El amor

El amor llega cuando menos te lo esperas, nos atraviesa el corazón y nos hace sentir cosas que jamás pensábamos que nos iban a ocurrir. Todo esto lo sentimos gracias a esa persona que nos corta la respiración, con la que soñamos y la que se convierte en nuestro primer pensamiento por las mañanas. Si estás enamorado y quieres conquistar a una mujer, te recomendamos que le digas algunas de estas frases para enamorar y seducir a una mujer, con ellas seguro que le sacas una sonrisa y lo agradece, porque estarás dedicándole una frase bonita de amor que apreciará con total seguridad. Regalarle flores, dejarle una nota con una de estas frases para enamorar o escribirle un WhatsApp por las mañanas para que lo primero que haga sea ver un mensaje tuyo de amor, seguro que la enamorará. Elige bien entre estas frases para seducir y esperamos que te vaya bien en el amor.

Inconformes

Inconformes

Hay personas que son felices sin mirar a un futuro, son personas que se encargan en vivir la vida a su ritmo, sin ningún tipo de ambición, otras que se encargan y fantasean un futuro lleno sueños y metas, y que trabajan hasta alcanzarlo, otras que nacen con el privilegio de obtener ambas, pero al paso que van lo destruyen, y aquellas que fantasean pero no son  capaces de ejecutar lo que en el fondo desean, que tan raro somos los seres humanos de igual manera no sabemos que vamos a conseguir a lo largo de nuestra vida todo dependerá lo perseverante o conformista que seamos.

Invierno duro

Un hombre camina este lunes por el paseo marítimo de A Coruña

Un hombre camina este lunes por el paseo marítimo de A Coruña, con la Torre de Hércules al fondo. EFE/ Cabalar

VIDA SANA

El coronavirus nos condena al invierno más duro en décadas

El pasado jueves se registraron 155 muertos por Covid en España y el viernes 231. Dos números de una serie de cifras que hace menos de un año nos harían palidecer. 231 y 155 podrían ser la ocupación de pasajeros de dos aviones comerciales estrellados. La crisis del coronavirus ha hecho callo en nuestra sensibilidad, la perspectiva de los próximos meses no pinta bien, y todo apunta a que vamos a seguir poniendo a prueba nuestra tolerancia a los muertos.

Primero el ministro de Sanidad, Salvador Illa y, después, el presidente del Gobierno han avisado del duro invierno que tenemos por delante. A diferencia del pasado mes de marzo cuando Sánchez avisó de las “duras semanas” que íbamos a vivir, en su comparecencia del viernes, la dureza de la situación que tenemos por delante ha pasado a tener como marco temporal a los “meses”: “Ahora que entramos en el invierno, serán duros, muy duros”, remarcó. 

El verano que fallamos

“Que íbamos a tener un otoño y un invierno malo, lo sabíamos desde primavera, porque este virus se transmite mejor en temperaturas bajas. El problema no ha sido no prever que el otoño iba a ser duro sino creer que el verano sería bueno, ese ha sido el problema”, explica a El Independiente Salvador Macip, médico e investigador en la Universidad de Leicester (Reino Unido). 

Estamos entrando en la peor época del año con un número de casos elevadísimo».

SALVADOR MACIP

Este fallo nos ha hecho perder la baza de llegar con la pandemia controlada antes de la bajada de las temperaturas. “Estamos entrando en la peor época del año con un número de casos elevadísimo. El truco era intentar mantener los casos bajos el verano para poder empezar los meses difíciles en las mejores condiciones y no ha sido así. Nos hemos relajado demasiado durante el verano, porque nos hemos confiado demasiado pensado que no pasaría nada. Hemos puesto  demasiado énfasis en lo de las temperaturas, pensando que las temperaturas altas nos protegerían, y es verdad, influyen, pero si haces vida normal e interacciones al máximo al final los contagios acaban subiendo”, afirma Macip.

