásticamente con las restricciones por el covid-19 y la distancia social, que a su vez han creado retos para los solteros que no podían conocerse en persona y se han adaptado a las citas a distancia. Hoy los encuentros virtuales están en alza y la preocupación desmesurada por la apariencia física de capa caída.
Sin embargo, este año tan turbulento no ha parado a los ‘daters’ que han seguido buscando conexiones y la ‘dating’ app Badoo ha detectado más de 2 billones de matches y cerca de 3 billones de primeros chats alrededor de todo el mundo, demostrando así que el dating sigue siendo posible en plena pandemia global.
Con los pequeños signos de cambio que asoman en el nuevo año, Badoo, de la mano de su Global Dater Expert, Priti Joshi, ha elaborado una serie de predicciones que ya han comenzado en 2020 y que se incrementarán el próximo año:
Home-dating. Atrás quedan las antiguas temporadas del dating en las que la gente quería encontrar pareja en invierno y estar soltera en verano. El ‘home-dating’ describe un cambio en el ‘dating’, unido a las distintas restricciones de movilidad. Los solteros han utilizado el confinamiento para asentar las bases y encontrar matches para que cuando se levantasen las restricciones pudiesen encontrarse en persona. “Los solteros han experimentado emociones impredecibles unidas a la crisis de este año, por un lado, generando conexiones pero también sintiéndose nerviosos por tener citas con tanta incertidumbre. El interés por el dating parece variar constantemente según el nivel de restricciones. Predecimos que estos comportamientos continuarán en 2021 definiendo una nueva temporada de ‘hiber dating’ mientras que los daters continúan entendiendo las mejores maneras de tener citas”, comenta Priti Joshi
Carpe-daters. Con las restricciones cambiando casi a diario y la incertidumbre sobre el futuro, los solteros no quieren esperar a volver a la antigua normalidad para encontrar a otro soltero/a. Aquellos que antes se sentían más apáticos están ahora aceptando que deben navegar por el nuevo ecosistema del dating. Esto está llevando al crecimiento de un nuevo grupo de usuarios preparados para el camino del dating sin importar lo que les deparará el futuro.
“Al principio de la pandemia, los solteros pensaban más a corto plazo en sus objetivos en términos del ‘dating’, necesitando conexiones más inmediatas. Cuando el año fue avanzando, la gente, de manera natural, empezó a pensar más sobre el futuro, con una visión a largo plazo. De hecho, gran parte de las conversaciones que comenzaron en Badoo desde agosto giraban en torno a concertar una cita con alguien, mostrando así un cambio intentando tener una cita y estar abiertos a nuevas conexiones”, comentan desde la ‘dating app’.
‘Slow dating’. El no poder tener citas en la vida real ha llevado a un mayor énfasis en el ‘después’ de tener una cita teniendo en cuenta que los solteros se toman más tiempo para mensajearse durante más tiempo y explorar sus conversaciones más en profundidad que antes. El proceso del dating se ha ralentizado, con una fase preliminar que es hoy todavía más importante. “Hemos percibido un cambio en el comportamiento del dating online, ya que nuestros usuarios dicen que están más abiertos que antes a conocer a alguien, generando más conexiones significativas y estando menos centrados en lo físico”.
‘Ego-dater’. Los solteros se han tomado un tiempo para reflexionar sobre ellos mismos, invirtiendo más tiempo en enfocarse en sus propias necesidades y preferencias. Ha nacido un nuevo tipo de soltero, más preocupado por su bienestar, con una nueva visión para aquellos que están abiertos al dating, más allá de comentarios superficiales. “Con más tiempo para la reflexión interna, este año el foco está menos en lo que los demás quieren conocer y más en cómo ellos quieren expresarse honestamente. Esto permite a los solteros estar más abiertos a tener citas con gente que quizás antes nunca hubiesen considerado”, explican.
‘Más imagen, menos texto’. En 2020 se han asentado conexiones más ‘humanas’ ya que los daters han abandonado las interacciones tradicionales que consistían en escribir mensajes instantáneos a favor de hablar a través de notas de voz y videollamadas para interacciones más íntimas. “Ha habido un cambio muy interesante en el modo en el que los solteros han utilizado la tecnología este año. La evidencia más clara ha sido la gran acogida de las video llamadas dentro de la app, como alternativa a la cita física. De hecho, nuestro ‘Mapa del amor’ de Badoo muestra que la video llamada más larga de esta semana ha sido de 10 horas, teniendo en cuenta que hay usuarios que ven la televisión juntos, cocinan e incluso duermen, una tendencia nunca vista antes”.
‘Comodating’. Las videollamadas han traído el chándal y el normalizar estar sin maquillar. Los solteros han apreciado estar menos arreglados en sus citas virtuales, dando la bienvenida a una actitud más relajada y cómoda sin la presión de preocuparse por la apariencia. “Mirando hacia 2021, nuestra predicción es que los solteros mantengan esta actitud y que incluso la incorporen a las propias citas físicas”.
Las conexiones íntimas pasan a ser online. También se ha percibido un cambio en las interacciones más íntimas, que han tenido lugar virtualmente antes de conocerse en la vida real. Considerado anteriormente como tabú, este año se han intensificado las formas en las que el sexo y la tecnología están interconectadas. “La tecnología ha permitido a la gente sentirse más conectada incluso cuando no pueden estar juntos y este año ha acelerado el número de interacciones sexuales a través del teléfono, algo que veremos en aumento el próximo año”
La ansiedad asociada a mandar y recibir mensajes se ha disparado en los últimos meses. Te contamos qué es y como combatirla
Siempre he sido esa amiga que te responde a los mensajes inmediatamente. Puede que sea por mi vena de redactora, pero me encanta dar respuestas largas y casi ensayísticas cuando mi gente me requiere. O esas otras veces que me hace falta un respiro, siempre me relaja mucho escribirle un mensaje a rápido una persona querida.
Pero como nos ha pasado a muchos, me cambió bastante el carácter con la cuarentena. Por entonces no sabía expresarlo con palabras, pero ahora me doy cuenta de que estaba saturada de tecnología. Cada vez que escribía un mensaje o un mail o hasta respondiendo un privado, me corría la ansiedad por las venas. Lo que antes era pura rutina se convirtió en una fobia.
¿Se debía quizá a que todo mi mundo –trabajo, entrenamiento, charlas con familia y amigos– sucedía a través de la pantalla? Puede que si antes me gustaba tanto mensajear fuera porque gozaba de unas relaciones sólidas más allá de las redes sociales y el teléfono. Saber que podía ver a la gente y abrazarla en persona suponía una motivación extra de la que hoy carezco. Y otras veces me movía el deber emocional de mandar un “¿está todo bien?” en pleno apogeo de las monumentales manifestaciones por los derechos civiles, tan cruciales sobre todo para las personas negras.
A día de hoy, todavía no puedo señalar con precisión que es lo que despertó en mí ese rechazo a mandar mensajes. Probablemente sea la guinda de todo lo anterior junto. Pero tras comentar lo que me pasa con amigos y compañeros, me he dado cuenta de que no soy a única a la que se le atraviesa la comunicación virtual.
Para intentar comprender mejor todo lo que rodea a este tipo de ansiedad asociada a los mensajes de texto y ayudarme a lidiar con la culpa de no contestar al segundo, he hablado con tres terapeutas para que me expliquen en qué consiste y las diferentes formas que tiene de manifestarse según la persona (de comprobar constantemente el teléfono a evitarlo por completo).
Según la Dra. JaQuinda Jackson, especialista en salud mental de Jackson Consulting and Therapy y DRK Beauty Healing, este tipo de ansiedad puede manifestarse como una necesidad de tener el móvil siempre encima o también con “la sensación de estar perdiéndonos algo si no miramos los mensajes o las notificaciones”. Son sentimientos que pueden impulsarnos a comprobar nuestro teléfono constantemente o, añade la doctora, a hacer ‘scroll’ sin freno hasta encontrar el punto en que “perdimos la noción del tiempo”.
Rachel Hoffman, jefa de terapia de Real, añade que “la combinación de una ansiedad más generalizada con la ansiedad de tipo social da como resultado la ansiedad asociada a los mensajes. Es una necesidad de ‘seguir en contacto’ y estar al tanto de todo para no sentirnos solos y aislados de la familia y los amigos”.
Durante la pandemia, “la única opción que había para socializar era a través de mensajes y llamadas de Zoom, pero tras pasar meses con la misma rutina, solemos terminar saturados de este tipo de comunicación”, dice Hoffman. “Además, he notado que mucha más gente se ha quejado de dolores de cabeza y sensación general de cansancio de tanto mirar las pantallas”. Hoffman nos cuenta que para tratar de liberar el estrés y la ansiedad de su día a día, muchos pacientes suyos han optado por cocinar, leer o “simplemente quedarse mirando a la pared” cuando acaban su jornada laboral. “Mandar mensajes ya no nos parece tan prioritario, sobre todo porque no estamos haciendo muchos planes”, señala.
“Todos estamos padeciendo niveles altos de ansiedad. Estamos pasando por un trauma colectivo, nuestro nivel de atención está alto y estamos sobreestimulados de un modo único. Trabajar desde casa muchas veces se traduce en trabajar más que nunca y también estamos más disponibles que antes. Además, estamos menos activos y con menos motivaciones”, explica Therese Kempf, terapeuta de LCSW y HealHaus. Sin poder viajar ni relacionarnos como solíamos, agrega Kempf, tiene todo el sentido que estemos «al máximo» de nuestras capacidades comunicativas. «Nuestra comunicación cognitiva y escrita está a toda máquina, pero nos estamos perdiendo algunas de las partes más importantes y ricas de la comunicación, como es la parte no verbal», dice la experta, que nota la falta de ciertos gestos lúdicos. Nos estamos perdiendo interacciones sutiles como el consuelo de un abrazo, el coqueteo con la mirada o, como dice Kempf, «simplemente compartir el espacio y la energía con alguien con quien no hace falta decir nada, pero que te hace sentir cómodo y a gusto».
La Dra. JaQuinda recomienda pasar tiempo con tus seres queridos y encontrar formas de estar con ellos en persona respetando la distancia de seguridad (por ejemplo, un paseo al aire libre). Hacer este tipo de planes “puede ayudarnos a reducir esta ansiedad asociada a los mensajes y a fomentar al mismo tiempo unas relaciones sociales y emocionales más equilibradas y saludables”, dice. «Hay que sacar un poco de tiempo de nuestras apretadas agendas para dedicarlo a interaccionar en persona”.
“Todos estamos con la misma mentalidad de hacer lo que sea para sobrellevar esto y superarlo. Nuestra ansiedad de base está de por sí alta, así que nos hace falta empatizar más con nosotros mismos”, dice Hoffman. “También es muy útil recordarnos que no somos los únicos que nos sentimos así. En realidad es muy sano reducir el tiempo y el espacio que dedicamos a nuestros dispositivos y deberías sentirte orgullosa de haberte dado cuenta de que eso es lo que necesitas ahora mismo”.
“Puedes reducir progresivamente el tiempo que pasas frente a la pantalla haciendo algo que sea más tangible y sensorial, como cocinar, hacer ejercicio, estirar, tejer, pintar, darte un baño o escuchar música”, recomienda Kempf. «Hay que entender que si estamos hasta arriba no podemos estar para nadie. Hay mucha gente a la que no le apetece participar en fiestas por Zoom o hablar mucho por teléfono después de un largo día de reuniones virtuales e intercambios de correos electrónicos y mensajes de texto. ¡Y no pasa nada! Pregúntate cómo te está afectando este 2020 y si has hecho algo para paliar ese impacto. A lo mejor cambia tu manera de ser o el rol que asumes en las relaciones (esto va para los que intentan agradar a todo el mundo): permite ese cambio y analiza cómo te sientes”, aconseja. No pasa nada por decir “no” más veces, por tomarte tus descansos, por poner límites. Aunque Kempf reconoce que trazar esas líneas rojas no siempre es fácil: “Si quieres poner algún límite pero te agobia hacerlo, intenta practicar actividades que te relajen (respiración profunda, estiramientos), que te ayuden a liberarte (llorar, escribir un diario) o a calmarte (meditaciones guiadas, el abrazo de la mariposa) y di NO aunque te cueste».
Es fácil ver el mundo dividido en dos tipos de personas: gente que lleva al límite y gente que permite que le lleven al límite. Para evitar ser del segundo grupo, discutir bien es fundamental.
Llevan toda la vida alejándonos de la habilidad de discutir bien. Incluso los afortunados que consiguieron evitar pasarse el domingo en Catequesis habrán oído el viejo adagio de poner la otra mejilla. En momentos difíciles, cuando nuestra paciencia está siendo puesta a prueba por una persona desagradable, tal vez tenemos las famosas palabras de Michelle Obama sonando en nuestros oídos: «Cuando ellos golpean bajo, nosotros nos alzamos alto”.
Hay mucho que decir de alejarse de las situaciones desagradables y de las personas terribles, pero a largo plazo, ¿podría ser malo para nosotros? ¿Podríamos hacerlo mejor si nos atrevemos y aprendemos a discutir bien en lugar de escabullirnos?
Evitar la confrontación no es sólo evitar el conflicto en nombre de una vida tranquila, puede afectar todo lo que haces. La vez que recibiste un terrible servicio al cliente o cuando esa comida en el restaurante llegó helada, tu compañero de trabajo te vendió en una reunión y te dejó colorado o cuando tu pareja cruzó un límite pero tú no quisiste empezar una pelea.
Tal vez pienses que la mejor idea es dar un rodeo e intentar seguir adelante, pero si te encuentras deseando haber dicho algo, o albergando resentimiento, eso puede acumularse.
¿Eres de esas personas que ven una interminable sucesión de los momentos más embarazosos de su vida en cuanto se meten en la cama, o todas las veces en que los demás fueron unos gilipollas y les dejaron serlo? Sí, yo también. Y ahora necesitamos un sueño reparador más que nunca, así que deberíamos reducir estas preocupaciones obsesivas tanto como podamos y aligerar la mente. Puede que te dé grima y que se te ponga cara de acabar de morder un limón, pero… es hora de aprender a discutir bien.
No digo que le grites al tipo de la tienda de bocadillos porque se olvidó del extra de aguacate en tu tostada, ni que asfixies a tu hermano porque rompió tus robots Rock ‘Em Sock ‘Em hace 20 años, pero tal vez examina por qué te avergüenzas de defenderte a ti mismo y de discutir bien.
Lo entiendo, eres un buen tipo, no quieres enfadar a nadie, tus desaires no son lo suficientemente rápidos – casi me identifico – pero cuanto más tiempo pase, más difícil será expresar tus propias necesidades y acabarás siendo complaciente para la gente. Admirable, pero ¿a quién no estarás complaciendo? A ti mismo.
Una cosa que te desanima puede ser que no obtengas resultados inmediatos o que te preocupe que te griten. El terapeuta y miembro del Directorio de Asesoramiento Peter Klein considera que vale la pena intentarlo, porque al revertir lentamente tus comportamientos habituales, ya estás en camino.
«Estar cómodo con los conflictos es una señal para los demás de que uno no aceptará que lo intimiden. Perder en una confrontación no siempre es algo malo», dice. Aunque enfrentarse a un matón puede no marcar la diferencia inmediatamente, has dado señales de que no dejas correr las cosas, lo cual podría ser la razón por la que te pisotearon en primer lugar». Además, cada vez te sentirás más fuerte.
Cuando te enfrentes a una situación en la que te sientas defraudado de alguna manera, pregúntate: si te enfrentas a ellos, ¿qué ganas con ello? Pero también: ¿qué ganan ellos? Averigua qué parte es su problema y cuál es el tuyo. Después habla.
A menos que haya un problema inmediato que tratar – esa comida de mierda en el restaurante, por ejemplo – entonces consultarlo con la almohada puede ser la clave. Permítete sólo una noche para pensarlo, probablemente te ayudará a formar argumentos más racionales, lo que significa que te expresarás con más calma. Además, el elemento de sorpresa de ir a alguien un rato después del problema te pone inmediatamente en control de la situación. ¿Hay algo más aterrador que que te pregunten, «¿Me prestas dos minutos?». Listo
Empieza por lo bajo, mantén la calma, sé educado – este es el “alzarse a lo alto» del que hablaba Michelle Obama. Klein dice: “Discutir bien no necesariamente equivale a grandes explosiones. Discutir también puede relacionarse con no poder estar en desacuerdo en un tema neutral o devolver una comida. Empieza con los temas más fáciles, y luego trabaja hacia arriba».
Obviamente, es probable que nadie con quien te enfrentes lo acepte, así que cuando trates con gente que actúa de forma irreflexiva o poco amable, haz que tu discusión sea constructiva. «Puede ser bueno reflejar su comportamiento, que vean que no vas a tolerarlo”, dice Klein. “Esto muestra a la otra persona que su comportamiento es inaceptable, con lo que pierden la razón en cualquier cosa que digan”.
¿Buscas una regla mnemotécnica práctica para ayudarte con las técnicas de confrontación? Usa el método probado para dar retroalimentación a un empleado – el método BIFF.
Tu lenguaje corporal también puede ayudar a discutir bien. Reconocer que las cosas que haces para facilitar la confrontación, como evitar el contacto visual o ser sumiso, puede reducir la ansiedad a corto plazo pero, dice Klein, puede alimentar subconscientemente la idea de que el conflicto es algo que asusta. Pero no tiene por qué ser así.
No hay necesidad de chamuscar la tierra y cortar los lazos, se trata de aclararse y avanzar. Una confrontación en la que te aseguras de discutir bien no será tu última interacción con una persona, es la clave para asegurarte de que aún puedes soportar estar en la misma habitación que los demás.
Para extender aún más la analogía del restaurante: si le gritas sin parar al camarero, incluso si consigues arreglar el problema, aún así no vas a disfrutar de tu comida. Tu garganta estará dolorida por los gritos y todos los ojos estarán sobre ti mientras sorbes tu sopa Windsor marrón.
Si te preocupa perder la calma al tratar con alguien que te ha tratado mal, la productora de cine y televisión Rachael Prior ha adoptado una excelente estrategia del bootcamp: «Si alguien actúa de forma poco amable, irreflexiva o imprudente, es muy probable que sea el niño de nueve años ofendido o triste que hay en él el que está hablando”, dice. «Compadécete del niño de nueve años que hay dentro de la persona que está tratándote mal. Es mucho más fácil tomar a esa persona de la mano y decirle amable y cortésmente por qué está fuera de lugar«. Y tiene razón: no aguantar la mierda de nadie no implica necesariamente estallar. Ir paso a paso sigue significando que estás avanzando.
Puede que no lo hagas bien a la primera, pero cuanto más lo hagas, mejor lo harás. Puede que pienses que es mejor «dejarlo pasar», pero cuando evitas la confrontación no reconoces tu propia ira. «Es importante darse cuenta de cuándo se han cruzado los propios límites o cuándo habría sido lógicamente prudente sentir ira», dice Klein. «El autodesarrollo es un proceso; aprender de los comportamientos pasados es lo mejor que se puede hacer. Lo más importante es no permanecer pasivo o en la autocompasión y practicar activamente el cambio».
Acumular las cosas conduce al estrés y el estrés te matará al final. No vivas tu vida en esprit d’escalier permanente – deseando haber hablado, teniendo conversaciones completas en tu cabeza, imaginando la victoria y la justicia, pero nunca saboreándola de verdad.
Hay gente que va por la vida descaradamente, haciendo lo que quiere sin preocuparse por los demás – tal vez sea tentador dejar que se salgan con la suya, tal vez fantaseas con unirte a ellos. No tienes que ser como ellos para ser feliz, pero tampoco tienes que dejar que se marchen sin consecuencias. Muéstrales exactamente quién eres. Arranca el yeso, siente el pinchazo y luego sigue adelante. Cada vez será más fácil.



