Juego de niños

Riesgos del juego y compras en línea

Además de la edad y el tipo de contenido, regulados por la clasificación PEGI, ahora debemos sumar los riesgos del juego online. Los más más comunes son:

  • Compras integradas en el juegoSon compras que se pueden hacer dentro del juego para conseguir más vidas, nuevos personajes, nuevas armas, nuevos niveles o que ofrecen al jugador facilidades para avanzar. Para evitar que se hagan compras sin nuestro consentimiento, debemos restringirlas. En cada dispositivo o videoconsola se hace de una determinada manera, pero en la mayoría existe la opción de control parental que limita el gasto. Se puede pedir que los pagos requieran una autenticación con contraseña, incluso separar los usuarios y ejercer el control parental en el de los menores para evitar pagosno consentidos.
  • Juegos multijugador en línea cooperativos (MMO)En estos juegos se reúnen jugadores de todo el mundo a través de sus avatares o personajes. El riesgo que esto conlleva es que no podemos saber quién hay detrás de ese avatar, por lo que es muy importante que los menores sepan los peligros que puede comportar el relacionarse con los otros jugadores. Hay que informarles de que nunca deben dar datos personales (nombres, teléfonos, contraseñas, fotografías) de ellos. También debemos explicarles los posibles ciberdelitoscon los que se pueden encontrar, para que sepan reconocer si se encuentran ante una situación de ciberacoso, grooming sexting y cómo actuar.
  • Chats en líneaHay videojuegos que permiten ponerse en contacto con otros jugadores a través de chats privados. Al igual que pasa con los juegos con múltiples jugadores, no conocemos la identidad del otro, por lo que es importante seguir los consejos antes mencionados

Autoestima

Por qué (y cómo) trabajar la autoestima durante la búsqueda de empleo

22 de abril de 2020

Cómo trabajar la autoestima durante la búsqueda de empleo

Tras haber perdido nuestro empleo, una de las primeras cosas que se resiente es tu autoestima. A nadie le gusta quedarse sin trabajo, sin embargo, y a pesar de las circunstancias, en este periodo es importante poner en valor tus esfuerzos para sentirte realizado y apreciado. Te explicamos por qué necesitas reforzar la autoestima para afrontar de la mejor manera posible la búsqueda de un nuevo trabajo y cómo conseguir salir fortalecido de esta situación.

Un momento delicado

En el día a día de nuestro entorno laboral, desarrollamos muchas de las habilidades que nos ayudan a sentirnos realizados. Por este motivo, cuando perdemos nuestro trabajo, la autoestima se resiente y, por ello, la búsqueda de empleo se convierte en un periodo en el que el futuro se suele percibir con escaso optimismo.

Para Elisa Sánchez, psicóloga especializada en salud laboral y directora de Idein, “en la sociedad actual tendemos a identificar quiénes somos con nuestro trabajo, por lo que, cuando se pierde el empleo, puede verse afectada nuestra identidad personal”. Este es uno de los motivos por los que muchas personas experimentan en este periodo sentimientos de tristeza, que pueden incluso derivar en comportamientos tóxicos como descuidar la alimentación o la higiene personal, o tener hábitos poco saludables. En la mayoría de las ocasiones, la apatía también lleva a descuidar la relación con a las personas cercanas como la familia, los amigos o la pareja.

Según la psicóloga, en este periodo suelen aparecer dos tipos de sentimientos.

  • Ansiedad y estrés: Pensamientos negativos como que no vas a conseguir un trabajo, que las cosas ya no serán como antes o que el futuro ya no podrá ser cómo lo habías imaginado, pueden causar estrés y ansiedad. Es más: varios estudios demuestran que el desempleo y la búsqueda frustrada de trabajo pueden estar directamente relacionados con la depresión.
  • Miedo al rechazo: Si el concepto que tienes de ti mismo está dañado, dejas de ser proactivo en la búsqueda de empleo, adoptas conductas pasivas o incluso aceptas trabajos muy por debajo de tu capacitación.

