Mayor de 50

El reto del talento senior: ¿cómo pueden reinventarse los mayores de 50 años?amp-lainformacion-com.cdn.ampproject.org

talento senior trabajo oficina

¿Te has planteado qué edad tendrás en 2030? ¿45 años? ¿50? ¿Más? A estas alturas, no cabe duda de que la transformación del mercado laboral se ha acelerado exponencialmente a raíz de la pandemia del coronavirus. La progresiva digitalización de las empresas empieza a exigir profundos cambios en el empleo, así como la adquisición de nuevas competencias en este sentido. Algo que será vital para el talento senior en los próximos años, que en muchos casos deberá reinventarse para sobrevivir. ¿Cómo? El primer paso es comprender que este tipo de perfiles no son un problema, sino parte de la solución, tal y como explica Tomás Pereda, HR Senior Advisor y Subdirector General de la Fundación masHumano.

En un diálogo auspiciado por la Fundación Ergon, Pereda advierte de la importancia del talento senior: «En primer lugar, porque no somos conscientes del desplome de nuestra tasa de natalidad. Hoy estamos en unas cifras de 1,23 hijos por mujer, cuando la tasa de reposición óptima es de 2,1, lo que significa que España lleva años perdiendo población neta». Y, aunque la solución de la inmigración permite cierto rejuvenecimiento, tampoco es perfecta, ya que a día de hoy siguen existiendo múltiples barreras para su acceso a empleos cualificados o de alto rango (desde la educación hasta el racismo que aún colea en las empresas).

Por eso, «si no somos capaces de revertir esta tendencia, en unos 40 años habremos perdido el 50% de la población, lo que supone una verdadera tragedia; es riqueza, crecimiento del PIB, del consumo y, por supuesto, del talento», apunta Pereda, que recuerda un dato significativo: todas las previsiones indican que nuestro mercado de trabajo va a tener en 2050 un volumen similar al del 2020. A saber: 20 millones de trabajadores aproximadamente. Esto significa que no solo no se incorporará tanto talento joven, sino que el talento senior será mucho más denso que actualmente. Los mismos trabajadores, pero más viejos.

Paralelamente, somos el segundo país más longevo del mundo, por detrás de Japón, y es previsible que en 20 años (2040) seamos el país más longevo de la Tierra, recuerda Pereda, que añade el problema del «desajuste que existe entre la esperanza de vida saludable, (hoy situada en los 74 años) con una realidad laboral que hace que sea considerado ‘senior’ un profesional a partir de los 50 años. Uno de los retos con los que nos enfrentamos es el de romper esta percepción».

En opinión de Pereda, el rango de edad de los trabajadores que se van a perder, por el descenso de la natalidad, estará entre los 18 y los 49 años, el espectro de edad laboral más voluminoso hoy en día. «Los caladeros de ese talento se están quedando sin candidatos, mientras que los caladeros invisibles para el mundo de la empresa, los de los profesionales ‘senior’, van a aumentar en los próximos 10 años hasta los 2,2 millones de personas». Esto significa que el principal grupo demográfico como mano de obra serán los mayores de 50 años, lo que hoy se conoce como talento ‘senior’.

El problema es evidente: a día de hoy, el talento ‘senior’ se encuentra estigmatizado, desde su propia denominación. De hecho, según un reciente estudio de Adecco, el 90% de los candidatos mayores de 50 años no se presenta a la mayor parte de las ofertas de empleo del mercado, porque están casi seguros que no se les va a tener en cuenta. «Estamos siete puntos por debajo del resto de los países de la UE en lo que a actividad de profesionales ‘senior’ se refiere y, sin embargo, hay un dato esperanzador, y es que existe una gran cantidad de talento ‘senior’ dispuesto a volver a la acción, con lo que sería muy fácil reducir estos siete puntos de diferencia», apunta Pereda.

«A ello podemos unir nuestra carencia estructural de talento cualificado, (anualmente existen aproximadamente 150.000 puestos que no pueden ser ocupados por la falta de candidatos adecuados) a pesar de las altas tasas de desempleo. Y un elemento más: en los próximos años, la demografía todavía va a jugar más a favor del talento senior porque cada vez hay menos gente joven, y una sobreabundancia de ‘senior’ perfectamente capaces de liderar el cambio tecnológico y la transformación digital. España, como país longevo y con una calidad de salud muy alta, puede aspirar a ser un referente en gestión de talento ‘senior'», concluye.

Bienestar de equipo

Según un estudio de la Universidad de Warwick y del Wall Street Journal, cuando un empleado está satisfecho con su puesto de trabajo es un 12% más productivo y un 31% más eficiente. Mejorar el Bienestar de tu equipo es mejorar el rendimiento de la empresa.

Ésta puede resultar una tarea un tanto abrumadora. Yo, cuando me enfrento a un reto profesional importante, suelo fijarme en los mejores. Comparto algunas frases de líderes empresariales, autores de éxito y otros personajes históricos que, a mí, me han inspirado a trabajar para mejorar el Bienestar de mis Equipos.

  1. «Para triunfar económicamente, primero hay que triunfar en el lugar de trabajo«. Doug Conant, CEO de Campbell’s Soup
  2. “Cuando las personas invierten, quieren un rendimiento económico. Cuando las personas están comprometidas emocionalmente, quieren contribuir a mejorar la sociedad». Simon Sinek
  3. Los clientes más importantes son los propios empleados. Primero cuida a los empleados y luego a los clientes«. Ian Hutchinson, autor de People Glue
  4. Somos lo que hacemos cada día. La excelencia, entonces, no es un acto sino un hábito.» Aristóteles
  5. “Las personas se agrupan para formar una empresa lograr algo colectivamente que no podrían lograr de manera individual. Esas personas hacen una contribución a la sociedad”. David Packard, cofundador de Hewlett-Packard
  6. “Los empleados que creen que la empresa se preocupa por ellos como persona, y no únicamente como un empleado, son más productivos, y se sienten más realizados y satisfechos. Los empleados satisfechos implica clientes satisfechos, lo que conduce a la rentabilidad «. Anne M. Mulcahy
  7. «Las empresas deberían esforzarse en crear un gran lugar en el que las personas con talento hagan un trabajo excelente». Marilyn Carlson, ex directora ejecutiva de Carlson Companies
  8. Solo hay tres medidas que te dirán casi todo lo que necesitas saber sobre el desempeño general de su organización: compromiso de los empleados, satisfacción del cliente y flujo de caja. No hace falta decir que ninguna empresa, pequeña o grande, puede triunfar a largo plazo sin empleados enérgicos que crean en la misión y entiendan cómo lograrla”. Jack Welch, ex director ejecutivo de GE
  9. “La forma en que se sienten tus empleados es la forma en que se sentirán tus clientes. Y si tus empleados no se sienten valorados, tus clientes tampoco». Sybil F. Stershic, autora.
  10. “Los empleados quieren saber que son importantes y quieren ser tratados como personas. Ese es el nuevo contrato de talento «. Pamela Stroke, autora.
  11. “Conecta los puntos entre los roles individuales y los objetivos de la organización. Cuando las personas vean esa conexión, serán más productivos y enérgicos». Ken Blanchard y Scott Blanchard.
  12. “Los empleados comprometidos se quedan por lo que dan (les gusta su trabajo); los empleados no comprometidos se quedan por lo que obtienen (condiciones laborales favorables, oportunidades de crecimiento, seguridad laboral) ”. The State of Employee Engagement 2008 de Blessing White.
  13. «Trata siempre a tus empleados exactamente como deseas que traten a tus mejores clientes». Stephen R. Covey.
  14. «La única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que haces». Steve Jobs.
  15. «Cuando la gente va a trabajar, no debería tener que dejar su corazón en casa». Betty Bender.

Memes

Feminismo, videojuegos y salud mental: las creadoras de memes que triunfan en Instagram

¿Para qué sirve un meme? Para hacernos reír. Es lo primero que pensamos al evocar este código específico que engloba aspectos fundamentales de la cultura digital contemporánea: intertextualidad, inmediatez y do it yourself.  Pero un meme también puede trascender su función humorística y convertirse en una potente herramienta de divulgación y activismo. Lo saben @culomala, @fluorrazepam y @feminismoen8bits, tres creadoras que utilizan Instagram como plataforma para concienciar sobre salud mental, relaciones tóxicas y machismo en los videojuegos.  

Aunque estén centradas en distintos temas, sus cuentas, seguidas mayormente por mujeres, tienen puntos en común: mensajes con un enfoque feminista, un estilo directo y una estética muy representativa, con referencias que van del anime a los videojuegos. «Muchas mujeres y gente no binaria creamos contenido en la memesfera y hemos tenido buena acogida; al final, cualquier persona con acceso a las RRSS puede crearse una cuenta de memes y generar contenido», explica aelDiario.esAlejandra (25), que abrió @culomala para volcar sus reflexiones sobre salud mental a finales de 2019 y hoy tiene más de 24.000 seguidores. «Diariamente voy modificando mi discurso, son apuntes que comparto para aquellas personas a las que les puedan servir o ayudar a introspeccionar». 

«Me sorprendió mucho lo rápido que crecí, nunca pensé que cuatro frases con una imagen de Sailor Moon podrían calar tanto en la gente», afirma @fluorrazepam (27), que prefiere no dar su nombre. Creó su cuenta a mediados de 2020 para hablar sobre relaciones abusivas y machismo en la cultura popular, temas sobre los que había aprendido tras formar parte de grupos feministas y especializarse académicamente en cine y género.

«No me definiría como activista, tengo una cuenta de divulgación», enfatiza. «Creo que este tipo de cuentas las suelen llevar más mujeres, depende mucho de por dónde te muevas».

Laura (30) aúna en @feminismoen8bits su pasión por los videojuegos con el activismo feminista. «Soy lo que soy gracias a esas narrativas que he podido absorber», sostiene. «Una cuenta de memes es un canal de transmisión para gente joven de una forma muy potente y muy directa, sí que había visto mucha divulgación sobre feminismo y videojuegos, pero no en formato meme». Lanzó @feminismoen8bits en enero de 2020; ahora tiene más de 8.000 seguidores y agradece el apoyo de la comunidad virtual, especialmente durante los ataques recibidos a causa de polémicas «con cuentas más grandes de Youtube, que me han afectado bastante». 

Aunque creen que la memesfera es un espacio cada vez más inclusivo, las tres creadoras consideran que la masculinización de Internet se hace patente mediante el modo en el que se valoran los memes reflexivos y emocionales, normalmente gestionados por mujeres y considerados «de menor calidad y aburridos», según Alejandra.  «Esta creencia parte de relatos misóginos, donde lo óptimo es la evasión sin filtro, frecuentemente relacionada con actitudes masculinas, mientras que los memes relacionales y emocionales —los llamados ‘memes de chicas’— son ‘chorradas». señala. «Creo que esta idea está cambiando, y cada día se valora más nuestro contenido». 

Contra los haters y el síndrome de la impostora

«Me ha llovido mucho odio por varios temas, especialmente por cuestionar el machismo dentro de la cultura pop, criticar la cultura de la pedofilia y apoyar al colectivo trans», relata @fluorrazepam. A finales de enero perdió su cuenta original, con 11.000 seguidores, después de que fuera reportada masivamente por la publicación de un meme en el que criticaba «a quienes se excusan en el feminismo para cargar contra las personas trans», en alusión a una polémica entre la escritora Lucía Extebarría y la activista trans Rosa María García. Pese a que en ocasiones sea «inevitable», su estrategia para intentar no verse demasiado afectada por lo que ocurre en Internet pasa por «poner barreras, como mantener el anonimato».  

«Hay momentos en los que me he sentido bastante abrumada», dice Laura. «Los ataques suelen ser bastante personales, y a veces necesito distanciarme de las redes sociales». «Si te levantas y lo primero que lees por la mañana es una amenaza de muerte, tu día no empieza tan bien como debería», ironiza. Alejandra, la más expuesta públicamente tras acudir a programas como Playz, se siente «bastante contenta con cómo ha crecido la cuenta», aunque también ha tomado medidas como «permitir solo comentar en mis publicaciones a quien me sigue o bloquear a quien no me esté respetando o no me haga sentir segura». «Las redes sociales son parte de nuestra realidad y por eso merecemos el mismo respeto en ellas que en la vida no-digital», apunta.

Ninguna de las tres se plantea dejar de crear contenido, aunque tanto Alejandra como Laura mencionan el denominado «síndrome de la impostora». «Me enfrenté a mi peor enemigo», explica Alejandra, cuyas reflexiones son fruto de años de terapia y lecturas sobre feminismo. «Gané confianza y autoestima y me pareció una forma estupenda de demostrármelo, permitiéndome exhibir aquello de lo que estaba orgullosa», afirma. Laura admite haberse cuestionado constantemente si lo que hacía era válido o novedoso, pese a no conocer a nadie que divulgara sobre feminismo y videojuegos en Instagram. «Al principio ni yo creía en lo que estaba haciendo, tenía esa sombra detrás, que fue haciéndose más pequeña conforme crecía la cuenta».

Un espacio seguro para denunciar abusos

Según han podido constatar las creadoras mediante estadísticas proporcionadas por Instagram, más de la mitad de los followers de las tres cuentas son mujeres. «En mi caso, el rango de edad está entre los 18 y los 34 años», dice Laura, que durante los primeros meses sí que tenía más seguidores masculinos. «Los cuidados siempre han sido delegados a las mujeres, es normal que suelan ser ellas quienes consuman mi contenido», opina Alejandra, y celebra que también muchos hombres «compartan y apoyen, creo que es muy buena señal ya que representa un cambio: la salud mental y la responsabilidad afectiva nos afecta a todos».

La interacción con seguidoras ha llevado a @culomala, @fluorrazepam y @feminismoen8bits a compartir testimonios de abuso y recursos relacionados con la salud mental. «Había chicas que por desahogarse me contaban todo el acoso sufrido jugando online, lees cosas terribles y es importante denunciarlo, muchas mujeres abandonan los videojuegos por experiencias muy desagradables», lamenta Laura. A petición de sus seguidoras, también comparte información sobre streamers mujeres y links con bibliografía, porque «quiero mostrar que hay una fuente detrás de todo lo que expongo». 

«Personalmente, la terapia con una buena psicóloga me salvó la vida», revela Alejandra. «Me encantaría hacer llegar a más personas esta opción, para que la gente que se sienta un poco perdida o incapacitada a la hora de hacer frente a ciertas situaciones». @fluorrazepam cuenta cómo conversaciones surgidas a raíz de un meme han propiciado que muchas seguidoras hagan públicas sus experiencias de abuso: «es una forma de saber que esas cosas que creíamos que solo nos pasaban a nosotras en realidad están normalizadísimas, así nos damos cuenta de que estamos acompañadas».

Uno de los casos con más repercusión ocurrió tras publicar un meme sobre la cultura de la pedofilia. «Me respondió un señor de 40 años  que me decía que por qué no podía estar con una de 16 y lo compartí en mis stories«, recuerda @fluorrazepam. «Durante tres días me hablaron unas 200 chicas contándome sus experiencias, muchas de ellas me hablaban incluso de sus profesores o monitores de campamento, llegó un punto en el que ya no podía contestar». «Es una responsabilidad muy grande, cuando me di cuenta de que me seguía gente tan joven intenté ser más consciente de mi lenguaje, del mensaje que quería transmitir», asevera. «Todo el mundo, sea cercano o no al feminismo, ha pasado por relaciones en las que alguien se aprovecha de las dinámicas de poder».

Las tres creadoras planean seguir con sus proyectos, que conciben como herramientas para crear comunidad y construir espacios seguros en Internet. «Si tienes una cuenta enfocada a un tema social, creo que tienes una responsabilidad por contribuir a esos espacios», apunta @fluorrazepam. «Me han corregido muchas veces mis seguidores, todos estamos aquí para aprender, me encantaría ver a más mujeres hablando de lo mismo», dice Laura. «@culomala me recuerda a un foro donde diferentes personas se identifican en casos que consideraban súper personales y únicos. Es una bonita forma de sentirnos comprendidos», concluye Alejandra.

¿Para qué sirve un meme? Para hacernos reír. Es lo primero que pensamos al evocar este código específico que engloba aspectos fundamentales de la cultura digital contemporánea: intertextualidad, inmediatez y do it yourself.  Pero un meme también puede trascender su función humorística y convertirse en una potente herramienta de divulgación y activismo. Lo saben @culomala, @fluorrazepam y @feminismoen8bits, tres creadoras que utilizan Instagram como plataforma para concienciar sobre salud mental, relaciones tóxicas y machismo en los videojuegos.  

Aunque estén centradas en distintos temas, sus cuentas, seguidas mayormente por mujeres, tienen puntos en común: mensajes con un enfoque feminista, un estilo directo y una estética muy representativa, con referencias que van del anime a los videojuegos. «Muchas mujeres y gente no binaria creamos contenido en la memesfera y hemos tenido buena acogida; al final, cualquier persona con acceso a las RRSS puede crearse una cuenta de memes y generar contenido», explica aelDiario.esAlejandra (25), que abrió @culomala para volcar sus reflexiones sobre salud mental a finales de 2019 y hoy tiene más de 24.000 seguidores. «Diariamente voy modificando mi discurso, son apuntes que comparto para aquellas personas a las que les puedan servir o ayudar a introspeccionar». 

«Me sorprendió mucho lo rápido que crecí, nunca pensé que cuatro frases con una imagen de Sailor Moon podrían calar tanto en la gente», afirma @fluorrazepam (27), que prefiere no dar su nombre. Creó su cuenta a mediados de 2020 para hablar sobre relaciones abusivas y machismo en la cultura popular, temas sobre los que había aprendido tras formar parte de grupos feministas y especializarse académicamente en cine y género.

«No me definiría como activista, tengo una cuenta de divulgación», enfatiza. «Creo que este tipo de cuentas las suelen llevar más mujeres, depende mucho de por dónde te muevas».

Laura (30) aúna en @feminismoen8bits su pasión por los videojuegos con el activismo feminista. «Soy lo que soy gracias a esas narrativas que he podido absorber», sostiene. «Una cuenta de memes es un canal de transmisión para gente joven de una forma muy potente y muy directa, sí que había visto mucha divulgación sobre feminismo y videojuegos, pero no en formato meme». Lanzó @feminismoen8bits en enero de 2020; ahora tiene más de 8.000 seguidores y agradece el apoyo de la comunidad virtual, especialmente durante los ataques recibidos a causa de polémicas «con cuentas más grandes de Youtube, que me han afectado bastante». 

Aunque creen que la memesfera es un espacio cada vez más inclusivo, las tres creadoras consideran que la masculinización de Internet se hace patente mediante el modo en el que se valoran los memes reflexivos y emocionales, normalmente gestionados por mujeres y considerados «de menor calidad y aburridos», según Alejandra.  «Esta creencia parte de relatos misóginos, donde lo óptimo es la evasión sin filtro, frecuentemente relacionada con actitudes masculinas, mientras que los memes relacionales y emocionales —los llamados ‘memes de chicas’— son ‘chorradas». señala. «Creo que esta idea está cambiando, y cada día se valora más nuestro contenido». 

Contra los haters y el síndrome de la impostora

«Me ha llovido mucho odio por varios temas, especialmente por cuestionar el machismo dentro de la cultura pop, criticar la cultura de la pedofilia y apoyar al colectivo trans», relata @fluorrazepam. A finales de enero perdió su cuenta original, con 11.000 seguidores, después de que fuera reportada masivamente por la publicación de un meme en el que criticaba «a quienes se excusan en el feminismo para cargar contra las personas trans», en alusión a una polémica entre la escritora Lucía Extebarría y la activista trans Rosa María García. Pese a que en ocasiones sea «inevitable», su estrategia para intentar no verse demasiado afectada por lo que ocurre en Internet pasa por «poner barreras, como mantener el anonimato».  

«Hay momentos en los que me he sentido bastante abrumada», dice Laura. «Los ataques suelen ser bastante personales, y a veces necesito distanciarme de las redes sociales». «Si te levantas y lo primero que lees por la mañana es una amenaza de muerte, tu día no empieza tan bien como debería», ironiza. Alejandra, la más expuesta públicamente tras acudir a programas como Playz, se siente «bastante contenta con cómo ha crecido la cuenta», aunque también ha tomado medidas como «permitir solo comentar en mis publicaciones a quien me sigue o bloquear a quien no me esté respetando o no me haga sentir segura». «Las redes sociales son parte de nuestra realidad y por eso merecemos el mismo respeto en ellas que en la vida no-digital», apunta.