Terraza de un bar en Burgos, que durante 14 días vivirá un cierre perimetral. Tomás Alonso / Europa Press

El frío, aliado del coronavirus

Si bien el calor no ha sido el aliado que esperamos, los expertos tienen claro que las bajas temperaturas sí que son aliadas del contagio. “Vienen meses malos por varios motivos, la temperatura es uno de ellos, con las temperaturas bajas aumenta el contagio”, asegura Macip. La otra razón es que el frío nos empuja a los espacios cerrados donde se producen los contagios con mayor facilidad. Así queda patente en el documento aprobado por la mayoría de las autoridades sanitarias del país el pasado jueves: Actuaciones de respuesta coordinada para el control de la transmisión de Covid-19.

Un documento que adapta nuestra la nueva normalidad a las evidencias científicas más recientes y entre las que destaca la asunción de la trasmisión aérea del coronavirus, que es la base científica que está detrás de cierres de locales y prohibiciones de uso de espacios interiores en momentos de mayor presencia del virus entre la población. “Según los datos disponibles en España sobre los principales ámbitos de transmisión de los brotes, casi una tercera parte de éstos se producen en el ámbito social, sobre todo en reuniones de familiares y amigos no convivientes y, en menor medida, en el ámbito laboral, principalmente en lugares cerrados, como puede ser en domicilios o espacios interiores”, se puede leer en el documento.

Sanidad se desmarca de la OMS e incluye en su estrategia la transmisión aérea del coronavirus

“El frío implica más tiempo en espacios cerrados, tenemos a los niños en el colegio, la gente trabajando.. es una suma de factores que hace que estemos ante unos meses complicados y es importante que seamos conscientes que los próximos meses los factores externos van a ser los peores del año, mucho peor que en verano. Es importante que se tomen las máximas medidas para cortar la expansión del coronavirus”, asegura 

El continente empeora

Hace dos semana la viróloga Margarita del Val advertía que la situación de aparente control de la epidemia en España era engañosa, que los países europeos estaban empezando a empeorar porque se estaba notando la bajada de las temperaturas en el continente  y que España volvería a empeorar. Y así ha sido, la ligera caída de la curva de contagios de la semana pasada ya está al alza, de nuevo, y creciendo con fuerza en nuestro país.

“En Europa hay muchos países en muy poco espacio y cada uno toma medidas diferentes, creo que sería bueno tener una coordinación a nivel europeo que marcara directrices más claras de lo que hay que hacer, como, por ejemplo, a partir de qué número de casos hay que tomar medidas. En Gales han hecho un confinamiento total con 300 casos de incidencia y en Madrid estaban pensando si cerrar barrios con 1000 casos. Las líneas rojas están en lugares muy diferentes y creo que si hubiera un poco más de homogeneización sería más fácil controlar y evitar que el virus viaje de un lugar a otro porque las fronteras no están controladas”, mantiene Macip.

Proteger a los mayores y los otros enfermos

Desde principios de octubre los contagios han aumentado entre los mayores de 60 años, un incremento que va a aumentar la mortalidad de esta segunda ola que empezó teniendo una edad media de contagiados muy joven, pero que envejece paulatinamente según se va agravando la situación. Según el Instituto de Salud Carlos III, los mayores de 60 años suponen el 55% de los hospitalizados.

Los contagios entre los mayores de 60 años, son ya el 21% de los casos confirmados en nuestro país, se trata del mayor porcentaje registrado para ese grupo de edad de la segunda ola. Un peligro advertido por epidemiólogos estos meses atrás y que ya tiene su reflejo en el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) que entre el 1 septiembre y el 19 octubre ha detectado un exceso de mortalidad en del 13,3% entre la población de 60 a 74 años y de un 18,2% en los mayores de 74 años. 

El epidemiólogo de la Universidad de Alcalá de Henares, Manuel Franco, advierte de la falta de atención de otras enfermedades crónicas “como la diabetes y el cáncer que estamos dejando de atender”. La atención del sistema sanitario concentrada en la covid en la primera ola se cobró un número indeterminado de fallecidos, personas que por no fueron a hospitales o no llamaron a urgencias por miedo al contagio. Uno de los indicadores que miden las autoridades sanitarias es la presión del Covid sobre el sistema sanitario, cuanto más elevada sea esta carga peor parados salen enfermos de otras dolencias. 

Las vacunas más avanzadas no llegarán a tiempo para paliar la segunda ola del Covid

Sin vacuna a la vista

Pese al avanzado estado de investigación de muchas vacunas y por más deseadas que sean, no parece que la ola que estamos atravesando ahora pueda verse paliada por la vacuna. “En los próximos meses habrá que seguir con las medidas que tenemos hasta que haya un número suficiente de gente vacunada. Y si ocurre el desastre de que ninguna de las vacunas funcione, habría que seguir lidiando con el virus. Es difícil bregar con un virus que causa tantas muertes, en ese caso nos quedarían las terapias antivíricas, que es cierto que se están desarrollando algunas prometedoras, pero confío más en la vacuna porque con este tipo de terapias solo te proteges cuando la tomas”, asegura el virólogo Adolfo García-Sastre, codirector del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Monte Sinaí de Nueva York (Informa Cristina Castro).

En el ámbito de la acción para atacar los contagios siempre queda un recurso que todos los políticos quieren evitar pero que está en el horizonte de todos los sanitarios y expertos del país. “Sabemos lo que se puede hacer para frenar los contagios, sino queda más remedio: quedarnos en casa. Es lo que queremos evitar, no cerrar colegios, no cerrar trabajos, etc, será el último recurso. Es difícil prever por dónde irá esta segunda ola, depende de  la acción de los gobiernos y de la acción de la gente, si reducimos el contacto social al máximo y los gobiernos meten más recursos, más PCR y confinamientos puntuales, quizá consigamos parar los casos, pero si no se hace nada no se sabe hasta cuando podemos alargar esta situación”, reflexiona Macip.

El "confinamiento social" o cómo salvar la economía a costa de nuestra vida personal

Sin vacuna a la vista, los casos al alza a comienzo del otoño y con largos meses de frío por delante las medidas sanitarias empiezan a elevar el tono. Negocios cerrados, ciudades confinadas, toques de queda y estados de alerta con restricciones de movilidad: el coronavirus nos condena al invierno más duro en décadas. “El confinamiento es un fracaso”, asegura Macip. La pregunta que se hacen muchos es si fracasaremos antes, durante o después de Navidad

Relaciones

RELACIONES

Cómo rehacer tu vida después de una ruptura: consejos para trabajar la autoestima y el autocuidado

A veces nos centramos demasiado en la ruptura y en sus fases, pero, ¿cuál es la mejor forma de rehacer nuestra vida después de una separación? Estos consejos te ayudarán. 

Todas las fases de una ruptura amorosa (y cómo superarlas)

Problemas de pareja: ¿podrías romper la convivencia sin romper la relación?

Después de la tormenta, llega la calma, y si lo has vivido, lo sabes. Cómo rehacer tu vida después de una ruptura es una pregunta que te harás tarde o temprano cuando sufras una decepción amorosa, pero lo harás tras superar esas fases de las que has escuchado hablar en más de una ocasión. No obstante, es fácil caer en ideas equivocadas sobre la mejor forma de hacerlo, ya sea refugiándonos en creencias negativas sobre nosotros o colgándonos de la primera persona que vuelva a hacernos caso.

¿Cuál es, entonces, la forma más recomendable de recuperar la alegría y las ganas de amar después de una separación? ¿Cómo podemos trabajar esa autoestima afectada y esa red segura de amistades y aficiones que tal vez hemos dejado aparcadas? Charlamos de todo esto con Elena Requena, sexóloga y asesora de parejas, y con Leticia Galeón, del equipo de Amparo Calandín Psicólogos y nominada a los Doctoralia Awards.

En primer lugar, para entender qué sentimos y por qué lo sentimos cuando lo sentimos, hagamos un breve repaso de las fases de la ruptura amorosa. “No hay un consenso general, pero podemos hablar de cinco etapas. La inicial sería el shock o la negación, cuando recibimos la noticia y no la encajamos, no le damos el toque de veracidad. Luego vendría la fase de rabia y culpa, en la que empezamos a estar enfadados, a sentir ira y culpa en función de nuestro papel en la sucedido”, explica Leticia.

Las fases de la separación

“Después pasaríamos a la fase de tristeza y dolor, en que tomamos contacto con la realidad y nos inunda la pena, el miedo a que la otra persona encuentre a alguien, a quedarnos solos… Más tarde la fase de aceptación y perdón, en la que se encaja y acepta lo sucedido y podemos seguir adelante, y finalmente la vuelta a la normalidad, a estar bien contigo mismo. La duración no es la misma para todo el mundo, pero se ha llegado al consenso de que puede durar un año o dos”.

Seguro que, si has vivido una ruptura, reconocerás esas creencias negativas e irracionales muy angustiosas, como que no vamos a encontrar a otra pareja, que nadie nos va a volver a querer… ¿Qué podemos hacer? “En primer lugar, debemos dejar espacio para todo lo que experimentemos, no creo que haya que combatirlo. Esas emociones y pensamientos que tendemos a catalogar como negativos nos ayudan a entender y vivir el duelo de forma honesta, con sus luces y sombras. Podemos estar mal o no, y ninguno de los dos estados es el correcto”, puntualiza Elena Requena.

Para gestionar esas ideas, Leticia recomienda “ser lo más objetivos y realistas posible. Es probable que ya hayamos pasado por otros duelos y nos hayamos recompuesto, hemos vuelto a estar bien con nosotros mismos y tal vez con otra pareja. También podemos fijarnos en la experiencia de personas cercanas. El duelo es una etapa, con una duración, y tenemos que confiar en que va a pasar. Es cuestión de tiempo. No es fácil, pero hay que trabajar y repetir esos pensamientos”.

¿Qué hacemos con la otra persona? 

Otra gran inquietud después de una separación. ¿Qué hacemos con la otra persona? ¿Cómo aprender a marcar distancia y a centrarnos en nosotros? “No hay fórmulas correctas. Tendrá que ver con cómo ha sido la relación, las circunstancias de la ruptura, el tiempo que llevábamos con el otro. Al final, consensuar, si es posible, con nuestra expareja qué queremos una vez finalizada la relación es el escenario ideal. A veces no es posible y tenemos que respetar los deseos de la otra persona y viceversa”, relativiza Elena.

Uno de los consejos más importantes es romper el contacto, ya sea personal o virtual, y el flujo de información, como las redes sociales o los datos que nos pueden dar sus amigos. Si tenemos buenas noticias, nos molestará porque nos vamos a comparar, y si son malas, sentiremos empatía y puede que veamos posibilidades donde no las hay. Además, solo conseguiremos alimentar todos esos pensamientos irracionales que a veces generamos”, propone Leticia.

Ahora es el turno de cuidarnos a nosotros mismos, pero, ¿cómo? Hay un rito muy habitual: cuando rompes con alguien, tus amigos te recomiendan inmediatamente que te apuntes al gimnasio. No obstante, nuestra autoestima es más que eso. “La vivencia de una ruptura pone sobre la mesa aquellos sentimientos o conflictos con nosotros mismos que sentimos como no resueltos. O aquellas características que a nuestros ojos son defectos, y quizá para el resto no. E intentaremos atribuir a estos la causa de la ruptura”, explica Elena.

“Nuestra imagen es importante en la época en que vivimos y cuidarla nos ayudará a vernos mejor, pero al margen de eso, puede servirnos empezar una actividad que bien habíamos dejado de lado o bien nos apetece probar. Cuando uno empieza a hacer algo que no sabe, la curva de aprendizaje suele ser bastante alta, y eso genera confianza en nosotros, nos ayuda a aumentar la autoestima y el autoconcepto, porque vamos logrando pequeños objetivos. También debemos cuidar nuestra alimentación y el contacto social y familiar”, aconseja Leticia.

El regreso a la normalidad

Muchas veces esto es lo que más cuesta, porque supone que tenemos que acoplar nuevos hábitos en ese hueco que pensamos que ha dejado la otra persona. “Muchas veces es más la sensación de vacío y ausencia que la ausencia en sí”, cuestiona Requena. “Ir viviendo este proceso con sus fases hará que de forma natural vayamos encontrando nuestra nueva rutina. Esto puede incluir nuevas actividades, pero también puede pasar por estar bien en soledad y disfrutar de ello”.