Por qué es importante fortalecer la autoestima

En estos momentos como estos es muy importante trabajar para reforzar la autoestima, ya que es fácil dejarse llevar por la apatía y acabar compadeciéndose de uno mismo, un círculo del que será más complicado salir cuanto más tiempo pase. Para Elisa Sánchez,el término “autoestima” resulta muy complejo, pues “no depende de juicios externos, sino de cómo nos valoramos a nosotros mismos”. Por este motivo, la psicóloga prefiere hablar de “autoestima sana” antes que de “autoestima alta”, que te ayudará a:

  • Permanecer activo: Seguir relacionándote con tus amigos y familiares y mantener tus rutinas y pasatiempos repercutirá directamente sobre tu salud, emocional y física.
  • Ser más proactivo en la búsqueda de empleo: Con una “autoestima sana” mantendrás una buena actividad a la hora de buscar trabajo y seguir mejorando tus habilidades, “lo que hará más probable que encuentres trabajo más pronto”, afirma Sánchez.
  • Mantener tus contactos: Además de tus relaciones con amigos o familiares, si conservas tu confianza en ti mismo te resultará más fácil mantener el contacto con antiguos compañeros u otros profesionales del sector “que puedan avisarte de ofertas o recomendarte para puestos de trabajo disponibles”, argumenta la experta en salud laboral. No olvides que trabajar tu networking es especialmente importante en estos momentos.

Si no cuidas la autoestima, puedes sentirte inseguro y transmitir ansiedad en las entrevistas de trabajo y, como consecuencia, “tener menos probabilidades de que te contraten”. Una autoestima sana te permitirá tener “más confianza y más probabilidades de conseguir oportunidades de trabajo”, advierte la psicóloga.

Cómo cuidar la autoestima durante la búsqueda de empleo

1. Dedica tiempo a analizar tu situación

Según la psicóloga, es un buen momento para hacer una lista de las cualidades profesionales y personales que posees que pueden ser deseables en un futuro puesto de trabajo. Analiza también qué habilidades que no utilizabas hasta ahora en tu trabajo podrías desarrollar. Es decir, “responsabilízate y toma decisiones en la dirección adecuada”, comenta la psicóloga. “No es cuestión de hacer muchas cosas, sino de hacer las necesarias”, remata. Esta actitud te ayudará a mantenerte activo y reforzará tu autoestima, ya que sentirás que estás empleando tu tiempo en algo valioso.

2. No dejes de formarte

Sacarle partido a un periodo de desempleo es posible. Es hora de trazar un objetivo, analizar tus puntos fuertes y cuáles son aquellos que puedes mejorar. Este puede ser el momento ideal para obtener esa certificación que necesitas para alcanzar tus objetivos y a la que no habías podido dedicarte por falta de tiempo. Según Elisa Sanchez, “conviene tomárselo en serio y comprometerse, porque un nuevo empleo difícilmente va a venir a buscarte a casa”.

3. La importancia de los autocuidados

Para nuestra experta, invertir tiempo en cuidar de ti es tan importante como dedicar un tiempo a analizar tu situación y trazar una estrategia. Presta especial atención a detalles como dormir bien, mantener una dieta equilibrada o, por qué no, aprender técnicas de relajación o meditación para superar pequeñas crisis. Estas rutinas darán solidez y perspectiva a tu día a día.

4. No olvides el ocio

“La búsqueda de empleo debe alternarse con actividades de ocio como un refuerzo positivo”, recuerda Elisa Sánchez. Ya sabes que el deporte es un potente antidepresivo natural, ya que incrementa los niveles de endorfinas (la hormona de la felicidad),pero también es importante que dediques tiempo a tus pasatiempos favoritos. Si te gusta el cine, el teatro o escuchar música, no dejes de hacerlo. Y si, como suele suceder en un periodo de desempleo, tienes alguna limitación económica, recuerda que existen numerosas soluciones creativas para seguir en contacto con aquello que te hace feliz.

5. Fortalece tu red de amigos y familiares

Los síntomas psicológicos derivados de la pérdida de empleo, como la ansiedad o el estrés, están condicionados por la falta de recursos personales. Es por esto que aislarte o evitar el contacto con tu círculo más cercano cuando te encuentras sin empleo es un error que solo hará que la situación empeore.

6. Pide ayuda si lo necesitas

Para Elisa Sánchez, “es importante no tener miedo ni vergüenza al pedir apoyo profesional si la situación te desborda y no puedes con todo”. Un psicólogo puede ayudarte a establecer objetivos, ver la situación con claridad y no permitir que te dejes llevar por sentimientos negativos o comportamientos tóxicos.