Ninguna de las tres se plantea dejar de crear contenido, aunque tanto Alejandra como Laura mencionan el denominado «síndrome de la impostora». «Me enfrenté a mi peor enemigo», explica Alejandra, cuyas reflexiones son fruto de años de terapia y lecturas sobre feminismo. «Gané confianza y autoestima y me pareció una forma estupenda de demostrármelo, permitiéndome exhibir aquello de lo que estaba orgullosa», afirma. Laura admite haberse cuestionado constantemente si lo que hacía era válido o novedoso, pese a no conocer a nadie que divulgara sobre feminismo y videojuegos en Instagram. «Al principio ni yo creía en lo que estaba haciendo, tenía esa sombra detrás, que fue haciéndose más pequeña conforme crecía la cuenta».

Un espacio seguro para denunciar abusos

Según han podido constatar las creadoras mediante estadísticas proporcionadas por Instagram, más de la mitad de los followers de las tres cuentas son mujeres. «En mi caso, el rango de edad está entre los 18 y los 34 años», dice Laura, que durante los primeros meses sí que tenía más seguidores masculinos. «Los cuidados siempre han sido delegados a las mujeres, es normal que suelan ser ellas quienes consuman mi contenido», opina Alejandra, y celebra que también muchos hombres «compartan y apoyen, creo que es muy buena señal ya que representa un cambio: la salud mental y la responsabilidad afectiva nos afecta a todos».

La interacción con seguidoras ha llevado a @culomala, @fluorrazepam y @feminismoen8bits a compartir testimonios de abuso y recursos relacionados con la salud mental. «Había chicas que por desahogarse me contaban todo el acoso sufrido jugando online, lees cosas terribles y es importante denunciarlo, muchas mujeres abandonan los videojuegos por experiencias muy desagradables», lamenta Laura. A petición de sus seguidoras, también comparte información sobre streamers mujeres y links con bibliografía, porque «quiero mostrar que hay una fuente detrás de todo lo que expongo». 

«Personalmente, la terapia con una buena psicóloga me salvó la vida», revela Alejandra. «Me encantaría hacer llegar a más personas esta opción, para que la gente que se sienta un poco perdida o incapacitada a la hora de hacer frente a ciertas situaciones». @fluorrazepam cuenta cómo conversaciones surgidas a raíz de un meme han propiciado que muchas seguidoras hagan públicas sus experiencias de abuso: «es una forma de saber que esas cosas que creíamos que solo nos pasaban a nosotras en realidad están normalizadísimas, así nos damos cuenta de que estamos acompañadas».

Uno de los casos con más repercusión ocurrió tras publicar un meme sobre la cultura de la pedofilia. «Me respondió un señor de 40 años  que me decía que por qué no podía estar con una de 16 y lo compartí en mis stories«, recuerda @fluorrazepam. «Durante tres días me hablaron unas 200 chicas contándome sus experiencias, muchas de ellas me hablaban incluso de sus profesores o monitores de campamento, llegó un punto en el que ya no podía contestar». «Es una responsabilidad muy grande, cuando me di cuenta de que me seguía gente tan joven intenté ser más consciente de mi lenguaje, del mensaje que quería transmitir», asevera. «Todo el mundo, sea cercano o no al feminismo, ha pasado por relaciones en las que alguien se aprovecha de las dinámicas de poder».

Las tres creadoras planean seguir con sus proyectos, que conciben como herramientas para crear comunidad y construir espacios seguros en Internet. «Si tienes una cuenta enfocada a un tema social, creo que tienes una responsabilidad por contribuir a esos espacios», apunta @fluorrazepam. «Me han corregido muchas veces mis seguidores, todos estamos aquí para aprender, me encantaría ver a más mujeres hablando de lo mismo», dice Laura. «@culomala me recuerda a un foro donde diferentes personas se identifican en casos que consideraban súper personales y únicos. Es una bonita forma de sentirnos comprendidos», concluye Alejandra.

¿Para qué sirve un meme? Para hacernos reír. Es lo primero que pensamos al evocar este código específico que engloba aspectos fundamentales de la cultura digital contemporánea: intertextualidad, inmediatez y do it yourself.  Pero un meme también puede trascender su función humorística y convertirse en una potente herramienta de divulgación y activismo. Lo saben @culomala, @fluorrazepam y @feminismoen8bits, tres creadoras que utilizan Instagram como plataforma para concienciar sobre salud mental, relaciones tóxicas y machismo en los videojuegos.  

Aunque estén centradas en distintos temas, sus cuentas, seguidas mayormente por mujeres, tienen puntos en común: mensajes con un enfoque feminista, un estilo directo y una estética muy representativa, con referencias que van del anime a los videojuegos. «Muchas mujeres y gente no binaria creamos contenido en la memesfera y hemos tenido buena acogida; al final, cualquier persona con acceso a las RRSS puede crearse una cuenta de memes y generar contenido», explica aelDiario.esAlejandra (25), que abrió @culomala para volcar sus reflexiones sobre salud mental a finales de 2019 y hoy tiene más de 24.000 seguidores. «Diariamente voy modificando mi discurso, son apuntes que comparto para aquellas personas a las que les puedan servir o ayudar a introspeccionar». 

Normalidad????

¿Y si la antigua normalidad, no vuelve?

antigua normalidad

La vida ha dado varias volteretas laterales, giros inesperados y algunos desenlaces con doble mortal y tirabuzones en 2020. Como dicen desde Avance Psicólogos“estábamos deseando que se terminara, como si al sonar la última campanada se fueran con ella los demonios que nos han invadido estos meses”.

Sin embargo, aunque abrimos paso a un nuevo año con una pizca de esperanza, entreabrimos la puerta para mirar de reojo y con desconfianza lo que se avecina. “Porque no las tenemos todas con nosotros y parece que aquella ‘vida pre- Covid 19’ está muy lejos”, dicen los expertos de Avance Psicólogos. Queda preguntarse, ¿y si no vuelve? ¿Y si esto es un cambio definitivo y tenemos que estar permanentemente preparados para posibles desastres y cambios en nuestro pequeño mundo?

¿y si no vuelve la antigua normalidad

Andrii Lutsyk/ Ascent XmediaGetty Images

Las consecuencias psicológicas de la tercera ola

“Con cada ola de la pandemia se produce un mayor desgaste psicológico”, dice la Dra. María Consuelo Vilasánchez, psicóloga y miembro de Doctoralia“Desde la primera ola, en la que en general la población sacó fuerzas para pasarla (se aplaudía en los balcones e incluso se hacían espectáculos desde los mismos con música ,etc.), a la segunda ola (que nos cogió en el verano cuando empezábamos a recuperar las fuerzas perdidas), hasta esta última, en la que además del desgaste psicológico se une el desastre económico para muchas familias y negocios (lo que implica la preocupación económica unida al estado general de la pandemia) el desgaste es mayor debido a la carga acumulada de las otras dos”, añade.

Como subraya esta psicóloga, “los desórdenes psicológicos afectan ya a una parte importante de la población: cansancio, agotamiento mental y desmotivación, ansiedad, estrés, depresión, además de trastornos adaptativos en relación a alteraciones en el estado de ánimo, cambios de humor e insomnio. En los jóvenes que han nacido y crecido con las nuevas tecnologías, según esta experta se aprecia también mayor ansiedad, estrés y agresividad “ya que el aislamiento y la falta de socialización les afecta de manera especial y provoca una dependencia aún mayor de las redes sociales”.

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Oliver RossiGetty Images

No eres la única que está triste y desmotivada

Aunque no sea un consuelo ni la solución a lo que sientes, como dice la Dra. Vilasánchez, es normal que te sientas así, con menos energía y desmotivada. Como explica esta psicóloga, “la menor energía se debe a la duración en el tiempo de la situación pandémica, en la que llevamos ya un año inmersos, ya que ese desgaste repercute en nuestro estado de ánimo y más conforme la situación se alarga”.

Esta poca energía, unida a la falta de actividades que antes nos hacían sentir bien, como el hecho de poder salir, tomar algo o relacionarnos hace, según la experta de Doctoralia, que nuestro estado de ánimo decaiga, “además de las noticias que oímos, con las cifras que se manejan y en particular en esta tercera ola, en la que se producen más contagios y más rápido”. Como añade la Dra. Vilasánchez, “la sensación de incertidumbre influye en nuestro estado de ánimo, y el no vislumbrar un futuro ‘normalizado’ en poco tiempo, aún más».

Además, como apunta la psicóloga, “aunque nuestro carácter sea más o menos optimista también nos influye el estado de ánimo de los demás, lo que da lugar a un ‘entristecimiento general de la población’ que repercute de manera individual en cada uno”.

En el caso de las personas que viven solas o que se han quedado sin trabajo, la situación de desánimo, tristeza, falta de energía y desmotivación se agrava, como subraya la psicóloga. “Pensemos que el hecho de estar ocupados y con una rutina diaria influye en nuestro equilibrio anímico, así que la falta de trabajo y las noticias nada halagüeñas sobre la crisis económica, repercute enormemente en nuestra salud mental, ya que a la preocupación por nuestra salud física y la de los nuestros se une la falta de recursos económicos”, dice la Dra. Vilasánchez.

“Las personas que viven solas acusan mayor sintomatología y son más vulnerables, ya que han perdido la fuente de apoyo social”. Y es que, como apunta la experta, “hasta la situación pandémica, las personas que vivían solas tenían ese apoyo fuera de casa, pero esta situación y sus restricciones ha hecho que estas personas pierdan ese apoyo social, que es un desestresor muy importante en la gestión de emociones”.

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SolskinGetty Images

Principales motivos de consulta psicológica

Como nos cuenta la Dra. Vilasánchez, el agotamiento psicológico debido al alargamiento de la situación actual está haciendo hace que las consultas a psicólogos sean principalmente por problemas de ansiedad y estrés debido al agotamiento producido por la situación en general. “Además, se producen cuadros depresivos debido a la imposibilidad de realizar actividades que antes nos permitían gestionar emociones negativas, como salir o quedar con amigos, o actividades en grupo que ahora ya no es posible llevar a cabo”.

Como causa de estos cuadros depresivos, según la psicóloga, se une además la parte económica, “ya que muchas familias han pasado de tener estabilidad en este sentido a una ruina económica con pocas previsiones de recuperación, lo que agudiza aún más los cuadrosansiosos».

Sin embargo, como dice la Dra. Vilasánchez, en el consumo de drogas y estupefacientes se ha producido un descenso“aunque en el caso del cannabis el consumo ha aumentado, ya que su disponibilidad es mayor que en el caso de otras drogas ilegales”.

¿y si no vuelve la antigua normalidad

Westend61Getty Images

Signos de que necesitas ayuda

¿Te identificas con el ‘cuadro’ depresivo o de ansiedad que describe la experta? ¿Cómo saber si necesitas ayuda profesional? Como apunta la Dra. Vilasánchez, “aunque en este momento de pandemia es normal que nos sintamos más tristes y desmotivados debido a la situación general, es hora de pedir ayuda si:

  • Lloramos frecuentemente,
  • Tenemos fuertes cambios de humor o estado de ánimo,
  • Si hay abuso de sustancias,
  • Si notamos la presencia de obsesiones,
  • Si nos notamos ansiosos la mayor parte del día,
  • Si tenemos dificultades para dormir la mayor parte de los días,
  • Si tenemos pensamientos suicidas,
  • Si el desánimo y la tristeza los notamos cada vez más y nos cuesta hacer nuestras actividades diarias”.

“En general, si cómo nos sentimos nos impide llevar a cabo nuestras actividades del día a día, debemos acudir a un especialista que nos ayude a gestionar esta situación”, añade la psicóloga.

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F.J. JimenezGetty Images

Herramientas útiles para afrontar los cambios

Laura Palomares, psicóloga y directora de Avance Psicólogos, nos facilita herramientas para enfrentarnos a los cambios y ser más resilientes.

Según Palomares, “es posible que después de la situación de pandemia que estamos viviendo se incorporen a nuestra vida nuevos hábitos, pero esto no tiene por qué ser malo». Lo que sí debemos contemplar es que nada permanece para siempre, y antes o después pasará”. “Un buen trabajo es echar la vista atrás y sacar los puntos positivos y las lecciones aprendidas de todo lo vivido”.

La directora de Avance Psicólogos nos da las siguientes pautas:

  • “Mantén tu espacio de ocio y hobbies en la medida de lo posible. El respiro de esos espacios de desarrollo personal es fundamental en situaciones de mucha ansiedad como la que estamos viviendo debido a la incertidumbre,
  • Es positivo plantear objetivos, a corto y medio plazo, sobre asuntos que te generen mucha satisfacción e ilusión. No tienen que ser grandes cosas: un cambio de decoración de la casa, ir planificando el próximo viaje para cuando sea posible, una excursión para dentro de unos días, etc.,
  • Cuida tus relaciones sociales, con las medidas de seguridad adecuadas, pero no te aísles,
  • Mantén los horarios, cuida la alimentación y conserva el hábito de hacer deporte de manera regular,
  • Realiza actividades que te conecten con el cuerpo y los sentidos, a modo de pequeños ejercicios de meditación. Existen actividades que, si realizas de forma consciente, se asemejan mucho a estados meditativos, por ejemplo: bailar, pasear, escuchar música, incluso cocinar o hacer punto. Todo es cuestión de probar”.

“Lo importante es que el ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación. No obstante, para facilitar esa transición necesita dar sentido y obtener aprendizajes de lo vivido”, dice la directora de Avance Psicólogos. “En las circunstancias actuales estamos aprendiendo buenas lecciones: desarrollo de la empatía con los demás, la búsqueda del equilibrio entre todos, como sociedad, y el valor de la tolerancia y la paciencia”, subraya.

Como añade la Dra. Viladecans, “para conseguir un estado de ánimo equilibrado en esta época es importante poder adaptarnos a ella, así que lo fundamental es abordar el día a día desde lo que podemos hacer en estos momentos de pandemia.

“Puede que la situación vuelva a la normalidad como era antes o no, y aunque debemos tener la esperanza de que todo mejorará, es importante conseguir esa adaptación, así que adaptarnos a las nuevas formas de trabajo o de relación e intentar realizar actividades que nos gratifiquen sin la presencia de otros es importantísimo también”, añade. ¿Por ejemplo? “Dedicar tiempo a relajarnos y a hacer deporte influirán en cómo nos sintamos, además de tener una rutina diaria y estar ocupados. Pensemos en lo que podemos hacer con lo que tenemos y adaptémonos a la situación para conseguir un estado de ánimo equilibrado”, concluye la experta de Doctoralia.

Covid

Covid persistente: las secuelas neurocognitivas permanecen hasta 12 semanasamp-redaccionmedica-com.cdn.ampproject.orgLa enfermedad por Covid persistente se está identificando cada vez más debido a la permanencia de síntomas como dificultades neurocognitivas, fatiga profunda, debilidades musculares y depresión, los cuales durarían entre  3 a 12 semanas después de la infección con SARS-CoV-2, según un estudio publicado en la revista Oxford Open Immunology. Este hallazgo abre un puente en el campo de la neurología por las secuelas del virus en el sistema nervioso central (SNC).

Al principio de la pandemia los expertos anunciaban que el coronavirus era una enfermedad que tenía como tiempo de duración entre una y tres semanas. Esta realidad, sin embargo, se ha visto opacada por la gran cantidad de casos de pacientes que han experimentado síntomas más allá de ese tiempo, incluso llegando a sufrir problemas de salud durante más de 12 semanas (un 80 por ciento de pacientes hospitalizados informó que al menos un síntoma duró más allá del primer mes desde el contagio).

«En los últimos años, hemos sido testigos de un aumento en el número de estudios que informan sobre anomalías inmunitarias, que muestran predominantemente un aumento en la actividad del sistema inmunológico innato, en condiciones como el síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica, fibromialgia, disfunción cognitiva, depresión y otros trastornos de salud mental. La evidencia que respalda la participación del sistema nervioso central (SNC) en la infección por SARS-CoV-2 proviene de estudios que muestran presentaciones neurológicas, psiquiátricas y neuropsiquiátricas en el contexto de casos confirmados de Covid«, explican los autores del estudio en la publicación.

Varias infecciones virales pueden causar daños importantes a la estructura y función del SNC y dar lugar a la aparición de encefalitis, encefalopatías tóxicas o lesiones desmielinizantes. Esto se ha explicado anteriormente en parte por la capacidad de estos virus de «invadir» el SNC, potencialmente dañando la barrera hematoencefálica, provocando daño nervioso directo y activando microglia y astrocitos en el cerebro y conduciendo a un efecto proinflamatorio Estado a nivel central.

Se han detectado transcripciones de ARN del SARS-CoV-2 en una pequeña cantidad de tejidos cerebrales humanos a partir de estudios recientes de autopsias, lo que respalda la idea de que este virus podría afectar el SNC y el tejido cerebral.

Estudios recientes han proporcionado pruebas de la capacidad neuroinvasiva del SARS-CoV-2 e identificado características patológicas con infiltrados mínimos de células inmunitarias.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.

Interacción

Adiós a las conversaciones de ascensor, a comentar sobre el tiempo con los conocidos… las relaciones sociales perdidas influyen en la personalidad

¿Nos volveremos más introvertidos y con tendencia al aislamiento?

Salud

Cómo la pandemia ha empobrecido la interacción fuera del círculo de los más allegados

¿Nos volveremos más introvertidos y con tendencia al aislamiento?Cees Van Gelderen

La gran mayoría ha reducido sus contactos solo a los más cercanos.
Mantener algunas actividades sociales cotidianas repercute en tu biene

El buenos días al entrar en el ascensor de la oficina, el comentario sobre el tiempo al cruzarte con un vecino, o sobre que has entrado a por nada y te vas con las bolsas a tope con la cajera del supermercado del barrio… hasta hace unos meses la rutina de cada día. Pero hoy esas relaciones sociales con conocidos, personas con las que sólo compartes lazos ligeros, se han vuelto muy limitadas o incluso han desaparecido, por las circunstancias de la pandemia. Los expertos nos cuentan cómo puede afectarnos.

Son personas que conoces, pero no demasiado, de las que sabes lo justo, pero con las que con frecuencia intercambias un saludo, una sonrisa, un comentario breve. Esas relaciones se han perdido (o casi) con la situación que vivimos, sobre todo en las ciudades, porque ya no vamos a muchos sitios a los que íbamos, y muchas veces evitamos pararnos a charlar con personas con las que antes lo hacíamos. «La falta de esas breves interacciones sociales con conocidos de nuestro entorno también ha tenido un impacto relevante en el sentimiento de soledad y aislamiento de muchas personas, según mi experiencia como psicóloga clínica y terapeuta», explica Laura Rojas Marcos, doctora en Psicología. «Y también ha contribuido al desarrollo del síndrome de fatiga pandémica. No olvidemos que el ser humano es emocional y social, necesita sentirse conectado».La gran mayoría ha reducido sus contactos solo a los más cercanos.Kike Palacio

«Todos teníamos un círculo de personas conocidas, con las que te cruzabas e intercambiabas tres frases, y ahora ya no nos encontramos con ellos, y echamos de menos esas conversaciones en las que no todo era el Covid, donde veías la sonrisa del de enfrente, e incluso hacías un esfuerzo por sonreír, eso es muy importante», opinaba la psiquiatra Marian Rojas en la COPE. «Es lo que el sociólogo americano Mark Granovetter llamó La fuerza de los lazos débiles. Sabemos que sentirnos parte de un grupo tiene un impacto fundamental en el cerebro, incluso mejora el sistema inmune, y esto no se refiere solo a nuestro pequeño círculo de 4 o 10 personas, sino a las relaciones transversales con gente de otros grupos, de diferentes estilos, eso nos enriquece. Este sociólogo dice que muchos empleos se consiguen con esas conversaciones intrascendentes, en las que puede surgir la casualidad. Pero debido al coronavirus evitamos estos encuentros, y aunque somos sociables por naturaleza y necesitamos relacionarnos para sentirnos bien ahora lo primero que hacemos es medir el riesgo al acercarnos a alguien, somos desconfiados y estamos en modo supervivencia. Ha cambiado por completo la forma de relacionarnos y creo que nos dejará tocados durante un tiempo», añade.Mantener algunas actividades sociales cotidianas repercute en tu bienestar y te hace sentir más conectada.Uxío Da Vila

«Hay un montón de cosas que hemos dejado de tener y que antes tenían un papel muy importante en nuestro funcionamiento como personas y como sociedad, por ejemplo los abrazos (aunque no a todo el mundo le gustaban ni los necesitaban), tocar a los seres queridos, o un ejemplo más tonto, compartir un ascensor con dos desconocidos, aunque es igual de importante y hasta positivo», opina Nacho Coller, psicólogo autor de Vivir nunca falla (Penguin Random House). «La perdida de gratificaciones, como son los abrazos o pasar tiempo con los amigos (el mejor antidepresivo junto con el deporte), hacen mella y favorecen el cansancio y la desesperanza, y de una forma u otra, es más fácil que las personas más afectuosas y con más necesidades de contacto social tengan síntomas depresivos. Las personas con mucho miedo a contagiarse, por edad o una mala experiencia, tienden a evitar el contacto social y eso no es saludable para la salud mental».

«Intenta mantener algunos contactos, siempre que se respeten los protocolos de seguridad. Es bueno salir a dar un paseo cada día, o tomarse un café en alguna terraza…. Con prudencia y responsabilidad (mascarilla, higiene de manos y distancia física) es positivo aprovechar esos momentos fuera de casa para interaccionar con vecinos o conocidos, el tiempo de los recados es una buena oportunidad para hablar y compartir, aunque sea brevemente», recomienda Laura Rojas Marcos.

Teletrabajo

Los 14 errores más comunes que comete la gente que teletrabaja (casi sin darse cuenta)

Los 14 errores más comunes que comete la gente que teletrabaja (casi sin darse cuenta)

Visto desde fuera el teletrabajo parece el sueño de cualquiera: sin el aliento del jefe pegado al cogote, sin traslados, sin dress code. En la práctica, puede ser más cop. Y serás tú quién deba marcar los límites.

1. Creer que vas a trabajar menos 

Confundir el teletrabajo con estar de vacaciones es de primero de teletrabajador. “En la oficina, el jefe o la dinámica de la empresa imponen la agenda: a qué hora se entra, qué hay que entregar y a qué hora, cuándo cerrar reuniones con un cliente… Cuando trabajas en casa (o en un coworking), salvo que tengas que fichar, es fácil tender a relajarte. Y eso da problemas: tienes que seguir cumpliendo con los plazos y debes estar localizable a ciertas horas”, explica Jana Fernández, experta en gestión del tiempo y del descanso. Hay que tener claro que vas a tener el mismo trabajo que en la oficina y que necesitas un horario. Y tu horario tiene que ser moderadamente normal.

2. Ponerte un horario a contracorriente

La mayoría trabajamos de día y dormimos de noche. ¿Eres profesional liberal? Eso te da cierta flexibilidad horaria. Pero no tanta como crees. “Es un error habitual creer que como estás en casa puedes organizarte como quieras. Es una verdad a medias, porque muchas veces tu horario tiene que estar sincronizado con el resto del mundo», apunta Fernández. Si eres diseñadora gráfica es posible que un cliente te llame a las 11 de la mañana para comentar algo de los carteles que estás realizando y no le guste que no le cojas el teléfono porque eres de ‘biorritmo de búho’ (personas que prefieren trabajar de noche). Y recuerda: los mails enviados a medianoche causan sensación de desorden profesional. Las llamadas a deshoras, también.

3. No respetar el horario

Si nunca pasas por la oficina después de cenar, no abras el ordenador antes de acostarte para chequear el correo solo porque lo tienes sobre el sofá. “En casa al final no hay un espacio físico-temporal delimitado. Pero tenemos que tener claro que, si estás fuera de tu horario, no tienes que hacer nada de trabajo. Que un error habitual es que sean las diez de la noche, vienes de fregar y te pones a contestar un mail que acaba de llegar en el ordenador”. ¿Y si te ponen reuniones fuera de tu jornada? “En el último años los trabajadores hemos sido muy flexibles en este punto, pero no todos los jefes han estado a la altura. Debe haber flexibilidad por ambas partes. Si me gusta echarme la siesta y pongo un Teams a las seis hundo en la miseria al resto del equipo”.

4. Interactuar demasiado con los compañeros

Trabajas en equipo con varios compañeros. Antes te girabas y se lo decías a la cara. Ahora, cada vez que tienes una duda o necesitas saber cómo va su parte, le llamas. O le mandas un correo para decir que ya has terminado con lo tuyo o que te has atascado con un proveedor. Y viceversa. Al cabo de la jornada, todos tenéis un aluvión de mails (o wasaps) que os restan eficacia como equipo. La solución está en poneros un tablero común, tipo Trello, donde cada uno vaya actualizando cómo va su parte. Con un Zoom rápido diario (de unos 15 minutos) a primera hora será suficiente para ponersos al día. El resto, mejor en un tablero común.

5. No crear tu espacio

Delimitar un espacio de trabajo – tu mesa con tus cosas– te ayuda, según Fernández, a “poner la mente en modo trabajo. En la oficina hay unos límites espacio-temporales que son la hora de fichar y tu mesa de trabajo. En casa deberías tener tu rincón y tus rutinas. Por rutinas entiendo tener los bolígrafos a mano, la libreta cerca y, si te pones tu vela aromática favorita, encenderla siempre. Y procurar ponerte siempre en el mismo sitio. Son los detalles que le dicen al cerebro que se ponga en modo ‘on’ a trabajar”. La vida real no es Instagram. No vale que sea un sitio bonito (por ejemplo, la terraza) si no estás bien sentada, te da el sol en la pantalla o te distraes con el paisaje. “Nos han vendido lo de ser nómadas digitales como que puedes trabajar en cualquier sitio y no es del todo así. Lo mismo debajo de un cocotero con un daiquiri o en ese café tan molón con la música alta te dispersas mucho. O no hay buena conexión wifi y vas más lenta”. Sobre la mesa y la silla, insiste en la necesidad de primar la ergonomía. “Es muy posible que esa mesa de diseño tan chula del salón no sea la más adecuada para tirarte ocho horas sentado. Invertir en una mesa y una buena silla será tu mejor inversión».

6. Procrastinar o acelerarte

En tu horario de trabajo, trabaja. Nada de tender una lavadora, terminar ese capítulo de Netflix o enredar en redes sociales. “Procrastinar es fácil cuando trabajas en el mismo espacio donde ves la tele o comes. Pero también está el polo opuesto: ser muy autoexigente, querer hacer más y estar todo el día con la sensación de no hacer lo suficiente”.

Girl working at home

Tener un lugar cómodo y adaptado a nuestro trabajo es vital para optimizar el tiempo y no acabar con problemas de espalda. 

7. Quedarte en pijama

Ropa cómoda, sí. Trabajar en pijama, no. “Pero un no rotundo. Igual que tener tu espacio o un horario ayuda a ponerte en modo operativo, quitarte lo de dormir, ducharte y vestirte te prepara mentalmente para trabajar. Si te quedas en pijama todo el día eres un cojín más”, insiste Fernández.

8. Comer junto al teclado

Ni comilonas de dos horas ni engullir en pocos minutos sin levantar la vista del ordenador. “Comer es una necesidad y hay que hacerlo bien, dedicándole su tiempo. Puedes dejarte la comida preparada la víspera, pero dedícale al menos media hora a comer. Y come rico, advierte Fernández. A renglón seguido previene de otro peligro del teletrabajo: los viajes constantes a la nevera. “Establece una rutina y síguela con disciplina también para la comida. Y, por supuesto, nada de dejar de comer porque estás en casa. El cuerpo necesita un pequeño receso en la jornada laboral”.

9. Establecer pausas que interrumpen

El famoso Pomodoro no siempre se ajusta a todas las profesiones. “Si estás muy concentrado en algo, te compensa más hacerlo del tirón que estar parando cada 25 minutos. Mejor que imponerte pautas porque lo dice tal o cual gurú, analízate. Mira cuáles son tus momentos de productividad y cómo poner las pausas. Eso sí: encuentra tu propia estructura e incorpora parones. Tu cuerpo y tu mente los necesitran”.

10. No priorizar

Trabajes sola o en equipo, tu eficacia depende de tu cuenta de resultados. O sea, de los trabajos terminados. Stephen R. Covey, autor de un libro sobre gestión de tiempo y efectividad llamado First Things First, lo denomina big rock (grandes rocas). En casa es fácil dispersarte: pones una lavadora a media mañana porque está llena y mañana llueve, bajas al súper a primera hora porque así la fruta está mejor, entras en Wallapop a dar una vuelta… Al final, la jornada se te ha llenado con pequeñas cosas que te impiden dedicarte a fondo a tus big rocks y eso hará que te alargues hasta tarde y tengas la sensación de que te tiras todo el día trabajando. O de que el cliente te llame y no tengas las cosas listas. Prioriza. Recuerda: aunque teletrabajes, sigues estando en tu jornada laboral.

11. No calcular bien el tiempo

¿Cuánto tardas en hacer ese informe? ¿Y si tienes que salir a comprar materiales o visitar a un cliente? Cada tarea lleva un tiempo. Un error habitual es creer que tardamos menos de lo que en realidad tardamos y pretender hacer más tareas de las asumibles. La clave está en observarte unos días y apuntar cuánto tardas en hacer cada tarea. Hay aplicaciones como Tracking Time que te computan el tiempo que has dedicado a cada tarea del día. Hazlo durante una semana y saca una media de cuánto tiempo necesitas para cada tarea. A partir de ahí, ya puedes asignar las tareas de cada jornada sin saturarte ni quedarte corta.

12. No organizarte la agenda

Hay tareas apetecibles y otras que son un ladrillo. También hay tareas que ponen en marcha mecanismos necesarios para ejecutar otras tareas. Por ejemplo, llamar al proveedor para que te envíe cartuchos de tinta (esa tarea que en la oficina siempre hacía el becario). Si llamas tarde, lo mismo no te lo tiene para mañana. Si lo haces a primera hora, tal vez incluso puedas tenerlo hoy. Finalmente, hay tiempos perdidos inevitables por desplazamientos. Por ejemplo, esa visita al laboratorio, a la fábrica o al almacén. Obviar esos pequeños detalles pueden hacer que llegues tarde, que sufras porque no encuentras dónde aparcar o no te dé tiempo a completar todas las tareas que esperabas en el día. La solución es organizarte bien la agenda del día (Time Blocking en lenguaje de recursos humanos)prioriza, asigna duraciones y organiza hora por hora todas las tareas del día. Hazlo en una agenda de papel de toda la vida o, como sugiere Lucía Jiménez Vida, usa los calendarios digitales (Google Calendar, iCalendar…).

13. Bloquear tiempo libre

Igual que bloqueas tiempos para trabajar y para los desplazamientos, bloquea tiempo para descansar. O para tus cosas. No respondas correos a partir de cierta hora, no uses el tiempo de la siesta del sábado para leerte esa documentación que tienes pendiente. Y, muy importante: no consideres el tiempo que no estás trabajando como tiempo perdido. Es tu tiempo libre: respétalo y llénalo con cosas que te gusten, como leer un libro, salir a pasear, hacer deporte… Es tan válido a final de la jornada como a mitad de la misma. “Puedo ponerme que voy a trabajar de 9 a 13 y de 16 a 20. Y a mediodía, descanso y leo un libro”, señala Jiménez Vida.

14. Enclaustrarte

Necesitamos contacto social de verdad. “Para muchas personas el grupo de trabajo era su único grupo social. De acuerdo que ahora no es el mejor momento para reuniones sociales, pero, de cara al futuro, hay que procurar seguir manteniendo contacto cara a cara», insiste Fernández. Las redes sociales están bien, pero no eliminemos lo que nos hace diferentes, que es el poder relacionarnos físicamente con otros”.

Colivings

La moda de la pandemia: «Surgiendo supuestos ‘colivings’ como churros»

Coliving Barcelona
Enso Coliving
Airbnb
Pisos de estudiantes

«Un espacio de coliving es un lugar en el que se busca compartir lugares y momentos, especialmente para gente a la que le gusta conocer diferentes tipos de personas de diferentes lugares». La historia de Xacobo, residente en uno de los colivings de Campus Madrid desde agosto de 2019 puede ser la de muchos de sus compañeros de piso. O colivers.

Para Max Pinnau, residente en el mismo coliving desde agosto de 2019 hasta diciembre de 2020, esta experiencia tiene fecha de caducidad. Tomando el lugar como un impulso a su carrera profesional, por la infinidad de contactos creados, la realidad es que «cansa vivir con tantas personas». Matías, pareja de otra coliver, ha decidido mudarse a un piso privado, pero también bajo el paraguas de esta forma de vida. Pese a todo, entiende que es solo para una etapa de la vida». Junto a su pareja, ya está empezando a mirar pisos bajo alquiler tradicional.

Álvaro es, por otro lado, uno de esos casos que estrenó el modelo en Madrid en septiembre de 2018 y ha ido saltando entre diferentes localizaciones. Para él es lo más cómodo de momento. Sin cargas familiares y un trabajo que le permite viajar, quizá es lo más cómodo.

Todos tienen una línea común. Prefieren pagar un poco más (la media está a partir de 700 euros) por vivir en una suerte de pisos compartidos con todo incluido con grandes lugares privados y comunes. Desde la limpieza, hasta los servicios principales de agua, luz o internet. Pagando por meses, incluso con tarjeta de crédito –perfecto para los que solo vienen un tiempo–, y buscando socializar con una comunidad.

Un modelo importado de Silicon Valley, normalmente para jóvenes trabajadores o estudiantes de máster, la realidad es que el modelo ha atraído las miradas de los grandes inversores. Con ellos, una larga lista de colivings que poco a poco se alejan de idealismo original. De lo que impulsó el negocio, la realidad es que ahora han salido muchos competidores de todos los tipos y situaciones. De los pisos turísticos buscando un nuevo nicho, pasando por los hoteles o los pisos de estudiantes. Un hecho que, desde el sector, ya se mira con suspicacia. Se abre la era del todo vale bajo un nombre cool.

Barcelona, cuna y reina del modelo de moda

La de Álvaro es la historia de uno de los cientos de colivers que residen en Barcelona. La ciudad es, de hecho, el lugar de concentración de la mayor parte de ejemplos de esta evolución moderna de vivir con compañeros con todo incluido; boyante, en gran parte, por la atracción de talento extranjero temporal, conocido en el sector como población flotante.

Ya creciente antes de la pandemia, ha sido el coronavirus el que ha puesto sobre la mesa el modelo de colivings como «la solución a todos los problemas del sector inmobiliario»; la eterna cuenta pendiente en España. La caída del turismo se ha llevado por delante la actividad hotelera y la de los pisos turísticos. Con una baja rentabilidad en el alquiler tradicional, la prometida gallina de los huevos de oro parece que ha venido para quedarse. Las cifras se sitúan por encima del 7,5% de rentabilidad (8% en el mejor de los casos) sobre los activos, muy por encima del 4% (5% siendo optimistas) de un alquiler convencional. La panacea que ha venido bajo el brazo con un modelo del «todo vale».

Son ya muchos los fondos y Socimis que apuntan al negocio coliving como su apuesta a futuro. Ya en 2019, la gestora de patrimonio Mazabi destinaba 40 millones de euros en la creación de un coliving. En la misma fecha, Inversiones Onys 22 destinaba 25 millones de euros al mismo proyecto. La Socimi Excem ya cotiza en el MaB con la propuesta de «vivienda para millennials».

Los conservadores: porque también los hay en el sector de los ‘colivings’

Pese a lo nuevo que pueda parecer el concepto, y la atracción de los inversores, algunas empresas locales llevan años trabajando con ese modelo de negocio. Inèdit, fundada por Laia Comas, lleva 11 años luchando por presentar su modelo heredado de Silicon Valley. «Solo ahora, desde hace dos años, empezamos a escuchar sobre colivings«, explica a Hipertextual, «los grandes inversores ven que es una salida a la crisis inmobiliaria y le están dando bombo al tema». Antes del boom, su discurso venía de la mano de buscar una forma de vida que conecte con las ciudades y los inquilinos.

Lo que para Laia es un concepto de vida que va más allá de alquilar habitaciones en pisos compartidos, para esos grandes inversores es una nueva oportunidad de negocio muy rentable, alejada de la complejidad del piso turístico y del bajo rédito del modelo tradicional.

Inèdit, de hecho, es de las pocas empresas de colivings que se mantiene en la posición más purista de este tipo de negocio; huye de los pisos que parecen comunas de estudiantes o edificios convertidos en apartahoteles. Una postura que ha tenido que mantener tajante desde el fin de los primeros confinamientos ante la avalancha de peticiones.

Funcionando como gestor de propiedades, la compañía ha vivido la pandemia con la llamada de «cientos de gestores y propietarios de viviendas de todo tipo que quieren cambiar de modelo de negocio», explica Laia. ¿El motivo? Se ha dicho que es la solución, pero lo único que ha generado es que «empiecen a surgir supuestos colivings como churros; de los que habrá que ver qué pasa después de la pandemia y cuántos de estos siguen llamándose así», añade.

Junto a los que llevan años trabajando, otras compañías se han sumado a la apuesta por este modelo de negocio. Urban Campus en Madrid lleva ya algunos años operando en la Madrid como una de las opciones más populares bajo el modelo de gestión de edificios completos. Otras, como Enso Coliving, lleva dos años operando en Barcelona; en los primeros albores de la popularización del modelo de negocio.

De hecho, Enso ha sido una de las beneficiarias de la atracción de financiación privada de último cuño. La compañía acaba de cerrar una ronda de 450.000 euros de la mano de The Crowd Angel para crecer por todo el país. Todo bajo la firme convicción de que el modelo de vida está en pleno cambio: «Tu casa deja de ser tu casa, es el pago por uso y no el pago por propiedad lo que vendrá a imponerse», explican sus fundadores a Hipertextual.

Los pisos turísticos, los eternos inadaptados

La caída del negocio de Airbnb a nivel global se cifra en un 89% en 2020 como consecuencia de la pandemia, según datos de Statista. El propio fundador de la tecnológica, Brian Chesky, asumía que habían perdido en cuestión de semanas un negocio de 12 años. Pero la crisis no solo era para la compañía de estancias turísticas más grande del mundo sin ningún piso en propiedad; el problema era mucho más mundano.

La larga lista de pisos turísticos, que habían huido del alquiler en busca de una mayor rentabilidad, se quedaron sin negocio de la noche a la mañana. Algunos contrarios a este sistema lo han llamado Karma. Más de 9.000 viviendas en Barcelona, reconvertidas para sacar el mayor partido al sector, dejaron de ingresar del turismo internacional para quedarse con las deudas. A pocas semanas del inicio de la pandemia, de hecho, muchas de ellas comenzaron a migrar a nuevos horizontes.

¿Dónde estaba el objetivo ahora? Por supuesto, en el coliving. No solo por la caída del negocio, también por el endurecimiento de la normativa del sector, que ha hecho que grandes inversores patrimonialistas busquen un nuevo enfoque a sus propiedades.

Mucha demanda de ‘colivings’, pero a corto plazo

Inèdit cifra el crecimiento de las peticiones de convertirse en colivings por parte de pisos turísticos en un 45% aproximadamente. Donde antes no había ningún interés, ahora se ha disparado. Especialmente antes de verano, cuando la incertidumbre para los meses más rentables estaba asentada en el sector.

Sin embargo, avisan, es un terreno desierto para la mayor parte de las peticiones por la propia historia de los pisos turísticos. Pese a estar bien localizados, uno de los requisitos del coliving, la tendencia ha sido la de convertir los grandes pisos señoriales del centro de la ciudad en compartimentos estancos. Pequeños apartamentos de 40 metros cuadrados, algunos sin ventanas al exterior y con lo justo para pasar una semana de vacaciones: «Pocos metros que dan mucha rentabilidad, pero que a nosotros no nos sirven porque no es lo mismo estar ahí una semana que un año», explica Laia. La tendencia de los colivings va justamente a lo contrario: mantener esas dimensiones para garantizar el espacio individual en un entorno compartido.

Tampoco gusta la limitación del tiempo. La rentabilidad del piso turístico es difícilmente comparable a cualquier otro tipo de alquiler, sea flexible o no. El piso turístico quiere volver a la antigua normalidad, algo que para Inédit no es viable: su objetivo es mantener las propiedades en cartera durante largos períodos de tiempo, principalmente por la inversión que esto supone. Para Enso, de momento, es una vía de negocio aceptable. Si bien no bajan de las características comunes de este modelo de vivienda, sí aceptan liberar el espacio durante los meses más rentables para el turismo: el verano.

La reforma de la LAU

El problema secundario que el sector ve en estos modelos de colivings advenedizos es las consecuencias que tendrá en el modelo a corto plazo. Sometidos a la Ley de Arrendamientos Urbanos(LAU), la última propuesta de modificación con decreto ley 50/2020 aún pendiente de aprobación por Parlament, no gusta demasiado al colectivo.

Modificando la ley 11/20, la propuesta de cambio quiere autorizar los pisos pequeños para su uso como coliving, siempre que dispongan espacios comunes suficientes. Quiere decir que la nueva ley establecería una superficie mínima de los espacios comunes y privativos partiendo de la base de los 70 metros cuadrados. Una tamaño de vivienda que, para el sector, es insuficiente en relación al concepto de vida que proponen. «Esto no es coliving, no sé lo que es aunque a alguien le valdrá. Esta reforma es crear miniapartahoteles», apunta Laia sobre esta cuestión.

¿Vivir en un hotel? ¿También bajo el modelo de los ‘colivings’?

Enemigos por naturaleza, el piso turístico y los hoteles tradicionales van de la mano en la situación actual. Solo para el negocio hotelero, 2020 se ha saldado con freno en la inversión del 42%, y un 92% de su facturación anual. Capear el temporal como sea para mantener ingresos –por exiguos que sean– es la máxima del colectivo. Con el beneplácito de la normativa, se ha permitido a los establecimientos hoteleros reconvertirse en espacios de reservas de larga duración. Firmas como Silken, Royal o Gallery Hoteles, de la mano de Aticco, se han subido a la cresta de los colivings, más o menos.

Y más menos que más porque al colectivo purista no le gusta su nuevo compañero de trabajo. Lo tienen claro: «A la gente no le gusta vivir en un hotel» y aunque saben de la mala situación del negocio hotelero, rechazan este «todo vale». Pese a todo, Enso lo reconoce: «Al principio teníamos mucho miedo de estos hoteles híbridos porque venían con un modelo que quizá podría triunfar». La realidad es que ya cuentan entre sus clientes a aquellos que han huido del modelo hotel para encontrar el coliving puro.

Tanto Enso como Inèdit han recibido ofertas para incluir hoteles en su cartera y los resultados no han sido los esperados: la inversión a realizar, especialmente si esta tiene que ser temporal, es demasiado alta. «Por supuesto que un hotel se puede convertir en coliving«, apunta Laia, «pero no vale cambiarse solo de nombre». Esto es lo que, a fin de cuentas, viene a suceder convirtiendo el modelo en una suerte de edificio de estudiantes. De hecho, muchos de los proyectos rechazados por ambas compañías son ahora colivings en su web. Establecimientos a los que se les ha añadido una cocina en un office común para 40 habitaciones y una sala de estar en lo que, otrora, formaba parte de la recepción del hotel.

Algunos de ellos, apuntan, ofrecen desayuno al modelo de un hotel y resuelven el asunto de la comida con un microondas. De hecho un rápido vistazo a alguna de las webs de hoteles bien podrían estar ofreciendo una suerte de media pensión de larga duración en vez de un coliving de pleno derecho. El caso de Actual Hotel, ahora Actual Coliving, se limita a una nevera en la habitación y desayuno buffet.

Para los que vienen de los colivings de siempre, esto es un parche temporal. Un secreto a voces también desde dentro. El Director General del Gremi d’Hotels de Barcelona, Manel Casals, apunta que esto «es un elemento puramente circunstancial; cuando volvamos a tener ciertas normalidad en el mundo los hoteles volverán a su actividad natural porque para ellos es más vendible».

El clásico ‘bed and breakfast’ vuelve a la carga

Álvaro es uno de esos llamados colivers que reside en lo que hace unos meses era un bed and breakfast(BNB) de toda la vida; ahora busca una nueva ubicación en una zona rural también bajo esta forma de vida. De hecho, parece una ironía, pero los colivings podrían ser la perfecta evolución con nombre en inglés de la pensión de toda la vida. Retratada en la literatura mil y una veces, con muchas las historias que han salido de una pensión en la que los personajes más variopintos comparten techo y experiencias.

Ca la María, regentado por María Inglada, ha sido uno de esos negocios que se ha pasado al coliving hasta que el modelo BNB vuelva a ser rentable. Con 8 habitaciones grandes con baño privado, grandes espacios comunes interiores y exteriores en pleno centro de Barcelona tiene la posibilidad de hacerlo.

Una rara avis dentro del sector que, de hecho, compatibilizó ambos sistemas entre junio y septiembre. Desde finales de verano mantiene solo el sistema coliving. De volver a entrar turismo en Barcelona, María no descarta retornar al sistema BNB para lo que tendría que avisar a sus inquilinos permanentes. El sistema de María es, quizá, una concepción menos tradicional del sistema: «sí que es cierto que hay confusión con esto; yo me he vendido como coliving, pero con mi propio concepto. Al final si tienes público es que quizá los que estamos equivocados somos nosotros y sí que todo vale».

La guinda del pastel: los pisos de estudiantes

Si algo le duele al coliving de pura raza son los pisos de estudiantes de nuevo cuño reconvertidos a colivings. No tanto por el modelo de negocio, sino más por el puro concepto de forma de vida. Para las empresas del sector hay una cuestión muy clara: pese a que los coliving acogen a estudiantes, hacen una diferencia muy clara entre una residencia y su forma de vida. «No somos la madre de nadie», explican desde Enso, «y tampoco se trata de compartir gastos como en una comuna».

Algo que desde Inèdit tampoco aceptan: «No me sirve tener un edificio de pisos de 80 metros cuadrados y un espacio común limitado porque eso es una residencia de toda la vida». Desde su punto de vista, el coliving no deja de ser una vivienda compartida con personas del mismo perfil, con el añadido de la integración en la ciudad y comunidad.

Pese a todo, asumen que es una tendencia que viene repitiéndose desde hace tiempo alentado, en gran medida, por los grandes inversores. Y que ha tomado forma con modelos de colivings de edificios completos, el sistema de Urban Campus, que bien podrían ser la evolución adulta de dichas residencias. De esta manera, empresas como Students Housing ahora se conoce como Vanguard Coliving; algo similar a una Coasis Coliving, gestionado por María Inglada junto a Ca la María, que hace unos meses eran pisos para estudiantes extranjeros.

La excesiva vida en comunidad, y los continuos cambios de modelo concreto de vida, suele ser el principal motivo de cambio para muchos de los residentes de estos edificios. «Va a ser difícil que te encuentres gente que está más de un año y medio viviendo así», explica Max Pinau –antiguo residente de Urban Campus– a Hipertextual, «al final necesitas una casa con lugares mucho más privados».

Política

¿Por qué a los políticos les cuesta tanto ponerse de acuerdo?

No es fácil ver a un dirigente de un determinado partido político dar la razón a alguien de otro partido. Más aún cuando el debate es entre contrincantes que se definen como de izquierdas o de derechas. Desafortunadamente, ya nos hemos acostumbrado a escuchar cómo los mismos argumentos pueden ser defendidos o atacados por unos u otros políticos según sus intereses. Y no es que nuestros dirigentes no sean inteligentes –quizás algunos están en duda–. Lo que sí podríamos poner en duda es su capacidad de ser razonables.

José Ortega y Gasset, uno de los filósofos e intelectuales españoles más influyentes del pasado siglo, dijo: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Aunque podamos estar de acuerdo con don José, vamos a no ser tan severos, pues quizá entonces pecaríamos de ser nosotros los poco razonables.

Se puede ser inteligente y poco razonable, o todo lo contrario

Keith Stanovich, psicólogo de la Universidad de Toronto (Canadá), ha dedicado una buena parte de su vida académica a desarrollar una prueba que permite medir la racionalidad, del mismo modo que hay cuestionarios que, a través del cociente intelectual, miden nuestra inteligencia.

Con esta prueba, denominada “Evaluación exhaustiva del pensamiento racional”, Stanovich ha demostrado que la inteligencia no está estadísticamente correlacionada con la racionalidad. En otras palabras: se puede ser muy inteligente y, a la vez, actuar de modo muy poco racional. O, al contrario, personas con bajo coeficiente intelectual pueden obrar muy razonablemente.

En una entrevista reciente, Stanovich pone como ejemplo a los antivacunas que, mediante argumentos basados en el miedo y las conspiraciones, sin duda llegan a influir en padres e incluso en profesionales de la salud, siempre con informaciones falsas, y no revisando e ignorando las fuentes científicas. Entre ellos incluso se encuentra un premio Nobel, cuya inteligencia nadie pone en duda. Eso sí, muy razonable no parece ser.

En mayor o menor medida, todos tenemos una idea aproximada lo que es ser razonable. Sin embargo, dar respuesta a la pregunta “¿qué es la razón?” no resulta nada fácil y es uno de los grandes temas de debate filosófico.

En este sentido, hoy día se admite que no hay un único tipo de racionalidad, sino que podemos hablar de una racionalidad cognitiva, como la científica, y de racionalidad práctica. En este segundo tipo de racionalidad podemos, a su vez, encontrar la racionalidad técnica y la estratégica. En definitiva, la racionalidad se presenta como un concepto plural con distintos significados según el contexto social, económico, administrativo y político.

Qué nos dice la neurociencia sobre ser, o no, razonable

Nuestras emociones juegan un papel fundamental en mantenernos fieles a lo que creemos, y nos llevan a defender y argumentar de un modo que, aparentemente, parece de lo más razonable. Sobre todo, tal y como comentamos al comienzo de este artículo, si se trata de asuntos políticos.

En un interesante estudio, un grupo de investigadores californianos demostró la existencia de un mecanismo neural que gobierna el comportamiento que nos hace ser firmes en nuestra ideología pese a constatar hechos que contradigan nuestras creencias. Se basa en la denominada red neuronal por defecto (default mode network), la red principal y más importante para el funcionamiento del cerebro, y de la que ya hablamos en otro artículo en The Conversation por su importancia para desconectar y descansar.

Los principales resultados del trabajo indicaron que, ante argumentos que retan a nuestra ideología, se activan áreas del cerebro que nos llevan, a través de la red neuronal por defecto, a nuestro mundo interior y nos desconectan de la realidad externa. Además, demostraron que las personas capaces de cambiar su forma de pensar muestran menos actividad en la amígdala y en la ínsula, estructuras cerebrales bien conocidas por su implicación en la regulación de las emociones y los sentimientos.

Es decir, las emociones juegan un papel crucial para mantenernos firmes en nuestras creencias. Además, las estructuras nerviosas relacionadas, que a su vez están implicadas en mantener la integridad y el equilibrio fisiológico de nuestro organismo, se activan para proteger nuestra vida mental y nuestra identidad, claramente apoyada en nuestra ideología.

Un poco de mates –y cine– para la cooperación

¿Quién no ha visto la película “Una mente maravillosa”, en la que el actor Russell Crowe protagoniza al matemático John F. Nash, premio Nobel en economía por el desarrollo de la Teoría de Juegos y su aplicación en la economía?

En esta teoría matemática los juegos no son de azar, sino que se refieren a situaciones y conflictos en los que hay que tomar decisiones para tratar de obtener beneficios, o salir perjudicado, según actuemos o lo hagan otras personas implicadas. Nash, entre sus grandes aportaciones en este campo, introdujo la distinción entre los juegos cooperativos, en los cuales se puede llegar a acuerdos vinculantes, y los no cooperativos, en los cuales no son posibles estos acuerdos.

Si bien es muy conocida la aplicación de la teoría de juegos en la resolución de dilemas sociales y económicos (léase el interesante artículo de Francisca Jiménez, compañera de la UJA), no lo es tanto en política. Y eso a pesar del papel que juega en las votaciones, en la formación de coaliciones, en las preferencias de grupo y, en general, en las negociaciones y en la resolución de conflictos.

La teoría de juegos, también para su aplicación en política, se basa en tres condiciones principales: racionalidad, maximización del interés e interdependencia. No obstante, y a la vista de la realidad en la que vivimos, y de muchas de las decisiones políticas que nos afectan, bien nos vendría que efectivamente se aplicasen estas mates por parte de quienes nos gobiernan.

En cuanto al asunto de lo razonable, tal y como dijo Barack Obama en su toma de posesión, “No podemos confundir absolutismo con principios, o sustituir espectáculo por política, o tratar los insultos como un debate razonable. Tenemos que actuar, sabiendo que nuestro trabajo será imperfecto”.

Envejecimiento

Si todos queremos vivir más, ¿por qué la vejez nos parece negativa?

La palabra mayor es un término cualitativo con versiones cuantitativas en los conceptos de envejecimiento y longevidad. Hablamos de envejecimiento cuando las personas de una determinada edad (65 años) rebasan un porcentaje concreto de la población total (más del 10 por ciento). Este valor rebasa en las sociedades avanzadas el 20 por ciento, por lo que la edad estadística de inicio de la vejez está siendo revisada al alza.

La longevidad es un concepto absoluto referido a la larga vida de los individuos que en todas las especies tiene un límite –en la humana, los 122 años hasta la fecha–. De la longevidad se tiene una percepción positiva.

El envejecimiento evoca, al contrario, connotaciones negativas derivadas del esfuerzo económico –pensiones, gastos sanitarios, dependencia– para enfrentarlo. Y no debería ser así. El hecho de que cada vez más personas, sobre todo las mujeres, vivan más años y en condiciones mejores hay que verlo como una conquista social, como una especie de rejuvenecimiento generalizado.

Hoy, la vejez, entendida como un estado de acusado deterioro físico o mental, empieza más tarde. Un estudio de la sociedad gerontológica y geriátrica de Japón estima que los individuos que tienen entre 75 y 79 años equivalen a los que tenían de 65 a 69 hace quince o veinte años.

Hay efectivamente más gente mayor, pero más joven que nunca, que está en excelentes condiciones para seguir prestando una aportación insustituible a la economía y a la sociedad donde habita. Y digo insustituible, sobre todo en el ámbito económico, porque el envejecimiento se combina en nuestros países con una fuerte caída de la natalidad y una consecuente reducción de la población joven y de jóvenes-adultos.

Así pues, vamos hacia una sociedad de mayores ante la que no hay que lamentarse, sino saber utilizar bien su enorme potencial mediante las acciones y políticas adecuadas.Emma Gascó / TELOS

El hecho de que muchas personas lleguen a las edades altas de la actividad en buenas condiciones de salud y la multiplicación de trabajos que no exigen un gran esfuerzo físico, explican el crecimiento de los ocupados mayores (digamos, entre 55 y 75 años) en una multiplicidad de tareas:

  • En la llamada gig economy mediante contratos para proyectos específicos con fecha máxima de realización.
  • Como emprendedores reputados con gran capacidad de innovación y buenos niveles de productividad.
  • Como voluntarios que aportan conocimientos, experiencia, compromiso, amplia red de contactos, responsabilidad, motivación, entrega y confianza a las instituciones que ayudan.
  • Como trabajadores en el mercado laboral ordinario.

Los dos informes que tuve el honor de coordinar sobre los trabajadores séniors (55 años y más) en las empresas españolas y en las europeas aportan gran cantidad de información para conocer este segmento laboral.

Dichos trabajos incluyen datos que evidencian su crecimiento, especialmente en el caso de las mujeres; su participación creciente en el conjunto de la población activa y ocupada; sus moderadas tasas de desempleo y el aumento del autoempleo; su fuerte concentración en el sector servicios –salud, comercio, actividades profesionales o relacionadas con la formación–; la mejora de su nivel educativo; las diferencias de calidad entre las ocupaciones de hombres y mujeres o las subidas en la duración media de la vida laboral que en algunos países está por encima de los cuarenta años.

Desgraciadamente, en el ámbito de la Unión Europea, España posee una de las peores situaciones. Tenemos el porcentaje más reducido de séniors en el mercado de trabajo, especialmente pequeño en el caso de las mujeres.

Las cifras de empleo de los grupos de 55-59, 60-64 y 65-69 años están muy por debajo de las nórdicas o las de Europa central y occidental. Poseemos la mayor tasa de desempleo de estos grupos de activos. Su nivel educativo es peor que el de la mayoría de los países y tienen una duración media de la vida laboral más reducida.

Por su situación demográfica, España necesitaría tener más trabajadores de edad en su mercado laboral, pero no los tiene y los va a necesitar, lo cual exigirá políticas decididas y consensuadas entre los grandes interlocutores de ese mercado (Administración, sindicatos, empresas y los propios trabajadores).

Silver economy

También conocida como economía plateada, engloba todo el sistema de producción, distribución y consumo de bienes y servicios orientado a utilizar la capacidad de gasto de los mayores y la satisfacción de sus necesidades. Según datos de la Reserva Federal Americana, las personas jubiladas poseen un patrimonio once veces mayor que los milenial.

Ya hay muchas compañías en diferentes ámbitos que trabajan para una clientela predominantemente mayor: la sanidad, los sectores financiero e inmobiliario, el del automóvil, los cuidados personales, los utensilios para el hogar, el ocio o las nuevas tecnologías son algunos de ellos.

El gasto en salud aumenta con los años. Los mayores, especialmente a partir de una determinada edad, situada habitualmente por encima de los ochenta años, necesitan servicios especializados en el ámbito hospitalario, farmacéutico, ortopédico o de atención a la dependencia. En esta última función juegan un papel esencial los inmigrantes, que han permitido también una mayor incorporación de mujeres nativas al mercado de trabajo.

Más allá de la hipoteca inversa están apareciendo seguros y prestaciones específicas para el mercado sénior y en el ámbito inmobiliario modalidades como los seniors resort que cubren todas las necesidades de esa clientela mayor.

En el sector automovilístico, hay compañías que diseñan o adaptan modelos para facilitar su uso por personas con alguna limitación o menor capacidad. Y los grandes laboratorios ofertan gran cantidad de productos antiedad para la cara, los ojos, el cuerpo, las articulaciones, las arrugas, el cabello… que previenen, reparan, reafirman, perfeccionan, nutren, estimulan o rejuvenecen.

El envejecimiento activo no se entiende sin ocio o turismo, sectores en los que aparecen nuevos modelos de negocio. Y lo mismo sucede en el conjunto de los utensilios para el hogar con la multiplicación de productos de uso sencillo o reducida peligrosidad. Y se multiplica la oferta para los llamados silver surfers especialmente en el campo de la domótica y las herramientas y aplicaciones para Internet. No se puede decir que los mayores naveguen por la Red como sus nietos, pero tampoco son analfabetos digitales.

Función social

Además de un papel económico relevante, los mayores ejercen una función social decisiva, sobre todo en tiempos de crisis y en el ámbito familiar. Ya ocurrió con la recesión de 2008 y ahora está sucediendo con la covid-19. Los ahorros o las pensiones de muchos mayores constituyen una ayuda fundamental para familias afectadas por el desempleo de sus miembros más jóvenes.

En un país como España, y de acuerdo con el último informe del Barómetro Mayores UDP, el 42,2 por ciento de las personas de edad está socorriendo económicamente a sus hijos y otros familiares. Esta ayuda es a veces monetaria y otras en especie (acogida en sus domicilios). Y aunque la covid-19 la haya limitado, no es despreciable la tarea que desempeñan los abuelos en el cuidado y atención a sus nietos.

Aunque una mayor presencia laboral de los mayores es necesaria y debe favorecerse, no todos van a seguir trabajando a partir de una determinada edad, ni muchos van a tener la capacidad económica para ser consumidores destacados de la silver economy.

El envejecimiento irreversible y creciente exige para todas las personas mayores, especialmente para aquellas con menor fortuna y patrimonio, pensiones dignas, atención sanitaria suficiente y ayuda a la dependencia cuando resulte necesaria.

Compete al Estado la formulación de políticas activas para alargar la vida laboral, pero también para sostener esos pilares básicos del estado de bienestar del que los mayores deben ser destinatarios esenciales. Así lo demandan y así lo van a defender a través de su participación en las urnas.

En las sociedades desarrolladas, las personas de 65 años y más suponen ya una cuarta parte de los votos posibles en las elecciones. Además, votan en mayor proporción que otros grupos sociales por lo que sus sufragios adquieren una especial relevancia. Tradicionalmente han ejercido un voto conservador, estable, sin cambios bruscos, en el que no primaban sus propias reivindicaciones de grupo.

Pero eso está cambiando y la confianza de los mayores se va a decantar más por aquellas agrupaciones que mejor respondan a sus demandas. O van a apoyar a partidos creados por ellos mismos para defender sus (legítimos) intereses. Experiencias de este tipo no siempre han tenido éxito a escala nacional, pero sí pueden resultar decisivas a niveles territoriales más pequeños.

Menos jóvenes y más mayores en las sociedades avanzadas que demandan acciones y políticas para dar más protagonismo a los séniors en la vida económica y social y, al mismo tiempo, intensificar las relaciones intergeneracionales y atemperar los mitos, prejuicios, falsas percepciones o actitudes de claro edadismo hacia las personas de edad.

Los mayores son, en efecto, un grupo de riesgo, no tanto por su vulnerabilidad física, sino por la discriminación que sufren por parte de otros sectores sociales.

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