“A veces parece mucho más difícil pensarlo que hacerlo. Para mí, lo importante es empezar. Tener claros los motivos, por ti, para estar lo mejor posible, para ocupar tu tiempo y gestionar todo esto. Si estamos a la espera de tener ganas de hacer algo, es posible que aparezcan poco o nunca. Si no puedes hacerlo con alguien, hazlo solo. Cuando experimentes los primeros refuerzos, eso te ayudará a habituarte y a que esa nueva afición se convierta en algo cotidiano”, incide Galeón.

Cuando te preguntas cómo rehacer tu vida después de una ruptura, también debes mirar a tu alrededor. Tu red segura de amigos y familiares. “Es importante prevenir, pero no por la separación, sino porque es bueno para nosotros. Si has cultivado tus pilares importantes durante una relación, cuando vivas una ruptura, aunque sientas dolor, podrás apoyarte en las cosas que no has dejado de lado”, afirma Leticia.

“Así evitarás caer en la dependencia emocional, cuando nuestro equilibrio depende de una sola cosa. Si esto ha ocurrido, tenemos que rehacer esa red, retomando el contacto con nuestra familia y amigos, pidiendo disculpas si es necesario. Si no fuera posible, tenemos que recuperar esos pequeños ámbitos. Por ejemplo, dedicándole tiempo a actividades sociales en las que puedas conocer gente”, continúa

Lo más difícil: volver al amor

Por último, la gran pregunta: ¿qué hay de volver al amor? “No hay un tiempo estipulado, pero debemos evitar utilizar a otra persona como tapadera. Tapar el dolor, la tristeza y la rabia con la nueva ilusión de alguien en quien, además, ocupar de nuevo nuestro tiempo. Es importante darse un tiempo, y a veces es natural. Es muy habitual no tener ganas de saber de nadie a nivel más íntimo y que luego se vayan despertando las ganas de conocer, o que nos fijemos en alguien…”, opina Leticia.

“Por supuesto, si queremos conocer a alguien, tenemos que estar donde esté la gente. Esto no tiene un gran secreto: hay que ser valiente, tener unos motivos y empezar. El temor en ocasiones se acrecienta cuando tenemos que hacer alguna actividad solos, pero ese pequeño mal trago dura solo un rato la primera vez. Si podemos ir acompañados de alguien, genial, pero si queremos conocer a gente tenemos que salir de casa e ir a lugares para coincidir con personas desconocidas”, insiste.

«Mantener una actitud abierta, sentirse tranquilo y cómodo o cómoda con la nueva situación, son cosas a considerar. En estos momentos hay muchas formas de conocer gente nueva. Pero todo eso no servirá para nada si no es nuestro deseo”, advierte Elena. “Hacer un ejercicio de autorreflexión y sinceridad con nosotros mismos, conocer y asumir qué deseamos y qué no, es imprescindible para comenzar nuevas relaciones”. 

La pandemia de la «soledad no deseada»

En el mundo actual que nos ha tocado vivir, la pandemia del conoravirus, la crisis sanitaria subsiguiente y el efecto colateral de la amenazadora crisis económica, social y laboral son ciertamente problemas muy graves y preocupantes. Pero, desde hace mucho tiempo, hay otro, tan grave como el Covid 19, del que se habla poco. Digamos, como hubiera dicho Sabina, que hablo de la “soledad ”. Cuando utilizo la expresión “soledad como problema”, me refiero a la “soledad no deseada ni buscada”, a aquella soledad de las personas que se sienten solas porque necesitan más interacciones sociales o un cierto tipo de interacción social, que no tienen. Y este déficit de contactos sociales es vivido por los afectados como un drama, como un martirio, como un auténtico y grave problema.

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La soledad no deseada. Esta soledades también una pandemia que, desde hace ya muchos años, se propaga por el mundo desarrollado, como una mancha de aceite, producida y propagada por el viento del engañoso “progreso”, del consumismo desenfrenado, del bienestar social y de ese pernicioso virus de la “globalización”. Contra esta pandemia, que algunos tildan ya de “pandemia del siglo XXI”, ningún país del mundo desarrollado está vacunado. En todos ellos el virus maligno de la soledad se ha cobrado y se cobra cada vez más víctimas, principalmente entre las personas mayores, pero no sólo. Los adultos, los jóvenes e, incluso, los niños son también víctimas de ella.

Así, en el Reino Unido, en 2018, 9 de los 65 millones de británicos padecían de soledad; y unos 200.000 no habían hablado con nadie durante más de un año. Ante la magnitud y la gravedad de este problema, la primera ministra Theresa May creó el “Ministerio de la Soledad” para abordarlo, gestionarlo y darle solución. En Japón, en 2019, el 70% de los nipones entre los 18 y los 34 años no tenían pareja y esto va a más cada año. Por otro lado, en los restaurantes japoneses, se suele ofrecer un peluche “grandeur nature” a los clientes para que no coman o cenen solos. Y, para los fines de semana, las vacaciones o los días festivos, existe la fórmula de las “familias en renta”, para pasarlos en compañía. Además, en el País del Sol Naciente, muchos ancianos cometen delitos menores sólo para ir a la cárcel y no sentirse solos. En EE.UU., encontramos la misma realidad: 3 de cada 5 americanos dicen sentirse solos. Y, por dar un último ejemplo, lo mismo sucede en China donde, en 2018, más de 200 millones de chinos eran solteros y unos 77 millones vivían solos.

La soledad no deseada en España.España no es un caso aparte. Según un estudio de AXA & ONCE, casi 5 millones de españoles viven también solos y su número crece sin parar. La mayor parte son personas mayores, que pasan meses sin que nadie las eche en falta y sin que nadie pregunte por ellas. Además, uno de cada 10 españoles dice sentirse también solo. Y esto es particularmente grave entre los mayores de 80 años: el 48% se sienten solos y abandonados. Por otro lado, según un estudio de la Caixa, el 20% de las personas entre 20 y 40 años están en peligro de aislamiento social por soledad. Ahora bien, la soledad es un problema estructural, que no afecta a todas las personas que viven solas ni sólo a las personas que viven solas. Como dijo alguien, de cuyo nombre no puedo acordarme, “la peor soledad es estar con alguien y, sin embargo, sentirse solo”.

Consecuencias. La pandemia de la soledad constituye el caldo de cultivo que permite el desarrollo de una serie de patologías, tanto sociales como somáticas y psíquicas. Los seres humanos somos seres indefensos y dependientes, expuestos a toda clase de peligros. Por eso, somos sociables ya que, según Thomas Harris, “nada nos hace más vulnerables que la soledad”. Distintos estudios han puesto el acento en el hecho de que la soledad es la principal causa de exclusión social. Además, favorece la hipertensión, los riesgos cardiovasculares, el debilitamiento del sistema inmunológico, la obesidad, el exceso de colesterol, etc. Y, por otro lado, propicia la ansiedad, las adicciones (alcohol, drogas, redes sociales, etc.), la mala calidad del sueño, el deterioro mental, que pueden conducir al suicidio (casi 4.000 suicidios, al año, en España). La soledad es, como la tensión alta, una “asesina silenciosa”.

Causas. En España, las causas de la pandemia de la “soledad no deseada” son, como en otros países, muy variadas y cortocircuitan las relaciones humanas. En los estudios e informes sobre la cuestión, se suele citar, como una de las principales causas, el no haber cultivado la amistad o el no haberlo hecho con personas significativas a lo largo del devenir vital: infancia, adolescencia, juventud y vida adulta. Y, por eso, con el paso del tiempo y sobre todo en la llamada “tercera edad”, la soledad se convierte en un peso insoportable, que hace que la vida sea un sinvivir y un auténtico valle de lágrimas.

Además, se suelen citar la pérdida de seres queridos, las rupturas sentimentales, los divorcios y la pérdida de esa actividad tan socializadora y equilibradora que es el empleo, que deja encalladas y varadas a millones de personas en la arena del desempleo. Se trae también a colación la metamorfosis sufrida por los hogares y las familias españolas. La nueva familia española (de menor tamaño, con una baja tasa de natalidad, desintegrada, con dificultades para conciliar trabajo y familia, con mayor movilidad de sus miembros, etc.) ya no es ese gran antídoto-oasis contra la soledad. Por otro lado, también se suele hacer referencia a los nuevos hábitos de vida de los españoles: consumo desenfrenado, materialismo, egocentrismo, hedonismo sin coste ni esfuerzo, derechos sin deberes, etc.

Se imputa además el problema de la soledad al mal uso y abuso de las nuevas tecnologías (internet, móvil, redes sociales), que han propiciado que las nuevas generaciones prefieran las redes sociales (todo lo virtual) a las interacciones reales y directas. Como ha escrito muy acertadamente Ignatus Farray, las “consolas” han reemplazado a los “libros”, los “móviles” nos han privado de la cercanía de la “voz” del “tête-à-tête”, las “miradas” han sido sustituidas por “likes”, las “cartas de amor” han dado paso a los “tinder” instantáneos, los “amigos virtuales” han ganado la partida a los de carne y hueso, las “horas de consolas y de redes sociales” no cesan de aumentar, al tiempo que disminuyen “las de los paseos y las cañas con confidencias”. A propósito del mal uso y/o abuso de las redes sociales, podemos preguntarnos: ¿las personas se conectan cada vez más a las redes porque se sienten solas o, por el contrario, por estar mucho tiempo conectadas a las redes se quedan y se sienten solas?

El antídoto contra la soledad.El antídoto contra esta pandemia trágica de la “soledad no deseada” está al alcance de la mano y depende de cada uno de nosotros. El ser humano es un ser incompleto, vulnerable, dependiente y, por lo tanto, sociable por naturaleza y por necesidad. Por eso, como puede leerse en el Génesis “no es bueno que el hombre esté solo”. Sin embargo, nos hemos dejado engatusar y engañar por la falacia y la seudo-ilusión de la amistad y de los amigos de las redes sociales. Por eso, deberíamos, más bien, alejarnos de ellas y cultivar las auténticas relaciones humanas y, sobre todo, la verdadera amistad “face to face”. Como escribió Aristóteles, “la amistad es la cosa más necesaria en la vida, ya que nadie, aunque tuviese todos los bienes restantes, elegiría vivir sin amigos”. Ahora bien, los amigos y la verdadera amistad exigen tiempo, dedicación, esfuerzo, cuidados, inversión personal, proximidad física con el otro, compartir, etc. No es algo que se obtiene “gratis et amore”. Y, además, cultivar la amistad con mayúsculas nos debe obligar a que abandonemos el insolidario y egoista “sálvese quien pueda” y volvamos al solidario y altruista “hoy, por mí; mañana, por ti” o al lema mosqueteril de “todos, para uno; uno, para todos”. No nos engañemos: “estar solo no es casualidad”, Jorge Buacay dixit. Por eso, para afrontar la soledad, no la llenemos con cualquier persona. ¡Invirtamos en amistad y cultivémosla! Así nos vacunaremos contra la “pandemia de la soledad no deseada”.   

Cenas saludables entre semana

A veces se hace pesado cocinar al final de un largo día, por lo que, a menudo, caemos en la tentación de meter cualquier preparado en el horno o llamar a algún servicio de comida para llevar. Pero hacer una cena sencilla y saludable para la familia no tiene por qué ser tan duro ni llevar tanto tiempo. Te presentamos algunos platos rápidos que te encantarán a ti y a tu familia. Incluso pueden prepararse con antelación.

Desayuno en mi casa

Durante la semana no son pocas las veces que salimos por la puerta con el café en una mano y la tostada en la otra. Por eso, el fin de semana… nada de prisas. Se trata de un momento tardío que, a veces, se alarga hasta el almuerzo, con mucha lectura y conversaciones junto a platos de fruta, huevos con beicon, crepes o tostadas. Uno de nuestros desayunos favoritos que ofrecemos a los amigos que vienen de visita son los crepes de trigo sarraceno con arándano.

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