Sin duda, perder un empleo es motivo de preocupación, pero para salir del bache es necesario construir una autoestima sólida que te ayude a encontrar soluciones desde un enfoque positivo. Si te centras en fortalecerla, el periodo de desempleo puede transformarse en un proceso de aprendizaje durante el cual hasta quizá puedas retomar el contacto con pasatiempos o metas que habías ido aplazando por falta de tiempo. Lo que es seguro es que, con la actitud correcta, contribuyes a que esta etapa no se alargue demasiado y te permitirá conocerte mejor para fijar nuevos objetivos en tu horizonte laboral y personal. ¡Adelante!

Pensamiento

He tenido días malos, donde los recuerdos me han herido más que nada. Es una guerra constante entre mi mente y yo. No sé pelear. No puedo soportar mi amargura porque quedó atrás con la última batalla que tuve que pelear. No puedo mirar al futuro con valentía y optimismo. Yo solo vivo. Yo solo existo. Me levanto y trato de continuar. Como no puedo seguir así por mí mismo, me aferro a las cosas que me quedan. Y aunque siento cada centímetro de mi cuerpo estremecerse y romperse, algo dentro de mí todavía me hace imaginar buenos días

Psicología

Diferencias entre ser asocial y antisocial

Diferencias entre ser asocial y antisocial

No es lo mismo ser antisocial que ser asocial, como tampoco es lo mismo ser antisocial que tener un trastorno de la personalidad antisocial. ¿Qué se esconde tras estos conceptos? ¿En qué se diferencian? Arrojamos un poco de luz a todas estas cuestiones.

Quizás hayas escuchado la expresión: “¡no seas tan antisocial!” Curiosamente, es una expresión que empleamos de forma errónea muchas veces, ya que utilizamos antisocial para referirnos realmente a alguien asocial (con dificultades o desinterés en relacionarse). Este término (antisocial) -mal usado- lo utilizamos, por ejemplo, para referirnos a amigos que de repente no quieren salir o que se muestran más “ermitaños” que de costumbre. Sin embargo, las diferencias entre ser asocial y antisocial son notorias, y en este artículo hablaremos de ellas para distinguir bien estos dos conceptos.

En realidad, se trata de dos términos que solo comparten el sufijo (-social). Aunque ambos conceptos tengan que ver con la manera de ser de alguien, no tienen nada que ver. ¿Qué significa exactamente cada uno? Si llevásemos al extremo estas dos maneras de ser, ¿Qué trastornos mentales o de personalidad encontraríamos tras ellos? Vamos a descubrirlo.

Asocial y antisocial: ¿en qué se diferencian?

Para conocer las diferencias entre ser asocial y antisocial, la mejor manera de hacerlo será conocer qué significa cada concepto. En cada definición veremos en qué se diferencia un término del otro.

¿Qué es ser antisocial?

Cuando hablamos de alguien antisocial nos referimos a una persona que se dedica a saltarse las normas establecidas a nivel legal y social, que va en contra del orden social. Es decir, alguien rebelde, que aunque esté integrado en la sociedad, muestra esta tendencia a alterar la paz social

Además, es frecuente que realice este tipo de conductas a través de la violencia. Debemos diferenciar aquí una persona antisocial (o con tendencia a mostrar rasgos de personalidad antisocial) de una persona con trastorno de personalidad (TP) antisocial.

Trastorno de la personalidad antisocial

En este último caso, hablamos de un trastorno tipificado como tal en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM – 5). Se caracteriza por un patrón dominante poco respetuoso con los derechos de los demás, manifestado desde los 15 años de edad.

El TP antisocial se manifiesta a través de una serie de síntomas (criterios) como la tendencia a mentir, la impulsividad, la irresponsabilidad, el incumplimiento de las normas sociales, la irritabilidad y la agresividad, la ausencia de remordimiento, etc. Es decir, un TP antisocial es mucho más grave que ser simplemente antisocial.

¿Y asocial?

En cambio, cuando hablamos de alguien asocial nos referimos a una persona a la que le cuesta integrarse y relacionarse en la sociedad (o que directamente no tiene interés por hacerlo). Es decir, no se salta las normas como el antisocial, sino que le cuesta (o no tiene interés por) integrarse, participar en los grupos, relacionarse, etc. Ante todo ello, es una persona que prefiere la soledad.

Como decíamos, en realidad, en muchos casos ser asocial no se trata de una dificultad, sino de una falta de motivación por parte de la persona, que prefiere realizar actividades de forma solitaria, y que no tiene interés en las relaciones sociales. Si llevásemos esta manera de ser al extremo, encontraríamos los trastornos del espectro autista (TEA) o incluso el trastorno de la personalidad esquizoide.

