Emociones

Qué hacer cuando las emociones nos sobrepasan y nos bloqueamos

A lo largo de nuestra vida hay momentos en los que sentimos que todo nuestro mundo se viene abajo y solo podemos echarnos a llorar o a temblar. En muchos casos, esta serie de reacciones emocionales vienen justificadas, pues es inevitable que nos pasen cosas malas. Ojalá todo fuera ‘un camino de rosas’. Pero no, la realidad de la vida en pleno siglo XXI para nosotros, los seres humanos, es harto complicada. Pero por otro lado, aunque no tengamos ningún problema, podemos sentirnos agotados emocional y mentalmente, y en caso de que esta serie de sentimientos se cronifiquen, 

La incapacidad de gestionar nuestras propias emociones de una manera saludable puede llegar a ser la causa de estos males tan comunes en el mundo contemporáneo. Llorar de vez en cuando, aunque no haya una razón de peso, puede aportar alivio a las situaciones difíciles. Al final, nuestras emociones tienen un propósito, que no es más que el de brindarnos información sobre nosotros mismos y cómo nos sentimos para tomar decisiones que nos obliguen a cambiar las cosas y actuar. Pero ojalá fuera tan fácil aceptar las emociones tal y como vienen y seguir adelante.

«La persona que no sabe regular sus sentimientos tiene problemas para identificarlos, camina en medio de una ‘niebla emocional'»

Una correcta regulación emocional pasa por hacerlas mucho más manejables, pero cuando estas nos abruman y no podemos gestionarlas adecuadamente acaban interfiriendo en nuestro día a día haciéndonos sentir peor. Hay muchas cosas que no podemos controlar, desde una ruptura amorosa, pasando por la pérdida de un ser querido y hasta enfrentarnos a una pandemia como la que vivimos en la actualidad. Pero, ¿qué hacer cuando todas estas cosas se acumulan y no podemos pensar con propiedad, sino con miedo y angustia ante lo que ocurre?

La terapia dialéctica conductual

Una de las técnicas más desarrolladas de la psicología y psiquiatría para tratar de corregir esta desrregulación emocional es la de la terapia dialéctica conductual (DBT, por sus siglas en inglés), dirigida a aquellas personas que poseen un mayor nivel de sensibilidad emocional o sentimientos más intensos. Desarrollada en 1993 por la psicóloga estadounidense Marsha Linehan, se usa para abordar trastornos como el de Límite de Personalidad, así como para frenar la impulsividad e inestabilidad que pueden conducir a experimentar pensamientos suicidas.

«¿Cuál fue el último acontecimiento que provocó esa emoción? ¿A qué estabas reaccionando? ¿Qué piensas ahora de la situación?»

Hoy en día, la terapia puede enfocarse en personas que, a pesar de no tener un problema psicológico grave, pueden verse desbordadas por las emociones que sienten, impidiéndoles actuar o seguir avanzando en la vida. Al fin y al cabo, el objetivo del DBT pasa por mostrar una serie de habilidades para gestionar las emociones de una manera más efectiva. Y, en este sentido, puede ser muy útil de cara a disminuir los síntomas depresivos o cuadros ansiosos que podemos experimentar, tan comunes hoy en día. Sheri Van Dijk es una psiquiatra estadounidense que lleva más de 20 años tratando a pacientes en salud mental. En un artículo publicado en ‘Aeon‘, ofrece algunas de las claves, inspiradas en la terapia dialéctico conductual, para gestionar mejor las emociones que sentimos y que en algunos casos nos pueden hacer sentir desbordados, que veremos a continuación.

Ejercicios físicos

«Inclínate hacia delante como si estuvieras tratando de tocarte los dedos de los pies, metiendo la cabeza entre las rodillas si estás sentado», explica Van Dijk. «Respira lenta y profundamente y permanece de 30 a 60 segundos en esa posición. Inclinarnos hacia delante permite que se active nuestro sistema nervioso parasimpático, aquel encargado de digerir las emociones y brindarnos descanso. Cuando por fin vayas a erguirte de nuevo, hazlo despacio para no marearte ni caerte. Entonces, vuelve a respirar profundamente, asegurándote de que tu exhalación sea un poco más larga que tu inhalación».

Ejercicios mentales

Otro de los consejos que brinda la experta, esta vez mucho más mental, es el de tomar conciencia verdadera de lo que sientes. ¿Cuáles son tus sentimientos reales? ¿Es mera tristeza, angustia, nostalgia o pura ansiedad e incertidumbre por lo que está por venir? «La mayoría no piensa demasiado en sus propios sentimientos, simplemente asume que se siente mal y punto», observa la psicóloga. «Las personas con un alto grado de sensibilidad emocional aprenden a ignorar sus emociones, tratando de evitarlas o escapar de esas experiencias que las desatan, lo que contribuye a aumentar su desconocimiento respecto a ellas. Cualquier persona que no sabe regular sus sentimientos tiene problemas para designarlos o nombrarlos, por lo que camina en medio de una ‘niebla emocional’ constante».

«Pregúntate: ¿Está justificado sentirse así en ese momento? Si no, debes identificar el impulso que se asocia con la emoción y hacer lo opuesto»

En caso de no saber con precisión a qué se debe tu malestar emocional, debes hacerte las siguientes preguntas: ¿Cuál fue el último acontecimiento que provocó o desencadenó esa emoción? ¿A qué estabas reaccionando? ¿Qué piensas ahora de la situación? ¿Cómo interpretaste lo que te pasó, sacaste impresiones precipitadas o falsas? ¿Qué notaste en tu cuerpo, rigidez o tensión en qué zonas? ¿Hubo cambios en tu ritmo de respiración, tu frecuencia cardíaca o tu temperatura corporal? ¿Sentiste el impulso de gritar o comportarte de una manera violenta?

«Una vez que te hayas formulado estas preguntas, podrías intentar preguntarte si tu emoción encaja en una de estas cuatro categorías: enfado, tristeza, felicidad o miedo», asegura Van Dijk. «Estos son buenos puntos de partida para saber identificar las emciones básicas, luego habría que esforzarse en ser más específicos. Como dice el psiquiatra Dan Siegel, si no puedes nombrar lo que sientes, no puedes dominarlo».

El siguiente paso es validar tus emociones. «Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por lo que sentimos a menudo tendemos a crear más dolor», asevera la psicóloga. «En este punto es importante reconocer que las emociones no son malas ni buenas, tan solo son. Al fin y al cabo, hablan de nuestras percepciones e interpretaciones de lo que está sucediendo. Después, tómate un tiempo para considerar cómo podrías validarlas en lugar de juzgarlas. Esto no significa que te guste la emoción o que quieras que se quede, sino aceptar lo que sientes».

«Gestionar el diálogo interno suele ser bastante difícil porque es automático y está muy arraigado en nosotros», prosigue Van Dijk. «Escribe, por tanto, aquello que necesites validar y cuando notes que la emoción surge dentro de tí, lee aquello que redactaste. Intenta hacerlo una o dos veces al día, y con el tiempo podrás notar cómo cambia la forma en la que aparece el sentimiento. Una vez que la hayas validado, tenemos que contrastarla con los hechos reales que suceden en nuestra vida: ¿está justificado el sentirnos así en estos momentos? Si no se ajusta a la realidad, debes identificar el impulso que se asocia con la emoción y hacer lo opuesto. La terapia dialéctico conductual afirma que ‘las emociones se aman a sí mismas’, por lo que tienden a fortalecerse. La idea, por tanto es interrumpir este proceso: al hacer lo contrario de lo que la emoción nos exige, podemos reducir la intensidad de ese momento».

Costumbres

Me acostumbré a dormir sola, a despertarme y a prepararme el café. No hay nada más tuyo aquí. Hace mucho tiempo puse el resto de tus cosas en una caja y la dejé frente a la casa, para que la recogiera la primera persona. Tus recuerdos se desvanecen con el tiempo y en poco tiempo se volverán borrosos. Ya no recuerdo el sonido de tu voz. Ni siquiera la forma en que caminas y mucho menos tus besos. Menos mal. ¿Cómo podría vivir sin tu boca pegada a la mía? ¡Dios no lo quiera! Ya no encajábamos, nada más tenía sentido. Los planos ya no eran los mismos, así que dejaste el barco plano y me quitaste el chaleco salvavidas. Tuve que aprender a nadar duro y te lo agradezco, porque aprendí a no depender de nadie más. Lo haré.

Skills

De la inteligencia emocional a la gestión de la ansiedad: las ‘soft skills’ más demandadas

Soft Skills

Generar un buen ambiente de trabajo, saber anticiparse a las necesidades o reaccionar correctamente ante las adversidades. Son algunas, pero hay muchas más: las soft skills (en español, habilidades blandas) se han convertido en un requisito más a la hora de seleccionar candidatos para un puesto de trabajo, y están en muchas ocasiones a la altura de las llamadas hard skills (habilidades duras), dadas por los conocimientos técnicos y la formación del potencial empleado.

En un mercado laboral cada vez más dinámico, las soft skills se convierten en nuevos puntos diferenciales entre posibles incorporaciones a las compañías ante una demanda de empleo creciente. La formación académica, los idiomas o la experiencia suelen ser requisitos mínimos; con ellos como base, la capacidad social del candidato es la que cobra importancia.

La digitalización como punto de partida

Aunque la importancia de las soft skills ha sido creciente, el último año marcado por la crisis de la COVID-19 ha precipitado el interés de los altos cargos en las habilidades sociales de sus empleados dentro de un contexto tensionado por los cambios, la adaptación digital y el teletrabajo.

“En este último año, hemos visto un gran cambio en este aspecto”, apunta la compañía Udemy for Business en el estudio The 2021 Workplace Learning Trends. “El rápido cambio hacia el trabajo a distancia y la incertidumbre de la pandemia han transformado la experiencia del empleado. Ahora, los empleadores reconocen que las soft skills ayudarán a los trabajadores a desenvolverse en el futuro”.

Según el Foro Económico Mundial, mil millones de personas a nivel global necesitarán el desarrollo de nuevas habilidades en la próxima década para desenvolverse con facilidad en un nuevo entorno marcado por la digitalización y la automatización de puestos de trabajo. ¿Cuáles son esas habilidades que hacen únicos a los candidatos?

Las ‘soft skills’ más valoradas

Carmen Sebrango Sadia, directora de Carreras Profesionales en CEU Educational Group, define las soft skills como “aquellas que se adquieren día a día, como comportamientos o habilidades sociales”. Frente a herramientas que se pueden adquirir en la formación, como competencias y conocimientos técnicos, cada vez cobran más importancia aquellas que dependen de la actitud ante un reto o una situación comprometida. La experta destaca, entre otras, competencias como el autoconocimiento, la comunicación, el trabajo en equipo, la innovación o el liderazgo.

Por su parte, Jaime Asnai González, Managing Director de PageGroup, pone el foco en “todo aquello relacionado con el trabajo multidisciplinar”, es decir, la cooperación entre diferentes áreas o la capacidad de trabajo y de entendimiento no solo con el propio equipo, sino con otros departamentos dentro de la compañía. “Además del conocimiento de la organización, se requieren habilidades comunicativas y de liderazgo”, explica el experto, “así como la capacidad de empatizar y entender las complejidades de otros departamentos”.

Las líneas de estos dos expertos coinciden con las publicadas por el Foro Económico Mundial. En el planteamiento de la Cumbre para el Reinicio Laboral, celebrada en torno al análisis del trabajo después de la pandemia, la organización internacional señaló que las habilidades más demandadas desde hoy hasta 2025 son y serán, por orden: el pensamiento analítico y de innovación, el aprendizaje activo y estratégico, la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad, originalidad e iniciativa del trabajador.

La salud mental cobra importancia

Udemy for Business pone el foco en la salud mental: en 2020, explican, fueron muchas las compañías que aumentaron la preocupación en torno a la estabilidad emocional de sus empleados.

“Las empresas están descubriendo el valor de entrenar la resiliencia y la empatía en sus trabajadores”, según el informe. “Trabajar desde el hogar ha desdibujado los límites entre lo personal y lo profesional, el riesgo de sobretrabajar o de sufrir ansiedad y estrés ha aumentado. Por ello, los empleados se han preocupado más que nunca en realizar cursos relacionados con la gestión del tiempo, la motivación y la consecución de metas”.

Según datos de esta compañía, durante el año 2020 aumentó la búsqueda de distintos cursos relacionados con la mejora de la salud mental y el bienestar. En concreto, los relacionados con la gestión de la ansiedad contaron con cerca de un 4% más de demandantes, los enfocados a la resiliencia aumentaron un 1,3% y los enfocados a la gestión del estrés, algo más de un 1% en comparación con el año anterior.

‘Soft skills’ en puestos directivos

“En puestos directivos, tenemos que hablar del liderazgo, el desarrollo de las personas y la comunicación, que son sin duda habilidades imperativas para ese tipo de cargos”, explica Asnai González.

En el contexto de la crisis sanitaria derivada de la pandemia, los líderes de las compañías han tenido que hacer frente a retos que han marcado, más que nunca, la capacidad de crear cohesión y equipo en la distancia y con una situación nunca antes vista, así como la empatía ante teletrabajadores que han requerido una mayor flexibilidad y medidas de conciliación.

Esta empatía está marcada, en muchos casos, por una comunicación fluida. “La comunicación es lo que nos conecta con las personas, y debería ser una capacidad destacada de todos los directivos”, afirma Jaume Gurt, Advisor & Mentor de directivos, en el Podcast de Banco Sabadell. “El problema está en que muchos líderes ven la comunicación como un instrumento para llegar a unos objetivos, pero no como un elemento fundamental”.

En paralelo, la pandemia ha tenido un impacto negativo en las cuentas de muchas empresas y ha dejado un panorama marcado por la incertidumbre. Teniendo en cuenta estas dificultades, expertos de la comunidad global de directivos APD han establecido como características principales, entre otras, la capacidad por parte de los líderes de adaptarse a las nuevas circunstancias y la entereza para obtener buenos resultados de cada una de ellas.

Independientemente del rango, existen soft skills aplicables de forma vertical; la empatía, la capacidad de comunicación y la innovación son, entre otras, cualidades a valorar en un candidato sea cual sea el puesto al que aplique.

Formas de discutir

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Siete formas de discutir. ¿Cuál es la suya?

Todos discutimos. Nos enfrentamos a puntos de vista o intereses diferentes que nos hacen debatir en casa, en el trabajo o en las redes sociales. Discrepar es normal. El problema surge en la manera en que lo hacemos. Discutir adecuadamente tiene arte y ciencia. Significa saber defender nuestro criterio y encontrar una solución común al tiempo que se cuida la relación. La eficacia de lo que decimos depende del nivel en que nos movemos en nuestras discusiones, ya sean personales o profesionales.

Para analizar la forma en la que discutimos podemos apoyarnos en el trabajo que realizó Paul Graham, un programador informático y ensayista que, en 2008, publicó la jerarquía de las discrepancias. Hagamos un recorrido por los niveles propuestos para identificarlos en nuestro día a día:

1. Refutar el punto central. Es el nivel más alto y difícil de encontrar. Los grandes negociadores son capaces de moverse cómodamente por él. No atacan a la persona, ni el tono. Buscan refutar la opinión del otro, pero apoyándose en razonamientos. Y lo que es más importante: son capaces de ir al punto central de la discusión y no andarse por las ramas, como se dice popularmente. Atendiendo a la conversación del nivel anterior, refutar el punto central sería: “No estoy de acuerdo con un bajo desempeño, ya que he conseguido los indicadores que definimos a principio de año”, que va más allá de si se ha llegado o no tarde al trabajo, que no es lo más importante.

2. Refutación. Es el segundo nivel en el que se identifican los argumentos con los que no se está de acuerdo, pero además se expresan los propios. Como es de imaginar, cada vez que se sube en la pirámide resulta menos frecuente de encontrar este nivel. En este punto nos apoyamos en ideas o en detalles de lo expuesto por la otra persona, pero no se aborda el argumento principal. Por ejemplo, en una discusión con un jefe que no está satisfecho con nuestro trabajo la contestación sería: “No estoy de acuerdo con lo de llegar tarde todos los días; ayer y hoy he sido puntual”. Es correcto, pero el problema de fondo es otro.

3. Contrargumento. Este grado se apoya en el anterior, pero añade alguna evidencia expresada por terceros. Es la primera fase de desacuerdo convincente que nos ayuda a ser más persuasivos, pero le falta la riqueza de la elaboración de la opinión propia. Por ejemplo: “No estoy de acuerdo contigo porque, como dijo Séneca…”.

4. Contradicción. En este estadio se aborda el contenido, en vez de la persona o el tono. Sin embargo, se apoya en generalizaciones o en datos con pocas evidencias. Por ejemplo, cuando decimos: “Todo el mundo sabe que esto se hace así”. En este apartado podemos caer en determinadas discusiones caseras que comienzan con palabras tan inquietantes como siempre, nunca… Ejemplos hay muchos: “Nunca sacas la basura” o “siempre llegas tarde”. Una vez más, no es un nivel que sirva para construir.

5. Respondiendo al tono. Este nivel resulta menos ofensivo que los anteriores, pero tampoco ayuda mucho. Se descarta el argumento por la manera en la que se ha expuesto sin tratar el fondo del asunto. “Es imposible estar de acuerdo con lo arrogante que ha sido”, por ejemplo. El tono no puede ser medido. Es posible que haya sonado desafortunado, pero desmontarlo por el tono tampoco ayuda a encontrar una solución común.

6. Ad Hominem o contra la persona. En este caso se intenta echar abajo un argumento por las características de quien lo expone, no por lo que dice. Como sostiene Graham, si un senador defiende la necesidad de subir los salarios a los políticos, la respuesta de este nivel sería: “Por supuesto que lo diría. Es un senador”. No entra en el fondo del tema. En este nivel habitan los sesgos inconscientes o etiquetas que ponemos a las personas: “Ya se sabe, lo ha dicho fulanito”.

7. Insulto. Es el nivel más bajo de cualquier discusión y, posiblemente, el más común en redes sociales. El anonimato de determinadas redes, como Twitter, hace que el insulto campe a sus anchas. En esta categoría se sitúan frases tipo como “menuda idiotez” o cualquier comentario despectivo. Solo sirve para enfadar al otro (a excepción de quienes lo utilizan como herramienta para ser populares o con intereses concretos en redes sociales).

Desafío

La permanente búsqueda del equilibrio entre el trabajo y la vida personal es uno de los principales factores de desequilibrio en la vida personal.

 ¡Qué tremenda paradoja! Y sí, la verdad que sí, pero…

El trabajo es una parte de la vida que no se puede aislar de la vida. Cómo no considerar al trabajo parte de nuestra vida personal si, junto con el descanso, es el principal consumidor de nuestro tiempo.

Y, por otra parte, equilibrio es un concepto absoluto: si no estás equilibrado, estás desequilibrado. Si el equilibrista pierde el equilibrio se cae al vacío. Si los platos de la justicia pierden el equilibrio, se produce una injusticia. ¡Uf! El equilibrio es un concepto demasiado estresante para estar conviviendo con él todo el día, todos los días. 

Prefiero hablar de armonía, un concepto mucho más flexible, más personal, más gestionable.

Esta armonía empieza a hacerse visible cuando dejás de pensar al trabajo y al empleo como lo mismo. Trabajo y empleo no son lo mismo, es más, vienen negociando su divorcio hace bastante tiempo. Este desacople es un nuevo desafío para innovar en el diseño de formas híbridas de trabajo. Cuanto más amplia es la gama de grises entre la forma tradicional de empleo y la tercerización completa, más alternativas tenés para diseñar o elegir tu propio formato de trabajo.

Adam Saunders, Profesor de Negocios de la Universidad de la Columbia Británica, en su artículo El impacto de la tecnología en el crecimiento y en el empleo, comenta que, al no ser tan estables como antes los empleos, la gente busca formas alternativas en la gig economy. El término “gig” proviene del mundo de la música y se refiere a las presentaciones cortas que hacen los grupos musicales. En el caso del trabajo se usa “gig” para describir relaciones esporádicas y específicas de las personas con las empresas.

 Es muy interesante este planteo porque muestra que el estímulo inicial tiene que ver con lo económico, con la inestabilidad laboral. Pero, una vez que una persona toma la decisión de cambiar su formato de trabajo, la recompensa final tiene que ver con las mejoras en su vida personal.

Mirá este dato: según Saunders el 74% de los autónomos entrevistados desean seguir siendo trabajadores independientes y no tienen intención de regresar a un empleo a tiempo completo.

¡Obvio! Estas nuevas formas de trabajos, a diferencia de los empleos tradicionales, te ofrecen opciones de: elección, autonomía, flexibilidad y control. ¿Podés pedir algo más? 

Las plataformas colaborativas como Ethlance, Freelancers, Workana, solo por nombrar algunas, gestionan estas nuevas formas de trabajo y pueden funcionar como una red de contención, por si tenés la sensación que estás por saltar al vacío.

Pero, la decisión de cambiar la forma de trabajar no tiene que ver con el riesgo que estés dispuesto a asumir, sino con los incentivos de recompensa que te genera una vida personal más armónica.

Pensándolo así, vas a romper con el formato tradicional de 9 horas diarias ocupadas, sin otra opción, y el tiempo que decidís trabajar se transforma en una actividad más dentro de tu definición de armonía.

La innovación es combinar cosas existentes de distinta manera para generar impacto. Te queda como ejercicio poner tiempo y cabeza para pensar tu profesión desde estas nuevas formas de trabajo. Un desafío transformador para generar nuevo impacto en las organizaciones, pero, sobre todo, para generar mayor impacto en tu vida personal.

Mito

«El mito de la ‘superwoman’ ha hecho mucho daño»

Teresa Baró es especialista en comunicación personal. Tiene una larga experiencia en consultoría de comunicación directiva y entrenamiento de profesionales de todos los sectores. Desde el inicio de su carrera acompaña a mujeres profesionales para que sean más visibles, tengan más poder y consigan sus objetivos. Fundadora y directora de Verbalnoverbal, una consultoría especializada en desarrollar competencias comunicativas en empresas, ha publicado recientemente Imparables. Comunicación para mujeres que pisan fuerte (Paidós).

-Año 2021 y todavía hablamos de los problemas y estereotipos a los que nos enfrentamos las mujeres en el ámbito laboral.

-Desde luego, pero hay que comprender que a pesar de los rápidos avances que estamos haciendo llevamos una tradición de cientos de años y eso es difícil de eliminar. A veces pensamos que vamos demasiado despacio pero, en perspectiva histórica, los cambios que se han producido en 50 años son fabulosos. Todavía nos falta camino por recorrer. Hemos llegado a la igualdad en las leyes en muchos países pero no a la igualdad real.

-«Si te comportas como líder, serás líder». ¿Qué es ser líder?

-Ser líder es primero sentirte líder, verte capaz. Hay una cuestión de actitud. Pero también es una forma de comportarse y aceptar la visibilidad que necesita una persona líder. Es un conjunto de cosas. Pero es muy importante que los demás te perciban como líder.

-¿Cómo es el liderazgo femenino?

-No soy muy partidaria de hablar de liderazgo femenino porque ese término puede tener distintas interpretaciones. A mí me gusta hablar de mujeres líderes y cómo lo hacen. Es cierto que hoy en día, cuando hablamos de liderazgo femenino, no hablamos del liderazgo que ejercen las mujeres, sino de un estilo más empático, más relacional. Hablaría de un liderazgo que tiene lo bueno del estilo tradicional masculino y lo bueno del estilo tradicional femenino y que es constructivo, empático, cooperativo, que sabe comunicarse con diplomacia y, cuando hace falta, de una manera firme y directa.

-¿Es diferente la comunicación en mujeres?

-Hemos recibido una educación diferente. A las mujeres se nos ha potenciado una imagen más enfocada a la vida familiar, a la maternidad, a ser la pareja de alguien, con un lenguaje tanto verbal como no verbal dulce, amable, dócil, seductor, pero no la comunicación del poder, del liderazgo, de la firmeza. Lo que defiendo es que las mujeres tengamos distintos registros, muchísimas herramientas para poder adaptarnos a cada situación y alcanzar nuestros objetivos.

«Las mujeres tenemos que ser más visibles dentro de las organizaciones»

-¿Cuáles son los principales retos de las mujeres profesionales?

-Ser más visibles incluso dentro de la propia organización: el que se tengan más en cuenta nuestras aportaciones, que tengamos más opciones a puestos directivos, que no seamos siempre las segundonas. Y otro es gestionar mejor nuestro tiempo: hasta hace pocos años, nuestro tiempo ha tenido muy poco valor, no se ha pagado, y ahora que empezamos a cobrar por nuestro tiempo y nuestros conocimientos a veces no sabemos gestionarlo ni poner precio a lo que hacemos.

-¿La pandemia ha contribuido a invisibilizarnos?

-Éste es un gran peligro, es uno de los riesgos del teletrabajo. Las mujeres hemos hecho un gran esfuerzo en las últimas décadas para ser visibles y ¿qué pasa ahora? Que cada uno está en su casa y tenemos más dificultades para hacer networking y asistir a eventos, es mucho más complicado estar en primera línea. Por tanto, si somos conscientes de ello, tenemos que buscar otras vías, tanto internas como usando las redes sociales.

-Parece que estamos continuamente bajo una lupa. ¿Cómo se puede lidiar con esta situación?

-Este estar bajo lupa es algo inherente a nosotras. Constantemente nos estamos examinando, preguntándonos si hemos hecho las cosas bien, si damos la talla, si somos capaces de asumir algo que nos proponen… Lo primero es empezar por nosotras. Pero es cierto que también muchas veces nos sentimos analizadas, examinadas. Hay que pisar fuerte, como decimos en el título del libro, ir seguras de que tenemos una buena formación, experiencia, talento, capacidades, y afrontar a lo que sea sin miedos. Y muy importante: no temer al fracaso y prescindir de lo que dirán, porque las mujeres estamos aún sujetas a la presión de la reputación social.

-Todavía lastramos muchos conceptos negativos: el mito de la superwoman, el síndrome de la impostora…

-Hay que desmontar mitos, como que las mujeres somos multitasking: somos igual que los hombres, si las dos cosas son importantes no las podemos hacer a la vez. Estos mitos nos perjudican y el de la superwoman es uno de los que más daño ha hecho porque nos hemos creído que podemos con todo y no es cierto, al final lo acabamos pagando en salud, estrés y frustración porque tenemos la sensación de que no llegamos a todo y acabamos pensamos que no somos ni buenas madres ni buenas trabajadoras. Vamos a acabar con el mito de la superwoman: somos muy buenas y muy potentes, pero no podemos con todo.

-¿Seguimos infravalorando la importancia de la comunicación?

-Sí, y el libro tiene precisamente este objetivo. En función de cómo nos comunicamos, los demás nos perciben y nos tratan. Si yo analizo mi comunicación y me doy cuenta de que no me favorecen mis patrones de comunicación los puedo cambiar. También pasa con el tono de voz, las palabras, el lenguaje corporal… todo tiene un efecto en los que me observan. Si soy consciente de ello y tengo unos objetivos determinados, lo puedo usar a mi favor.

-¿Cuándo cree que realmente estaremos en igualdad de condiciones?

-Hay distintas velocidades en nuestra sociedad. Sobre 2050 tendríamos que haberlo conseguido. Y hay que acelerar porque a este ritmo nos queda mucho: se habla de 100 años en temas de cargos directivos, de brecha salarial… Pero estamos muy concienciados, mujeres y hombres, y ojalá a mediados de siglo nos podamos relajar porque hayamos logrado una igualdad real.

Conciliación

Más teletrabajo, menos tiempo libre: más de la mitad de los españoles tiene problemas de conciliación

Más teletrabajo, menos tiempo libre: más de la mitad de los españoles tiene problemas para la conciliación familiar y profesional

Más teletrabajo, menos tiempo libre: más de la mitad de los españoles tiene problemas de conciliación

Daniel Brito LuzardoMadrid24/03/202112:11h.

  • Más allá de sus virtudes, el teletrabajo ha afectado a la conciliación laboral y familiar de gran parte de los empleados
  • La mayoría de los trabajadores cree que ahora tiene menos tiempo libre que antes de la pandemia
  • Más estresados, peor estado de ánimo o problemas de sueño son algunos de los efectos del teletrabajo

Durante 2020 llegó el teletrabajo, una práctica que muy pocos hacían y que debido a la pandemia por la covid-19 se disparó por encima de los tres millones de trabajadores en remoto desde sus hogares, en 2019 solo 915.800 personas lo hacían de forma habitual según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero aunque trabajar desde casa ha permitido que miles de personas conserven sus puestos de trabajo, no todo es de color de rosa y tras un año gran parte de los empleados han diagnosticado los problemas que conlleva trabajar desde casa, especialmente la conciliación entre la vida familiar y la laboral.

Que la conciliación laboral y personal se vea dificultada viene dada, precisamente, por la edad de las personas que trabajan en remoto. Ya en 2019 los mayores de 55 años eran los que más teletrabajaban, y en 2020 el 16’3% de los mayores de 45 años trabajan desde casa habitualmente.

Problemas de conciliación 

Un estudio realizado por Edenred sobre el teletrabajo así lo demuestra: un 64% de los españoles disfruta de menos tiempo libre desde que estalló la pandemia y comenzaron a teletrabajar. Y esto se extrapola a otros ámbitos, como el familiar. Pasar más tiempo en casa no quiere decir que se permita estar más tiempo con la familia, especialmente con los hijos. Según este estudio, el 54% de las personas que fueron encuestadas no disponen del tiempo suficiente para estar con sus hijos, por eso, un 36% de los trabajadores está completamente dispuesto a reducir su salario con tal de disfrutar más de ellos.

A pesar de que la mayoría de empleados que están realizando su actividad en remoto considera que su empresa sí que les ha facilitado la conciliación de la vida laboral con la familiar durante este tiempo, como comentábamos más de la mitad disfruta de menos tiempo libre a pesar de ahorrar tiempo en desplazamientos. Por eso mismo, las opiniones sobre el futuro del teletrabajo son muy dispares entre sí.

Mientras que para el 30% sería ideal seguir teletrabajando desde sus casas durante los meses que dure la pandemia y cuando esta acabe, otro tercio preferiría hacerlo a tiempo parcial, la mitad de los días trabajar desde casa y la otra mitad acudir presencialmente a la oficina. Por su parte, solo un 24% ve bien el teletrabajo pero solo para algunos días puntuales.

El estado anímico se ve mermado 

¿Y qué hay del estado de ánimo de los teletrabajadoresLa soledad que puede crear el no acudir a la oficina o estar constantemente conectados hace que, a pesar de estar en casa, nos sintamos más cansados e incluso podamos distraernos más de nuestras tareas profesionales. Por eso, una modalidad que en principio podría ayudarnos a reducir el estrés para ejecutar nuestras funciones desde la comodidad del hogar, se ha convertido en lo contrario.

Más de la mitad de los empleados en remoto considera que ahora está mucho más estresado y agobiado que hace un año, cuando acudía a su puesto de trabajo de forma presencial, mientras que para un 39% estos cambios no han producido ninguna alteración en sus niveles de estrés laboral. Y ojo, que esto también tiene repercusiones en el sueño.

Estamos en casa, no hay que despertarse antes para prepararse y hacer el trayecto hasta el trabajo, pero la mayoría de personas afirma que sigue durmiendo las mismas horas que antes, aunque un 38% asegura que duerme menos horas que antes de la pandemia. ¿Qué se puede hacer para dormir las horas necesarias? Entre otras cosas, mantener un horario estable, evitar las distracciones en la cama o no aislarse.

Normas básicas en redes sociales

Usar las redes sociales está (afortunadamente) al alcance de cualquiera, lo que supone una increíble oportunidad de acceso a información y contenido, así como un hecho histórico para la humanidad: todos somos ahora también generadores de ese contenido.

Ya no es necesario que una editorial, un periódico, o un supervisor de cualquier tipo valide un contenido antes de hacerlo público. Cualquiera puede publicar y cualquiera puede ver lo que publicamos. No voy a entrar en esta ocasión en la necesidad de educar en el espíritu crítico, en contrastar la información y en todo lo relacionado con los bulos y las fake news (aquí tienes un artículo sobre eso), pero sí en otro aspecto a veces olvidado en este nuevo espacio de convivencia que es la red: las «normas» básicas de comportamiento.

Estas «normas» básicas de etiqueta en redes sociales empiezan mal, porque no son ni siquiera normas, ya que no existe obligación legal alguna de seguirlas, pero sin duda el hacerlo (como el que se sabe comportar en un acto público o social) dignificará nuestra presencia en la red y enriquecerá un ambiente que ya viene muy cargado de odio, enfrentamientos, bulos y debates infructuosos.

Tras más de una década trabajando en este ámbito, creo que he podido extraer un listado útil, que hoy comparto con vosotros y que según mi parecer nos permitirá ser a todos un poquito mejores. Sirva de sugerencia constructiva para cualquier usuario anónimo, y como un listado casi de obligado cumplimiento en el caso de directivos o personas con relevancia pública:

  • Respeta las normas de ortografía y gramática
  • Trata de tener la información de tus perfiles bien cumplimentada. Lo que quieras, pero bien.
  • No cuelgues un contenido que no enseñarías a todo el mundo por la calle
  • Reconoce la autoría cuando utilices contenido de otro
  • No actúes de forma anónima
  • Los trapos sucios mejor por inbox
  • Lanzar indirectas por redes sociales es cutre, resuelve lo que sea en privado con esa persona
  • No insultes ni faltes el respeto
  • No reveles información privada ni confidencial
  • No reenvíes noticias o información sin contrastar
  • No reenvíes contenido que atente contra la intimidad o dignidad de alguien
  • Respeta y trata de empatizar incluso cuando un contenido te parezca erróneo
  • No hagas «like» a tus propias publicaciones
  • Trata de aportar valor en lo que publicas
  • No mezcles contenido personal y profesional. Cada cosa en su sitio.
  • No envíes publicidad a un contacto con el que nunca has tenido trato antes. Es spam.
  • No abuses de los hashtag
  • Si quieres hablar de alguien, etiquétale @, pero no lo uses para spamear
  • Don’t feed the trolls.
  • Responde a los comentarios o preguntas y agradece el feddback
  • Se consistente con tu contenido
  • Si criticas, ofrece tu punto de vista sobre cómo solucionarías tú ese problema o situación

Espero que estos sencillos consejos, que seguro que muchos ya conocíais, nos ayuden a todos a ser un poquito mejores y a hacer de este espacio en la red un lugar más positivo.

Dolor

Si lo piensas bien aunque suene absurdo, una vacuna es similar a terminar una relación.

Es muy simple su parecido y tiene que ver con el dolor que causa. Porque duele pero te prepara para el futuro. Por que al igual que con la inyección de la vacuna, mientras más oposición pongamos a ella, mientras más apretado esté el deltoides, más nos dolerá y provocará más daño la aguja, en su paso por nosotros. Porque así mismo mientras más nos aferremos a no sufrir una ruptura más destruirá su inminente llegada.

¡Inmunizate del dolor sufriendo un poquito!, no tengas miedo a sufrir, porque cada tanto tiempo nos enfermamos si o si del corazón.

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