50 años

Por qué las empresas deben contar con los trabajadores de más de 50 si quieren aumentar la productividad?

Los candidatos con más edad tienen que saber valorar su bagaje, su experiencia y su capacidad de aprendizaje

Una fórmula para las salidas laborales de los mayores de 50 está en empleo para proyectos concretos.

La edad no es una excusa. Las etapas de la vida van cambiando y eso supone ir derribando obstáculos. Pero ¿quién determina cuándo uno es muy joven o demasiado mayor para emprender un reto? Hace un siglo, alguien decidió que a los 65 años una persona ya era vieja. Desde 1919 no hemos vuelto a reparar en ello. Es cierto que los sesgos cognitivos nos sirven para pensar más rápido, pero en este caso no solo nos llevan a pensar peor, sino que arriesgan la construcción sana de una sociedad.null

Reiniciemos nuestra mente con nuevos datos. España es el segundo país más longevo del planeta. En 2040 será el primero, adelantando a Japón. Nuestra esperanza de vida alcanza los 83 años. Una cifra que crece seis minutos cada hora. En estos momentos, uno de cada cuatro españoles tiene 65 años. La buena noticia es que somos una sociedad saludablemente envejecida, ya que la esperanza de vida saludable se sitúa en los 74 años. Es decir, somos jóvenes durante más años.

Sin embargo, los españoles tenemos una tasa de fecundidad baja, de 1,2 hijos por mujer, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). La tasa de reemplazo se sitúa muy por encima, en 2,1 hijos por mujer. Eso significa que hemos traspasado el umbral del Lowest Low Fertility Rate (o «tasa de fertilidad más baja»), lo que nos conduce a una peligrosa pérdida de población.

Cada vez contamos con menos jóvenes y con más adultos. Ante este panorama, necesitamos replantearnos ciertas creencias, tanto de las personas que seleccionan talento en las organizaciones como las de los séniors que aspiran a un empleo. Y, ojo, recordemos que muchas organizaciones sitúan la frontera para ser considerado sénior en los 45 años. En momentos difíciles como los que vivimos, las empresas necesitan habilidades importantes como la templanza y la capacidad estratégica, algo que se gana con los años. Además, en circunstancias en las que los equipos necesitan mayor innovación y capacidad de reinventarse, es fundamental que haya diversidad, no solo de género, sino generacional. La riqueza de quienes han vivido momentos complicados ayuda a encontrar mejores soluciones.

Para repensar nuestras creencias podemos apoyarnos en otros elementos de comparación. Por ejemplo, echemos un vistazo a la edad media de los últimos candidatos en las elecciones presidenciales de España o Estados Unidos. En el país americano, la edad no actúa como freno. Es más, aquí no se pide incluir el dato de la edad ni la foto en el currículo. Su ausencia no equivale a ser excluido de un proceso selectivo. Es posible que sea una tendencia aprendida. Por ejemplo, en Estados Unidos, en los años previos a 1992, el vencimiento de los planes de pensiones retiró del mercado laboral a millones de profesionales sénior. Aquello motivó una caída de la productividad en seis puntos. Por tanto, no contar con profesionales sénior afecta sustancialmente a la productividad nacional.null

Por parte de los profesionales también existe un desafío: el de los trabajadores más veteranos, con creencias que autolimitan su potencial. Sabemos que las compañías deben mejorar en la diversidad generacional, en las políticas de gestión de personas, pero los candidatos tienen que valorar también su bagaje, su experiencia y su capacidad de aprendizaje.

Es más, no hay ninguna evidencia científica que impida a un sénior aprender todo aquello que demanda el mercado laboral. Según un artículo publicado en la revista Neuroscience en 1999, “el envejecimiento por sí mismo no afecta a los sistemas cerebrales del aprendizaje y la memoria”. Simplemente, el sénior aprende de manera diferente, en ritmo, adaptabilidad, contexto y autonomía. Como afirma el cardiólogo Valentín Fuster: “La creatividad, los valores, la experiencia y la estabilidad tienen un gran peso según se avanza en la edad”.

Cambiar las creencias de una sociedad pasa por cambiarlas en uno mismo. Existen datos para animar a hacerlo tanto a título personal como profesional. La edad es sencillamente un dato que no se correlaciona ni con el compromiso, ni con la ilusión, ni con las ganas de aprender. O como decía el poeta Antonio Machado: “Solo el necio confunde valor y precio”. De eso se trata.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar