Psicología

El derrotismo autoimpuesto o cómo tu mente sabotea tus planes sin darte cuenta

Derrotismo

¿Empiezas una dieta por la mañana y acabas pidiendo pizza por la noche? ¿Te propones mejorar profesionalmente pero acabas cediendo a la procrastinación y la derrota? Hemos hablado con dos psicólogas para que nos faciliten herramientas y estrategias específicas de gestión emocional para esas (a menudo incontables) ocasiones en las que lo que deseamos y nos conviene no coincide ni con lo que nos apetece y, lo que es más grave, con lo que acabamos haciendo. ¿El problema más frecuente? Partir de la base de que no vamos a ser capaces de cumplir con nuestros propósitos, una especie de derrotismo automatizado y autoimpuesto mediante el cual nuestro subconsciente nos sabotea porque piensa ‘para qué tanto esfuerzo si no lo vas a conseguir’. La evidencia científica ha demostrado la inexorabilidad del famoso dicho “tanto si crees que eres capaz de lograr algo como si no, estás en lo cierto”. Las autoprofecías se cumplen.

Hay varios estudios que así lo demuestran, por ejemplo, según una investigación de la Asociación de Psicología Americana, está comprobado que solo aquellos que creen que pueden ser más inteligentes acaban desarrollando nuevas habilidades cognitivas. Los psicólogos sociales Aronson, Fried y Good comprobaron empíricamente que se cumple lo que ellos llaman la «amenaza del estereotipo»: se tomó una muestra representativa de estudiantes universitarios y, a los del primer grupo se les dijo que la inteligencia es estática y no podía trabajarse, mientras que a los del segundo les explicaron que, gracias a la plasticidad del cerebro, es posible desarrollar constantemente nuevas habilidades. ¿El resultado? Los del segundo grupo mejoraron sus notas medias y adquirieron nuevas aptitudes demostrando que, si crees que puedes ser más inteligente, te esforzarás y lo serás, mientras que si opinas lo contrario no mejorarás en absoluto. En definitiva, si crees que puedes ser más listo podrás serlo. Se podría añadir que solo si crees que podrás, lo harás.

Sal (con amabilidad) de tu zona de confort

Para Aída Rubio, coordinadora del equipo de psicólogos online de TherapyChat, «mejorar significa cambiar, y no es extraño encontrarnos con que nos autoimponemos barreras para no afrontar el cambio, normalmente por miedo o dudas personales. Para ello debemos dejar de lado el inmovilismo y las vacilaciones que nos anclan y esto parte primeramente de centrarnos en el momento presente y dejar de vivir en las culpas, las preocupaciones o los perfeccionismos inalcanzables. Estos son solo baches que nos impiden mejorar, que de hecho nos dan una excusa para no ponernos a actuar con el objetivo de mejorar. Debemos orientar pensamientos y sentimientos hacia el objetivo de mejorar, lo que implica ser amable con una misma y tener un lenguaje motivador y reforzante hacia los intentos de mejora, cambiando sustancialmente el tono de nuestro diálogo interior».

En estos momentos, es más complicado que nunca salir del bucle de la negatividad y el catastrofismo, pero recuerda que todo resultará aún más difícil si te abandonas al pesimismo. “El fracaso es una forma de culpa o un sentimiento de vergüenza por no haber logrado un objetivo, pero nos inmoviliza para dar un un nuevo paso valiente hacia el frente y seguir tratando de mejorar”, añade Aída Rubio. Coincide con ella la psicóloga Sheila Estévez Vallejo, especialista en conflictos emocionales, quien ha diseñado para S Moda una serie de estrategias específicas para no rendirnos antes de empezar y poder autoconvencernos de que somos capaces de cambiar y mejorar. “Es necesario ser conscientes de que ser nuestro mejor yo requiere de perseverancia y de aprender de lo que no ha salido bien, además de ajustar las expectativas a la realidad y celebrar cada vez que se coge destreza en algo. También es importante enfrentarnos a lo que desconocemos saliendo de la zona de confort que nos hemos construido y cambiando el ángulo, es decir, viendo cada sentimiento derrotista como un reto y no como un problema”. La psicóloga también recomienda hacer un sencillo ejercicio que nos puede hacer perder el miedo al fracaso: “Haz una valoración fría para saber realmente qué es lo peor que podría pasar (y comprobarás que puede no ser tan grave como tus miedos), para así preparar el terreno hacia el éxito o, en su defecto, hacia la frustración bien gestionada”.

Piensa en sistemas, no en metas

Y no son las únicas herramientas a tu alcance si deseas modificar tu conducta y alcanzar mejores metas, ya sea correr una maratón o escribir un libro. El estudioso de la conducta James Clear, autor de los virales cursos de la Habits Academy, sostiene que «es muy común sobrestimar la importancia de los grandes momentos definitorios y restarle valor a la realización de pequeñas mejoras cotidianas. Con frecuencia, nos convencemos a nosotr@s mism@s de que un enorme éxito requiere una acción igual de relevante». En su bestseller Hábitos Atómicos (Diana), Clear demuestra la importancia de que realicemos cambios en nuestras acciones poco a poco sin pretender abarcar mucho de golpe. Y recurre para ilustrar esta técnica a un ejemplo notorio: en 2003, la organización British Cycling contrató al entrenador Dave Brailsford como director de desempeño. Hasta entonces, prácticamente el ciclismo británico no había conseguido ningún éxito reseñable en ninguna competición internacional. El abordaje de Brailsford consistió en dividir uno a uno cada aspecto relacionado con la excelencia en este deporte y puso a los ciclistas a trabajar en un sistema de «ganancias marginales»: era necesario mejorar simplemente un 1% en cada uno de esos aspectos en lugar de pretender cambios grandes al mismo tiempo. Con el tiempo, esta suma de pequeñas y marginales mejoras supusieron que el equipo británico arrasara en los Juegos Olímpicos de Pekín y Londres. Y en 2012 Bradley Wiggins se convertía en el primer británico en ganar el Tour de Francia, algo que sus compatriotas lograron hasta en cinco ocasiones en los años siguientes.

«Frecuentemente descartamos los pequeños cambios porque no parecen importar mucho en un momento dado», prosigue Clear, «pero el éxito es el producto de nuestros hábitos cotidianos, no de transformaciones drásticas que se realizan una vez en la vida». Y es más, según el experto, «todas las cosas importantes provienen de comienzos modestos. La semilla de cada hábito es una pequeña decisión. Pero a medida que esa pequeña decisión se repite, un hábito nuevo surge y se va fortaleciendo. Las raíces se afianzan y las ramas crecen». La solución que propone Clear para replicar en nuestras vidas el ejemplo del British Cycling pasa por dejar de obsesionarnos en las metas y nos enfoquemos en los sistemas. «Las metas son los resultados que quieres obtener. Los sistemas son los procesos que sigues para alcanzar esos resultados», explica. Si quieres actuar en el Teatro Real, ese concierto es la meta. La regularidad de los ensayos, la perseverancia en aprender pasajes difíciles o tu relación con tus maestros, eso es el sistema.

Déjalo ir

Existe un último factor psicológico que dinamita nuestros intentos de mejora, y es el miedo a lo desconocido. “La gente aprende a amar sus cadenas”, se lamentaba en Juego de Tronos Daenerys Targaryen. La psicóloga Sheila Estévez Vallejo explica así el apego que sentimos hacia personas y situaciones que no nos favorecen, pero no nos atrevemos a abandonar: «Emocionalmente, la melancolía y la nostalgia juegan un papel importante en el no soltar. El sentimiento de pertenencia contribuye a mantener aquello que no nos aporta, por no estar preparados para llenar ese vacío en el presente, de manera que el miedo al cambio favorece luchar por el pasado más que por el presente, no permitiéndonos crecer, evolucionar y adaptarnos, al igual que vivir en el pasado o no haber construido un presente hace que no nos podamos desprender de aquello actualmente obsoleto. Y como broche, la sensación de vacío en el presente nutre al miedo y a vivir en momentos del pasado».

Sin embargo, es posible dejar ir. Y la psicóloga asegura a S Moda que así es cómo podemos lograrlo. «Es necesario vivir en el presente construyendo día a día, escucharse a una misma para tenerte en cuenta un poquito más que hasta ahora y leer la nueva situación como una oportunidad más que como un peligro, por mucho que se tenga miedo a salir de lo construido». Estévez señala además que desarrollar una serie de fortalezas puede ayudarnos en éste y cualquier otro aspecto de nuestra existencia. «Siempre es recomendable ganar seguridad, confianza y autoestima con pequeñas metas encaminadas a algo mayor; comprender que verse sola no es estar sola sino contigo misma (y ahí, en una misma, es donde hay que poner la energía en situaciones que nos cuesten gestionar); rodearse de personas que sumen, no que sean un ancla, o no nos permitan avanzar y, por último, ajustar las propias expectativas a la realidad que se tiene delante, lo que hará que tenga más claro lo que he de dejar tras de mí, y lo que necesito realmente en el presente».

Rutina

Las insospechados beneficios psicológicos de ir y volver al trabajo todos los días

Para muchos de nosotros, una de las ventajas de 2020 ha sido librarnos de la rutina de tener que desplazarnos al lugar trabajo.

Para el 40% de los trabajadores que pueden «teletrabajar», las medidas de distanciamiento social a consecuencia del coronavirus nos han ahorrado una media de una hora diaria, una cantidad de tiempo mucho mayor para los que vivimos a las afueras. Existen estudios que demuestran que el trayecto matinal al trabajo es la parte menos favorita del día y el trayecto de vuelta a casa la tercera parte menos favorita (siendo el trabajo en sí la segunda).

Los problemas de tráfico, las multitudes y la incertidumbre aumentan los niveles de estrés y de insatisfacción. Cuanto más tiempo dure y cuánta más gente haya con la que compartir el trayecto, menos nos gusta. Pero también es posible echar de menos algunos aspectos de ese tiempo que tenemos que pasar entre el trabajo y nuestra casa. A pesar de todos sus inconvenientes, los trayectos diarios al trabajo tienen algunos aspectos positivos, actuando como un botón de arranque o un interruptor que nos ayuda a diferenciar el trabajo de la vida doméstica.

A medida que las cosas vuelven a la «normalidad» y se nos pide que volvamos a nuestros lugares de trabajo, ser conscientes de los beneficios que tiene ir al trabajo puede ayudarnos a aprovechar los desplazamientos al máximo.

Aunque podamos pensar que los desplazamientos al lugar del trabajo son un fenómeno moderno, pasar el tiempo yendo y viniendo al trabajo es algo tan antiguo como la humanidad. La caza y la recolección (200.000 años atrás), el cultivo de la tierra (unos 10.000 años atrás) y la vida en la ciudad (unos 5.000 años atrás): formas de vida que implican salir de casa y volver a casa. Estas rutinas parecen haber creado en la humanidad una idea de tiempos aceptables por desplazamiento.

En 1994, un físico italiano, Cesare Marchetti, escribió un artículo llamado «Invariantes antropológicas en el comportamiento de los viajeros sobre la unidad por excelencia de los instintos viajeros en todo el mundo, por encima de la cultura, la raza y la religión». Basándose en la obra del analista de transporte israeli Yacov Zahavi, Marchetti proponía que los humanos siempre habían estado dispuestos a pasar una hora al día en los trayectos desde y hacia su casa.

La idea de que el tiempo de viaje sea de 30 minutos por trayecto se conoce como la constante de MarchettiEn un artículo académico de 2001, los expertos en movilidad Lothlorien Redmond y Patricia Mokhtarian descubrieron que la duración ideal para la mayoría de la gente era, de hecho, menor: un promedio de 16 minutos. Sin embargo, los resultados de su estudio también confirmaron la aversión a cualquier desplazamiento de más de 35 minutos.

Una barrera psicológica

Cuanto más dura el tiempo de desplazamiento al trabajo, más estresados e insatisfechos nos sentimos. Sin embargo, sin ese tiempo entre casa y trabajo, también surge un inconveniente. Tal y como escribía Marchetti: «Incluso aquellos que se encuentran en prisión cumpliendo cadena perpetua, sin tener nada que hacer ni adónde ir, caminan una hora al día al aire libre.»

Los desplazamientos al lugar de trabajo pueden ser un ritual que nos ayuda a separar psicológicamente la vida doméstica de la vida laboral, desconectando de las preocupaciones personales por la mañana y de las preocupaciones laborales por la tarde. Un gran número de estudios realizados durante las últimas cuatro décadas muestran que este «distanciamiento psicológico» es crucial para el bienestar.

Los estudios también muestran que cambiar nuestra «identidad» de casa al trabajo conlleva un esfuerzo cognitivo. Una zona neutra entre ambas actividades podría ayudarnos a hacer la transición. Obviamente es posible lograr dicho distanciamiento psicológico sin necesidad de desplazamiento, ya sea dando un paseo por la mañana o cambiándonos de ropa, pero las exigencias de las responsabilidades familiares y laborales muchas veces hacen que no tengamos tiempo para ello.

Así que no deberíamos considerar directamente los desplazamientos al trabajo como algo negativo. Es cierto que hay desventajas, pero ser consciente de los beneficios psicológicos nos ayuda a aprovechar sus beneficios. En vez de pensar que se trata de un tiempo muerto, es mejor plantearse que se trata de tiempo «personal».

Por la mañana puedes utilizar el tiempo de desplazamiento para planificar el día. Hay estudios que demuestran que aumenta el nivel de satisfacción en el trabajo y hace que los desplazamientos más largos sean más llevaderos. Mantener pequeñas rutinas durante el viaje también parece ser de ayuda. Por la tarde puedes utilizar el tiempo muerto para relajarte con actividades más placenteras como leer, jugar con el móvil, llamar a un ser querido o escuchar música o un podcast. Se trata de actividades para las que muchas veces no conseguimos sacar tiempo cuando llegamos a casa.

No hacer nada también es positivo. Muchos no tenemos prácticamente tiempo para simplemente pensar y aquí tienes una oportunidad para distraerte. Dejar tiempo para pensar libremente ayuda a solucionar problemas y aumenta nuestra creatividad. Por supuesto, en la medida de lo posible siempre es bueno andar o ir en bicicleta. Aparte del tiempo «a solas», el ejercicio está fuertemente vinculado a una mayor felicidad en general. Probablemente no puedas controlar el tiempo que necesitas para desplazarte al trabajo, pero sí que puedes controlar cómo lo aprovechas.

Viajar

Viajar de manera frecuente nos hace un 7% más felices

Viajar a menudo te hace un 7% más feliz

Que viajar de forma frecuente te hace sentir más feliz es algo que tú ya intuías, pero ahora una investigación científica lo acaba de corroborar con datos. Concretamente un 7% más feliz, según un estudio publicado en la revista Tourism Analysis bajo el título ¿Estarías más satisfecho con tu vida si viajases con más frecuencia?

Chun-Chu (Bamboo) Chen, profesor asistente de la Escuela de Administración de Empresas Hoteleras de la Universidad Estatal de Washington, realizó una encuesta para averiguar por qué algunas personas viajan con más asiduidad que otras y si este tipo de experiencias turísticas tienen o no un efecto prolongado en la felicidad y el bienestar personal.

Por lo visto, a tenor de los resultados del análisis, aunque el trabajo, la familia y los amigos juegan un papel más importante en en el bienestar general de los encuestados, acumular experiencias de viaje continuadas aporta esa ‘chispita’ de felicidad extra que estaría estrechamente relacionada con salir de la rutina y la zona de confort.

Hasta ahora, lo habitual en este tipo de estudios relacionados con el turismo era medir el efecto beneficioso de un solo viaje o un único periodo de vacaciones, pero Chen ha querido ir un paso más allá analizando los efectos sostenidos de viajar a lo largo de un año.

Los 500 participantes del estudio tuvieron que responder cuestiones sobre la importancia de los viajes en sus vidas, cuánto tiempo dedicaron a buscar y planificar futuras vacaciones y cuántos viajes realizaron durante los 12 meses analizados (más de la mitad viajó más de cuatro veces por placer y solo el 7% no se fue de vacaciones). También se les preguntó sobre la satisfacción percibida en sus vidas. 

Respecto a los resultados, los datos sugieren que viajar afecta en gran medida al modo en el que valoramos de manera positiva nuestra calidad de vida en general: quienes aseguraron alejarse regularmente al menos a 120 kilómetros de su casa también constataron que se sentían en su día a día un 7% más felices que aquellos que viajaban muy raramente o en absoluto.

Además, la investigación de la Universidad Estatal de Washington (en colaboración con la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y la Universidad de Texas A&M) también evidenció que las personas que prestan más atención a la información relacionada con el turismo y discuten sus planes de viaje de forma frecuente con amigos tienen más probabilidades de acabar yéndose de vacaciones que aquellos que no están pensando constantemente en su próximo viaje.

Por ello, Chun-Chu (Bamboo) Chen recomienda a las empresa relacionadas con el mundo del viaje a utilizar estos resultados científicos sobre los beneficios de irse de vacaciones en sus campañas publicitarias, como una motivación extra para que las personas empiecen a planificar tus próximas vacaciones.

Motivación

Cómo encontrar la motivación positiva cuando el mundo se cae a pedazos

Friends

Trabajos temporales, mucho tiempo de teletrabajo y pocas oportunidades de conocer a otras personas: la crisis del coronavirus está afectando a mucha gente y encontrar una motivación positiva se nos hace cuesta arriba

Eso hace que sea aún más importante cambiar nuestra propia mentalidad. «Especialmente ahora, en la tercera ola, tenemos la sensación de que mucha gente está cansada«, afirma el Dr. Klaas Klasing, cofundador y director general de The Next We, especializada en motivación positiva en empresas.

En estos momentos es poco lo que se puede hacer respecto a las condiciones externas. «Pero podemos influir en la forma en que las asimilamos”, dice el experto. Algo que ayuda es cuestionar la propia mentalidad, y a alinearla de forma diferente. 

Parte del cambio hacia la motivación positiva es la capacidad de reevaluar la propia situación de una manera nueva y diferente, aunque las circunstancias sigan siendo las mismas. «Se trata de una herramienta increíblemente importante que se remonta a la antigua filosofía de los estoicos», afirma Klasing.

Esto ya es una habilidad útil en sí, pero actualmente lo es aún más. “La pandemia ha sido un shock colectivo para nosotros», dice el experto. «La generación actual de 20 a 50 años no ha vivido ninguna crisis tan importante, sino que en su experiencia las cosas casi siempre van hacia adelante. Por eso nos resulta especialmente desconocido y difícil vivir ahora una situación de crisis».

No cambia la situación, sino la mentalidad

Pero, ¿cómo funciona la motivación positiva? «Nos permite afrontar la situación de una manera mejor y más relajada», dice Klasing. Mucha gente tiende a reaccionar primero a las noticias negativas, y con miedo: ¿Qué consecuencias tiene el trabajo a jornada reducida? ¿Está la empresa amenazada de quiebra y está en riesgo tu propio puesto de trabajo? ¿Qué ocurre si tú mismo o alguien de tu familia coge el virus? ¿Cuánto tiempo se puede aguantar confinado?

«Es evolutivo que reaccionemos con más fuerza al peligro y a los mensajes negativos», dice Klasing: los que estaban preparados para lo malo en la Edad de Piedra tenían más probabilidades de sobrevivir a la situación de peligro. «Incluso hoy en día, nuestro cerebro funciona de tal manera que reaccionamos más fuertemente a los mensajes negativos». Pero, ¿cómo puedes encontrar la motivación positiva? El experto en mentalidad sugiere un procedimiento de tres pasos para ello. «El procedimiento parece sencillo, pero es cualquier cosa menos trivial», dice.

1. Separa los hechos de las valoraciones

“La gente suele mezclar hechos y opiniones”, explica el experto. Por ejemplo, dice, un pensamiento común de los empleados en este momento es: ”Me han acortado la jornada. Los próximos meses serán totalmente desmotivadores». Lo mismo ocurre con los directivos: «Mis empleados no están en su sitio. Es difícil gestionar un equipo distribuido». En ambos ejemplos, la primera frase es un hecho, la segunda es la evaluación de la situación. «Es importante separar bien estos dos factores».

2. Elige una motivación positiva

Este punto consiste en desafiar tus propias suposiciones negativas y contrarrestarlas con pensamientos positivos. «Para ello hay que hacerse dos preguntas», dice Klasing: “¿Son las cosas como me las estoy planteando? ¿Y puedo verlo de otra manera?»

¿Cómo funciona esto específicamente? «Por ejemplo, el jefe se preguntaría: «Mis empleados no están en su sitio. Por lo tanto, ¿es superfluo mi liderazgo?», dice el experto. «La respuesta, por supuesto, es ‘no’. En este momento, el liderazgo marca una gran diferencia. Ahora tengo que liderar de forma diferente». Lo mismo ocurre con el tema de la jornada reducida. «¿El trabajo de corta duración es desmotivador en sí mismo? No. Menos trabajo no significa menos felicidad. Por el contrario, ahora tengo más tiempo para el ocio, el deporte, las aficiones, la familia o la formación continua».

Este paso no consiste en suprimir los problemas reales ni en hablar de ellos. «El trabajo temporal es un tema difícil, pero si lo miro con miedo, me paraliza y me paralizo«, dice Klasing. «Por eso es importante tener una imagen clara de la situación e incluir perspectivas alternativas».

3. Encuentra pruebas de la motivación positiva

Este paso tiene como objetivo anclar la nueva mentalidad en la vida cotidiana. «Para ello, pregúntate cuáles de los nuevos supuestos se han confirmado ese día«, dice el experto. «El objetivo es centrar más la atención en ellos». Este tercer paso en particular requiere práctica y regularidad. «Los primeros éxitos se ven a los pocos días«, dice Klasing. Sin embargo, es importante no llevar a cabo un cambio de mentalidad una sola vez, sino consolidarlo de forma continuada.

«A muchos les ayuda realizar ciertos rituales para lograrlo», dice el fundador. Por ejemplo, dice, puedes llevar un diario en el que escribas cada noche tres cosas positivas que hayan ocurrido ese día. También es posible encontrar a un amigo o colega con el que puedas hablar de ello verbalmente.

«Algunos también objetivan el proceso«, dice el experto. Para ello, eligen una asociación vinculada a la motivación positiva, como una imagen concreta que ponen como fondo o salvapantallas. Otros eligen un tono de llamada especial. «Se puede ser muy creativo con esto», dice Klasing. «Por ejemplo, algunos también ponen algunas canicas en el bolsillo derecho del pantalón y cada vez que se confirma una nueva creencia, ponen una de las canicas en el bolsillo izquierdo del pantalón».

El método requiere un poco de paciencia

Es importante practicar la paciencia con la motivación positiva. «El método requiere persistencia, pero es muy eficaz», dice el experto. «En última instancia, siempre se trata de preguntarte: «¿Qué podría ver de forma diferente, y qué es realmente bueno para mí?». Para ello, dice, también tiene sentido cuestionar tu propio enfoque de las noticias, especialmente en este momento. «¿Es bueno para mí consumir una hora de noticias negativas sobre el coronavirus, o sería mejor descansar unos minutos y llamar a un amigo?”.

Además, siempre debes preguntarte qué mentalidad hay detrás de tu propio comportamiento. A menudo, esto da lugar a un ciclo que siempre se repite. «El propio comportamiento conduce a los resultados, que a su vez confirman la mentalidad», dice el experto. «Esto se ve, por ejemplo, con los directivos que microgestionan». Si lo hacen todo ellos mismos y luego delegan algo una vez, puede salir mal porque nadie está acostumbrado. «Eso confirma entonces su mentalidad. Si, por el contrario, un directivo es abierto y ve el éxito del equipo también como su propio éxito y confía en el equipo, delegar suele funcionar sin problemas”.

Comportamiento

Por qué el cerebro sucumbe a los descuentos y las rebajas

Black FridayCyber Monday, las rebajas de enero y febrero, etc. son momentos del año en los que un elenco de atractivos productos nos intenta seducir con precios muy llamativos desde las páginas web o los escaparates de las tiendas. En esas ocasiones las personas tenemos que bregar con una difícil tarea, a saber, decidir si compraremos alguno de estos productos.

No resulta sencillo. Sobre todo porque a medida que aumentan las posibilidades, cuesta más elegir. Cuantas más opciones tenemos delante de nuestros ojos, más difícil resulta tomar una decisión. Se suman la duda y el debate interno que nos genera saber que no necesitamos realmente un determinado producto a la vez que nos resistimos a “dejarlo pasar”, debido a la hipotética reducción de precio que le atribuyen.

¿Cómo dedicimos qué comprar?

Nuestro cerebro empieza a tomar decisiones nada más levantarnos de la cama. A pesar de que los seres humanos tendemos a centrar nuestra atención en las decisiones complejas, como a quién vamos a votar en las próximas elecciones o si nos vamos a embarcar en una cuantiosa hipoteca para comprarnos un piso, todos los animales necesitan tomar decisiones. Se trata de un proceso básico ampliamente conservado desde un punto de vista filogenético.

En un contexto de rebajas, esas decisiones pueden llegar a parecer inconsistentes, o incluso irracionales. Cabría pensar que no están basadas precisamente en lo que podría considerarse una evaluación sensata y reflexiva de las circunstancias y de las opciones que teníamos a nuestra disposición. ¿A qué se debe?

Es necesario tener presente que el cerebro se ha ido esculpiendo a lo largo de la evolución para fomentar la supervivencia y la reproducción de nuestra especie. Y aún conserva retazos de mecanismos que eran esenciales para la supervivencia en nuestros antepasados homínidos, pero que hoy en día no encajan con las necesidades de la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, como están ahí, influyen en las decisiones que tomamos. El resultado es que, demasiado a menudo, muchas decisiones se toman siguiendo ciertas reglas simples y eficientes orquestadas por la evolución. Aunque nos pase desapercibido.

Dicho de otro modo, los resultados de dichas decisiones pueden no parecer racionales en el contexto del mundo en que vivimos. Pero tienen su lógica si los examinamos desde la perspectiva de cómo ha evolucionado nuestro sistema nervioso.

No es solo cuestión de gustos

En nuestra vida cotidiana llevamos a cabo diferentes juicios de valor cuando decidimos entre comer un bocadillo o una ensalada, u optamos por salir a pasear en bicicleta en lugar de ir al cine en un soleado día de primavera. Se trata de seleccionar un curso de una acción de un conjunto de posibles cursos, basándonos en valores asociados y en recompensas o refuerzos anticipados.

Visto así, puede parecer que hablamos de características inherentes a cada persona, relacionadas con las preferencias, con los gustos sobre qué comer, qué hacer en nuestro tiempo libre o qué comprar en las rebajas.

Pero la realidad es que tanto las circunstancias como el contexto pueden cambiar las preferencias de las personas. Y eso unas veces lleva a la elección más óptima desde un punto de vista objetivo y otras a tomar decisiones inadecuadas. La neurociencia ha estudiado a fondo cómo nos dejamos influir.

Oportunidades que no hay que dejar escapar

Imaginemos que vamos solos al cine y queremos comprar palomitas. Nos acercamos al mostrador, empujados por una amalgama de olores en los que se mezclan el maíz y la mantequilla, y nos tenemos que decidir entre dos tamaños de palomitas. El tamaño individual cuesta 3 euros y el familiar que cuesta 7 (véase figura 1).Figura 1.

Cuando esta situación se traslada al laboratorio, la mayor parte de los sujetos opta por comprar el tamaño individual. Cuando se les piden las razones, argumentan que el tamaño individual es suficiente para ellos y que si compran el grande seguramente tendrán que tirar las palomitas a la salida, dado que se trata de un producto que es difícil guardar o consumir al día siguiente.

Ahora, supongamos que en lugar de disponer de esas dos opciones, se añade un tamaño intermedio que cuesta 6,50 euros (véase figura 2). En este caso, la mayor parte de participantes en el estudio se deciden por comprar el de 7 euros (tamaño familiar). Las razones que esgrimen para justificar su decisión es que por 50 céntimos se pueden aprovechar de una oferta y llevarse una cuantiosa cantidad de palomitas (a pesar de que, seguramente, las terminarán tirando igualmente en la papelera a la salida del cine, o comerán muchas más de lo que necesitan).Figura 2.

En esta circunstancias, hay una región de nuestro cerebro que parece desempeñar un papel de crítica importancia: la corteza prefrontal ventromedial. Las neuronas de esa zona se asocian con la voluntad de pagar. Cuando tenemos que llevar a cabo una decisión de comprar dos productos en un supermercado, la activación de esta región monitoriza la cantidad de dinero que las personas están dispuestas a pagar por una determinada cosa. Pues bien, estudios de neuroimagen han demostrado que su actividad aumenta a medida que crece el valor subjetivo que tiene un determinado producto para nosotros.

Edición limitada y otras tentaciones

Pongámonos ahora en otra situación. Imaginemos que una empresa muy conocida en la producción de equipos electrónicos y software anuncia que sacará al mercado un nuevo modelo de móvil plegable. La empresa hace el anuncio tiempo antes de que el dispositivo salga a la venta. Incluso proporciona a los clientes potenciales un sistema de reserva del mismo, aludiendo a que sólo habrá disponibilidad de un número limitado de unidades en los primeros meses tras el lanzamiento. Todas estas acciones de marketing aumentan el valor subjetivo que dicho móvil puede tener para los futuros compradores, asegurando que se genere un marcado deseo por adquirir el producto.

Diferentes estudios de neuroimagen han mostrado que, en contextos de compra, las opciones altamente valoradas por la persona provocan un aumento de la actividad de otra región cerebral, la corteza prefrontal dorsolateral.

¿Qué ocurre cuando aparece un conflicto? Por ejemplo, imaginemos que una persona desea tener el nuevo móvil plegable anunciado por la empresa pero su precio es desorbitante. Esta situación dispara la actividad de otra parte diferente de nuestro cerebro, la corteza cingulada anterior dorsal.

En definitiva, estas dos regiones cerebrales podrían actuar de manera conjunta y complementaria para comparar diferentes opciones y elegir la más adecuada, teniendo en cuenta, por un lado, el valor subjetivo del producto para la persona y, por otro lado, el coste que la adquisición de dicho producto puede suponer.

¿Ganar o perder?

Diferentes estudios llevados a cabo con técnicas de neuroimagen funcional han aportado evidencias que sugieren que las regiones del cerebro que anticipan la ganancia y la pérdida son distintas.

La preferencia por un determinado producto activa otra pequeña región de la base del cerebro (el núcleo accumbens), sede del circuito de recompensa. Sin embargo, si el precio del producto es excesivo se activa la ínsula y se desactiva la corteza prefrontal medial. Que compremos o no depende de si pesa más el deleite de la adquisición o el “dolor” que supone para nuestro bolsillo.

Si la activación de la corteza prefrontal medial se ve reducida delante de un alto precio en el caso del comprador, ¿qué sucede con el vendedor? Se ha podido comprobar que la actividad de esta región cortical se ve notablemente aumentada en respuesta a precios altos en el caso de los vendedores.

En suma, parece indiscutible que comprender cómo funciona el sistema nervioso es clave para entender cómo tomamos decisiones cuando vamos de compras, y para no caer en algunas de las “trampas” que tienden a nuestras neuronas con los descuentos y las rebajas.

Cronotipos

¿Levantarse a las 5 de la mañana aumenta la productividad?

Dicen (así lo confirmó su propia hija, Bee Shaffer, a Teen Vogue) que Anna Wintour se levanta religiosamente a las 5 de la mañana y que esa es una de las claves de su éxito laboral. Algo parecido han contando otros tantos líderes -y personas superproductivas- como Tim Cook (sucesor de Steve Jobs) o Richard Brandson (dueño de Virgin). Todos ellos insisten en que el secreto de su productividad es precisamente ese: levantarse mucho antes que el resto. Una teoría sobre la que se ha hablado largo y tendido y que Robin Sharma, experto en liderazgo, convirtió en método y en libro: El club de las 5 de la mañana, un extenso estudio sobre los beneficios que tiene levantarse pronto para mejorar la productividad y alcanzar resultados rápidamente.

En la era en la que la palabra productividad cala en nuestro cerebro de forma repetitiva en cualquier entorno laboral, parece interesante plantearse la necesidad (o no) de levantarse al alba para obtener mejores resultados en nuestro trabajo. Hablamos con Manuel Fernández, profesor de Economía y Empresa de Universitat Oberta de Catalunya y autor del libro Trabajada en modo actitud (editorial Mestas) y con Isaac Prada, experto en productividad e instructor de la plataforma de aprendizaje online Udemy

TODO DEPENDE DE NUESTRO CRONOTIPO

Lo de levantarse pronto para aumentar nuestra productividad no es para todo el mundo. Hay una explicación rápida y otra más compleja. Porque de la misma manera que cuando se estudia hay personas que prefieren darlo todo por la noche antes de un examen y otras solo consiguen concentrarse por la mañana, a la hora de potenciar nuestra productividad ocurre algo parecido. Así nos lo explica Manuel Fernández. “Las personas funcionamos en ciclos de energía dentro de las 24 horas del día. A lo largo de estos ciclos disponemos de momentos de máxima capacidad y momentos para el descanso. Depende de cada persona. Esta predisposición natural a la energía a lo largo del día se denomina cronotipo y está relacionada con los ritmos circadianos”, dice.

Por tanto, antes de empeñarte en formar parte de ese club de las 5 am, conviene saber cuál es tu cronotipo determinante para, tal y como explica el experto, “saber en qué momento del día nuestro cuerpo está más predispuesto a trabajar en una información muy importante y distribuir las tareas en orden a su complejidad a lo largo de la jornada. Así la productividad empieza a mejorar”, señala. Estos serían los cronotipos determinantes, tal y como nos explica el experto de UOC:

1. El cronotipo matutino (alondras): dispone de más energía en las primeras horas del día. Un 25% de la población puede clasificarse en este grupo según el Instituto Internacional de la Melatonina (IiMEL).

2. El cronotipo vespertino (búhos) en el cual se encuentra otro 25% de la población. Experimentan mayor capacidad y energía en horario nocturno. Su horario de sueño aparece sobre las 3 de la madrugada.

3. El intermedio (colibrí): dispone de mayor energía en las horas intermedias del día y necesita estar en la cama a las 12 de la noche como muy tarde. Aquí encontramos aproximadamente el 50% de la población.

“A partir de esta clasificación podemos encontrar líderes que sean alondras extremas y a las 5 de la mañana puedan empezar a trabajar con energía y capacidad, y también podemos encontrar personas que sean búhos extremos y que pueden producir mucho más en horas vespertinas”, explica Manual Fernández.

Por tanto, en función del cronotipo, habrá personas que prefieran hacer a primera hora trabajos que requieran máxima concentración y atención y otros que dediquen esas primeras horas a otras tareas que requieren menor foco. “La mejor forma de saber tu cronotipo es probar una temporada y valorar como tu cuerpo y tu energía responde a ese patrón”, señala Fernández. Precisamente ubicar las tareas importantes cuando tenemos mayor energía durante la jornada de trabajo es una buena garantía de éxito.

«Solemos tener un pico de rendimiento por la mañana, luego una caída o valle, un pico algo menor hacia media tarde y una nueva caída hacia la noche”

LOCALIZAR LOS PICOS DE RENDIMIENTO Y CAÍDA

Otra forma de explicar la productividad relacionada con el tiempo está en lo que Isaac Prada llama picos de rendimiento y de caídas (o valles). “Nuestro cuerpo tiene un reloj interno, todos lo tenemos, seamos como seamos. Es curioso que esto es así, independientemente de si vemos las horas de luz o estamos encerrados. Solemos tener un pico de rendimiento por la mañana, luego una caída o valle, un pico algo menor hacia media tarde y una nueva caída hacia la noche”, explica Prada. Y concluye: en los momentos de pico somos mejores para el razonamiento analítico y toma de decisiones y en los valles para la creatividad y el pensamiento deductivo.

ANALIZAR NUESTRAS RUTINAS (CON SINCERIDAD)

Una manera de trabajar nuestra productividad para detectar errores es analizar nuestras rutinas. Y para ello, señala Manuel Fernández, es necesario “contar la verdad. Una cosa es lo que hacemos y otra lo que decimos que hacemos. Para ello les pido hagan una descripción detallada de su día. A partir de aquí analizamos los hábitos que tienen instalados. La clave está en los hábitos. Nuestro cerebro está pensado para funcionar en ‘piloto automático’. Tomar decisiones nos perturba y la mejor forma de evitarlo es tener instaladas rutinas que nos faciliten la vida.

El problema viene cuando las rutinas o los hábitos que tenemos integrados no están enfocados a mejorar tu vida personal, profesional o social. Es como si tenemos instalado el piloto automático para evitar esfuerzos pero las coordenadas de dirección no están bien definidas. Seguimos el rumbo equivocado y no sabemos bien que está ocurriendo. Deberíamos analizar estas rutinas y valorar qué resultados estamos teniendo en las áreas importantes de nuestra vida”, recomienda.

LA IMPORTANCIA DE LA ULTRAPRODUCTIVIDAD EN TODO LO QUE HACEMOS

Es un concepto interesante y va más allá del típico “hacer más para aumentar nuestra productividad”. Se trata de progresar en las cosas importantes. “Es la capacidad de ser productivo con lo que marca la diferencia”, apunta Fernández. Y eso no se limita solo al entorno laboral, sino también al personal. “Hay que ser ultraproductivo cuando ves una película, cuando lees un libro, cuando descansas en el sofá, cuando estás con amigos o familia, y por supuesto cuando trabajas. Lo que hagas hazlo bien, con atención y presencia plena. Verás como no te bloqueas”, señala.

LA PRODUCTIVIDAD NO ES CUESTIÓN DE HORAS (NI DE NÚMERO DE TAREAS)

Es otro detalle importante a tener en cuenta a la hora de trabajar nuestra productividad. “En la cultura del trabajo en nuestro país, ‘estar’ en el trabajo ‘puntúa’ como productividad. Pero trabajar más horas no conecta necesariamente con la productividad, parece incluso al contrario. En este sentido es importante diseñar bien los puestos de trabajo, planificar, explicar con claridad a los equipos que se espera de ellos, definir y compartir objetivos”, señala Manuel Fernández. También es interesante la reflexión que hace Isaac Prada. “Productividad real lo defino como hacer genial lo que de verdad importa. Los mejores resultados no se obtienen con amplitud (hacer muchas cosas a la vez) sino con profundidad (foco extremo en acabar una tarea o una parte de una tarea, pero hacerla genial).

HACER MENOS (Y MEJOR)

Aumentar la productividad también va de redefinir conceptos. “Vivimos en un mundo en el que nos hacen creer que ser productivo es hacer más, estar siempre muy atareados, pendientes del último correo, del último mensaje, de varias tareas en paralelo. Pero ser productivo NO es hacer más, es justo lo contrario, hacer MENOS pero MEJOR. Hay que tener la mentalidad de pensar en qué tareas de verdad son prioritarias, cuáles van a tener más impacto en los resultados que me piden en mi empresa o que yo exijo a mi equipo si soy dueño de negocio. Hoy por hoy vivimos y trabajamos como si todo fuera prioritario y no nos damos cuenta de que, si TODO es prioritario, realmente NADA es prioritario”, apunta el experto de Udemy.

«Ser productivo NO es hacer más, es justo lo contrario, hacer MENOS pero MEJOR»

MICROMEDITACIONES PARA EVITAR LOS BLOQUEOS DE PRODUCTIVIDAD

Seguro que esta situación te resulta familiar: quieres ser productiva pero hay algo en tu jornada que te bloquea y te impide salir de ese círculo de estrés y agobio en el que quieres producir pero no puedes. Para evitar esos momentos de bloqueo, eL experto de UOC aconseja introducir micromeditaciones de 25 segundos cada 2 horas de trabajo. Si la meditación nos parece difícil, se puede sustituir por algo tan sencillo como buscar un lugar adecuado para realizar respiraciones profundas, tomando consciencia del momento para aportar calma a nuestro cerebro.

“A lo largo del día vamos teniendo situaciones que nos generan ciertas alteraciones emocionales, son pequeñas puntas de estrés que general carga alostática. Esto significa que el cuerpo trata de recuperarse tras un evento estresante pero no le da tiempo a hacerlo porque el estresor sigue activo, de manera que el cuerpo se acostumbra a vivir con esa sobrecarga. La carga alostática nos resta productividad”, explica.

UNA LOSTA DE TAREAS PARA DESESTRESARSE

Ambos expertos nos insisten en la necesidad de cerrar el grifo de la multitarea e ir haciendo las tareas de una en una precisamente porque nuestro cerebro está preparado para eso. Pero si aún así tenemos momentos de estrés por pensar en todo lo que tenemos que hacer, Prada aconseja hacer una simple lista de tareas con “absolutamente todas las tareas que nos está estresando. No se trata, de momento, de darles ningún orden, simplemente las escribimos a medida que se nos ocurren. Nos sorprenderá ver que, en muchos casos, el número de tareas es menor del que hubiéramos pensado. Nuestra mente ya se satura con cuatro tareas pendientes o más, por lo que esas listas, en general, no llegan ni a diez tareas independientes”, explica.

HACER EJERCICIO TAMBIÉN AUMENTA NUESTRA PRODUCTIVIDAD

Si hay algo que tenían en común todos los líderes que hemos nombrado anteriormente y que forma parte de ese club de las 5 am, es que hacían ejercicio físico. Es fundamental para trabajar nuestra productividad. “La falta de movilidad perjudica los tejidos orgánicos. El movimiento nutritivo se basa en generar movimiento intermitente, subir escaleras con alguna bolsa de compra, aparcar el coche a 20 minutos de tu destino, alternar la bipedestación y sedestación con mesas regulables en altura. Construye tu vida rica en movimiento y el nivel de energía será el motor de la productividad”, señala Manuel Fernández.

Perfumería

Los perfumes de mujer más vendidos de 2021

Fragancias ‘best seller’

Perfumes con aromas florales, frescos y juveniles, aptos para el día y la noche, estos perfumes de mujer han conseguido enamorar a más de una y en la actualidad se sitúan como los más vendidos de Amazon.

Un perfume puede convertirse en el mejor reflejo de las personas y es lo que realmente recordamos días después. Un aroma único que representa, de alguna manera, la personalidad y el estilo de cada una. Es por ello que hoy en día existen los perfumes de mujer más vendidos. Hemos revisado Amazon al dedillo y estos llevan meses manteniéndose en lo más alto y logran enamorarnos a todas.

Han conseguido adaptarse a los gustos y el estilo de la mujer del siglo XXI. El abanico de opciones es muy amplio pero los best sellers según Amazon de este tipo de perfumes son 12, ¡y los tenemos todos!

Desde los clásicos como el de CK One de Calvin Klein, donde la pasión y el transcurso de la vida que quiere transmitir ha llegado a lo más profundo de cada una de nosotras y sigue más presente que nunca, hasta los aromas más florales y exóticos de la versión Emporio Ella de Emporio Armani.

Una de las grandes búsquedas a la hora de encontrar el perfume de mujer perfecto (en este enlace te dejamos los que mejor funcionan con cada tipo de personalidad) es que de alguna manera nos haga volar a nuestra etapa más juvenil, que desprenda ese aroma donde la vitalidad y la fuerza son claves, y eso ha llevado a fragancias como Tommy Girl o el de Tous a lo más alto.

Pruébalos, siente sus aromas y sigue tu instinto a la hora de elegir tu próximo perfume. Pero hay una cosa que tenemos clara, seguro que está entre nuestros destacados.

Perfume ‘5th Avenue’ de Elizabeth Arden

Un clásico contemporáneo eterno de Elizabeth Arden. Un perfume sutil con toques florales chispeantes que te atraparán en una atmósfera cálida y de contraste de buenas vibraciones. En Amazon (19,19 €).

Love Spell Fragrance de Victoria’s Secret

Love Spell de Victoria’s Secret es perfecta para aquellas mujeres que amen los olores afrutados y florales. Una bonita forma de aportar frescura al día a día. Tiene un precio de 7,55€ en Amazon. 

Tous Touch de Tous

La fragancia Tous Touch de la firma Tous es floral y afrutada y en ella destacan los destellos olfativos de flor amarilla. Es la opción ideal para las mujeres más cálidas. Tiene un precio de 39€ en Amazon. 

Perfume ‘Perfect woman’ de Saphir

Las notas de mandarina y bergamota se unen en un perfume dulce, y a la vez, seductor con intensidad duradera en la piel. En Amazon (11,90 €).

Agua Fresca Azahar de Adolfo Dominguez

Esta fragancia pertenece a la colección de Agua Fresca de Adolfo Dominguez y es de la familia olfativa fresca verde. Perfecta para las mujeres que busquen un soplo de aire fresco. Tiene un precio de 19,80€ en Amazon. 

Perfume ‘Fantasy’ de Britney Spears

Nosotras también estamos sorprendidas, pero sin duda, este perfume se encuentra entre los perfumes de mujer más vendidos de Amazon desde hace tiempo. Si eres fan de la cantante, es para ti. Fantasy te hará soñar con su poción de amor mágica con la que desbordarás sensualidad. En Amazon (18,95 €).

Aguas nº 3 de Victorio & Lucchino

Con esta fragancia cuidarás tu belleza con los productos más exclusivos. Este perfume forma parte de una colección de Victorio & Lucchino donde se han sumado aguas femeninas y masculinas para crear un contraste de frescor y sensualidad. Tiene un precio de 9,11€. 

Tous EDP de Tous

TOUS nos inspira lujo y elegancia y este perfume de Tous EDF es la joya de la corona en cuanto a fragancias de la firma. Tiene un coste de 33,10€ en Amazon.

CK ONE de Calvin Klein

Esta fragancia CK ONE desprende jovialidad, frescura y simplicidad. Es todo un clásico de Calvin Klein. Pretende evocar a un sentimiento de entusiasmo sin límites. Con esta fragancia la firma rechaza los estereotipos tradicionales de género y lanza un perfume unisex. Tiene un precio de 16,16€ en Amazon

Perfume ‘Lady Million’ de Paco Rabanne

Para una mujer con inquietud y talento, un perfume para arrasar y deslumbrar como un diamante. Su contraste de notas dulces e intensas aportarán el equilibrio perfecto para ser todo una “lady million”. En Amazon (29,95 €).

Emporio Ella de Emporio Armani

Emporio Ella se caracteriza por ser una fragancia de lo más sensual, nada ostentosa con una fórmula que mezcla olores orientales. Tiene un aroma muy similar a la vainilla y cuesta 49,90€ en Amazon. 

Tommy girl de Tommy Hilfiger

Tommy girl ha estado pensada para atrapar a mujeres independientes, ingeniosas y vivaces. Si lo que buscas es una fragancia natural, esta es. Tiene un precio de 21,95€.

Niños

La importancia de que los niños se equivoquen

Dos niños, de primaria (6 anos) y secundaria (13 anos) hacen sus deberes encargados de manera telemática en los meses más duros de la pandemia, en Barcelona, en la mesa del comedor

“¿Para qué seguir repitiendo los viejos errores, ya conocidos, cuando hay tantos nuevos por cometer?”, dijo el filósofo Bertrand Russell. “Triunfar en la vida no es ganar, es levantarse cada vez que uno cae”, asegura el respetado presidente de Uruguay, José Múgica. “Cada error de los niños es un hecho creativo. Cuando se equivocan están inventando algo”, añade el psicopedagogo Francesco Tonucci. En nuestra cultura abundan las frases que reivindican las bondades de los errores y desmitifican la idea de ganar. Sin embargo, en la era de la competitividad, la exhibición en redes sociales y los filtros de Instagram, la perfección y el triunfo son valores dominantes.

Siguiendo un modelo muy americano, hoy las vidas han de ser perfectas: el trabajo, la vacaciones, la casa, el físico, la pareja y, por supuesto, los hijos. En tiempos en los que los éxitos de la prole son, más que nunca, un reflejo de los padres se les exige ser impecables. En consecuencia, los hijos hoy no cometen errores, no suspenden jamás, consiguen todo lo que se proponen y no pierden nunca.

Niños hacen deberes junto a sus padres en el exterior de su tienda de campaña en un cámping en Berga. Ayudar está bien, pero no hacer los deberes por ellos

Y para que así sea, cada vez son más habituales los progenitores que ayudan, por sistema, a hacer los deberes a los hijos (para que les salgan perfectos). Incluso, los hay que llegan a hacer los deberes por los hijos (para que salgan aún más perfectos). O los que van a la escuela a reclamar las notas en la escuela. Y no solo los suspensos: si mi hijo es tan especial, ¿cómo no le pone un sobresaliente? Asimismo, para que los niños no se traumen, hace tiempo que hay partidos sin marcadores, medallas para todos y concursos en los que todos ganan. Ante la posibilidad de perder se impone la necesidad de intervenir y amortiguar. El resultado: criaturas que desconocen lo que es equivocarse porque no se les ha permitido vivir esta experiencia clave, tanto a nivel cognitivo como vital.

Sobre este primer factor, el efecto del error en el aprendizaje, hablo con la pedagoga Anna Forés, directora adjunta de la Cátedra de Neuroeducación de la Universidad de Barcelona. Esta experta tiene clarísimo que, desde el punto de vista neurológico, equivocarse es fundamental: “De hecho, aprendemos equivocándonos”, explica. “Se puede aprender de muchas maneras pero el aprendizaje experiencial, a base de ensayo-error, es uno de los principales”.

Se puede aprender de muchas maneras pero el aprendizaje experiencial, a base de ensayo-error, es uno de los principales

Además, añade, es importante saber lidiar con el error porque en la vida nos equivocamos más que acertamos: “Para aprender necesitamos fallar muchas veces. Por ejemplo: ¿cómo hemos aprendido a caminar o ir en bicicleta? Pues errando muchas veces hasta que dominamos la estrategia”. Forés recuerda que los grandes genios de la humanidad (esos sobre cuyas vidas se bombardea constantemente a los niños), son también fruto de muchos fracasos y trabajo. Del ensayo-error. Del caer y volver a levantarse. Del calcular, fallar y volver a calcular. Del dibujar, borrar y volver a dibujar.

“El reconocer el error, verlo señalado en un papel, hace que el aprendizaje quede más impregnado”, explica Forés. Sin embargo, esta señal de alerta tiene que ir acompañada de una buena pedagogía, lo que no siempre ocurre: “Muchas veces, como maestros, lo que hacemos es borrar o tachar el error y la forma de aprender sería conservarlo y compararlo con el proceso bien hecho de una operación o una ortografía o lo que sea”. Es esta comparación la que ayuda al cerebro a aprender: “Desde el punto de vista neurológico un buen feedback es esencial. No se trata de decir al alumno ‘tienes un siete’ y punto, sino de explicarle lo que tendría que hacer para llegar a un diez. O para aprobar”.

Hay dos extremos, en los que no hemos de caer. Uno es el abandono y el otro es la sobreprotección. Para mí son tan malos el uno como el otro

Entre las causas de esta tendencia a evitar el error y maquillar el fracaso, la pedagoga detecta una mayor sobreprotección entre los padres. “Evidentemente, hay dos extremos, en los que no hemos de caer. Uno es el abandono y el otro es la sobreprotección. Para mí son tan malos el uno como el otro, porque si no permito que se equivoquen, no aprenderán de esa equivocación”. ¿Por qué se da esta sobreprotección? “A veces se hace por falta de tiempo o para que el niño «no me sufra», pero el sufrimiento también forma parte de este aprendizaje de la vida”.

De sufrimiento sabe mucho el escritor Albert Espinosa, cuyo último libro se titula, precisamente, Si nos enseñaran a perder, ganaríamos siempre (Grijalbo). Espinosa, que fue diagnosticado de cáncer en la adolescencia y pasó diez años en hospitales, tiene clarísimo que la vida “es aprender a perder lo que ganaste. Y si lo sabes hacer, ganas siempre”. ¿Cómo? “Pues porque, a veces, a partir de un error o un fracaso te surge la oportunidad de hacer algo diferente”, responde.

Si en las escuelas hubieran asignaturas para gestionar la pérdida, el fracaso y el dolor, el mundo sería mejor

La experiencia vital de Espinosa, hoy un autor de éxito, le ha convertido “en alguien muy abierto a todo lo que me pase”. Pero precisamente por ello, se va preparando: escribe, habla, visualiza posibles contratiempos… “No se trata, de buscar la pérdida o el fracaso”, matiza, “pero sí de estar preparado para afrontarlos”.

Para él es básico tener recursos para lidiar con algo que es inevitable en la vida: “Si en las escuelas hubieran asignaturas para gestionar la pérdida, el fracaso y el dolor, el mundo sería mejor. Porque hoy por hoy no hay ninguna asignatura que te enseñe a saber perder”. En cierto modo, le comento, es la propia vida la que te lo enseña; el problema surge cuando no te dejan experimentar el dolor, la frustración o el fallo. “Obviamente… Entonces te espanta la posibilidad que te pase. De ahí el título de mi libro. Si nos enseñaran perder (de pequeñitos) ganaríamos siempre porque al final descubriríamos que hay pérdidas que te costarán más o menos pero, al final, pueden ser ganancias”.

Albert Espinosa es partidario de que en la escuela se ofrezcan herramientas para aprender a equivocarse David Borrat/ EFE

Sin olvidar, añade Espinosa, a enseñar que no hace falta ganar continuamente. “En muchas profesiones parece que, tras un éxito, has de tener otro y otro… Hay una sensación de querer ganar siempre a todos los niveles que creo que no es buena”.

El adjetivo loser (perdedor, fracasado) es uno de los insultos favoritos de Donald Trump, quizás el peor perdedor de la historia reciente. Un personaje descrito incontables veces en los medios como un niño malcriado, cuyas rabietas monumentales se desataban ante los propios fracasos. Hasta el punto de que, con tal de no aceptar la derrota, trató de derribar el propio sistema que lo sostenía. “Más que no saber aceptar la derrota creo que este ‘ir a por todas’ que hace gente como Trump es una táctica para intentar ganar… ¡La usábamos en el fútbol cuando éramos pequeños!”, dice Espinosa. Sea como sea, ejemplos como el de Trump reiteran lo importante que es aprender a perder para, paradójicamente, equivocarse menos en la vida.

Corregir, no machacar

Hay estrategias para incentivar el aprendizaje a partir del error pero… sin machacar. Anna Forés desgrana algunas que han despertado polémica, como la de no corregir exámenes utilizando el rojo. “No es una tontería; desde el punto de vista de la neurología se ha demostrado que el cerebro descifra el color rojo como un ataque y, si me estás atacando, yo no estoy aprendiendo”, dice. Esta pedagoga es también favorable a aplicar una mentalidad de crecimiento en las evaluaciones: “No es lo mismo que te digan ‘no sirves para las mates o para la música’ que te digan ‘aún no sirves para…’. Ese ‘aún no’ significa ‘a lo mejor sí’ si persevero, si trabajo, si me esfuerzo… Te invita a que te pongas las pilas. Tiene un sentido educativo total”.

Salud mental

Salud mental: qué es y su importancia

AMP

Para poder disfrutar de una vida estable y repleta de bienestar es importante que, además de cuidar de nuestra salud física y corporal, también prestemos atención a la salud mental. Apostar por unos hábitos de vida saludables nos ayudará a que podamos mantener nuestro cerebro en óptimas condiciones y a que se reduzca el riesgo a padecer enfermedades o trastornos mentales.

En este artículo vamos a contarte qué es la salud mental y cuál es su importancia para que, así, entiendas por qué cuidar de tu cuerpo y mente es esencial para vivir mejor.

Desórdenes mentales que pueden afectar nuestra vida

Cuando sentimos dolor en alguna parte del cuerpo tenemos muy claro qué hacer: acudir al médico. Pero cuando sentimos inestabilidad emocional o mental, la situación se vuelve más tabú. Sin embargo, es esencial que actuemos cuanto antes y que, si no nos sentimos del todo bien, acudamos a un especialista.

Hay muchos desórdenes mentales que pueden afectar sobremanera nuestra calidad de vida. Algunos de ellos pueden ser puntuales, debido a una situación concreta de nuestras vidas; otros, sin embargo, pueden tener una mayor duración. Existen condiciones que afectan la percepción de la realidad y que pueden llegar a ser peligrosas para las personas que las padecen, por tanto, es esencial contactar con un profesional de la salud mental para que realice un examen exhaustivo e indique cuál es el diagnóstico.

Entre las patologías mentales más comunes en España destacamos las siguientes:

Depresión

Según la OMS, alrededor del 4% de la población del mundo ha sufrido alguna vez una depresión. Y, además, en los últimos años esta afección ha aumentado a nivel global afectando de manera mayor a las mujeres menores de 29 años o a las mayores de los 55 años.

La depresión es una condición que afecta la salud mental y que altera la percepción de la realidad. Suele ir acompañada de otras afecciones como, por ejemplo, ansiedad, estrés o insomnio.

Estrés

Otra de las patologías más comunes y que cada vez afectan a más personas es el estrés. La acumulación de responsabilidades, la vida ajetreada que se tiene en la actualidad y el exceso de tareas pueden ser desencadenantes de esta condición que puede alterar nuestra salud de forma muy notoria.

El estrés elevado puede llegarnos a alterar el sueño, el apetito, el humor y hacer que nos aislemos de nuestras vidas sociales. Una condición que debe tratarse cuanto antes para evitar consecuencias mayores.

¿Cómo mejorar nuestra salud mental?

Un aspecto muy importante es procurar disfrutar de unos hábitos de vida saludables. Comer de manera sana, hacer deporte y dormir bien por las noches nos ayudará a que nos sintamos mejor y a que nuestro cerebro esté sano y oxigenado para el resto del día.

Pero, además, aquí te dejamos algunos consejos para que puedas mejorar tu salud mental:

• Aléjate del tabaco, del alcohol y de las drogas. Son muy tóxicos y pueden llegar a alterar nuestra percepción de la realidad y de la vida.

• Duerme 8 horas al día. Descansar es básico para que podamos tener una mente más sana.

• Aprende a delegar responsabilidades. Es importante que sepas decir que no y que no te cargues de responsabilidades que otras personas pueden hacer por ti.

• Dedícate tiempo. No te abandones y respeta tus espacios contigo mismo para leer, pasear, ver una buena película, escribir… ¡lo que quieras!

• Aléjate de la gente tóxica. Y, por último, es importante que tengas relaciones sociales positivas y que no te desestabilicen.

El éxito de tu equipo puede depender de un algoritmo

Cuál es la fórmula de la Coca-Cola? Hace unos meses, en un restaurante iniciamos la sobremesa con esta pregunta. Me pareció muy divertido y enriquecedor dejar que los demás dieran su opinión al respecto.

Después de varias recetas inverosímiles y combinaciones poco digestivas, decidimos, entre todos, revisar los componentes de la bebida en la etiqueta. Empezamos a leer sílaba por sílaba: “Agua carbonatada, colorante E-150D, acidulante E-338, aromas naturales…”

Un amigo, se puso muy serio y, como quién se justifica ante la derrota, dijo: “¡¿Cómo vamos a saber la receta de la Coca-Cola si ni siquiera sabemos cuáles son los ingredientes?!”. Como siempre, dando en el clavo…

El éxito de tu equipo depende de los Datos

Y es que, esta respuesta tan espontánea es perfectamente válida para resolver el enigma que lleva años atormentando a directivos y a equipos de recursos humanos: ¿Cuál es la fórmula del éxito para mi equipo? La respuesta está en la gestión de la información: en la analítica de datos.

El análisis de los datos es una prioridad para las empresas

Si bien es cierto que yo no soy muy partidario de fórmulas mágicas, sí creo en que las herramientas adecuadas pueden ayudarte a alcanzar tus objetivos. La gestión de la información y la tecnología son cada vez más decisivas para conseguir el éxito empresarial.

Según una encuesta realizada por Forbes, en 2015 solo el 17% de las empresas utilizaban estrategias de Big Data para el desarrollo de su negocio; en 2017, el porcentaje ascendía hasta el 53%; y en 2019, el 88% de los directivos consideraba imprescindible el uso del Big Data para la consecución de sus objetivos, según apunta un estudio de New Vantages Partners.

Es evidente que la gestión de datos está teniendo un avance imparable para el desarrollo de las organizaciones y, pronto, será una de las principales herramientas para las empresas. Sin embargo, los usos de esta tecnología no se limitan, únicamente, en la optimización de procesos y actividad económica.

La analítica de datos también puede ser crucial para medir y mejorar el bienestar de los empleados. Ésta no es una funcionalidad baladí ya que tener empleados felices puede aumentar hasta en un 13% la productividad de tu compañía.

3 aptitudes que tu equipo puede lograr gracias al análisis de datos

3 aptitudes que tu equipo puede lograr gracias al análisis de datos

Está claro que la información es poder. Pero, ¿cómo puedes utilizar los datos para asegurar el éxito de tu equipo? Según indican desde Oracle, el Big Data son “grandes conjuntos de datos” que pueden utilizarse “para abordar problemas empresariales”.

A mi modo de ver existen 3 grandes aptitudes que tu equipo puede ganar gracias a la buena gestión del Big Data

1. Más productividad

En BBVA han desarrollado Opportunity, una tecnología que es capaz ofrecer coaching a los empleados ayudándoles así a alcanzar sus objetivos dentro de la propia empresa. Opportunity gestiona el feedback y los resultados diarios de cada empleado y les ofrece constantemente consejos, métricas y nuevas oportunidades para crecer dentro de la empresa.

Noemí Fernández, empleada de BBVA, comenta en un artículo publicado en El País que Opportunity “hizo un chequeo de las habilidades que tengo y de las que necesitaba para promocionar al nuevo puesto”. Gracias al asesoramiento de esta herramienta, Noemí no sólo logró promocionar sino que, además, mejoró su productividad y engagement con la empresa.

Tener un plan carrera definido es una de las peticiones más demandadas para asegurar su motivación y fidelidad de los empleados. El compromiso de tu equipo no solo se materializa en una menor tasa de rotación dentro de la compañía si no que, además, también implica un aumento del 13% de la productividad, según señalan en este estudio de Oxford.

2. Resolución de problemas

A principios de la década del 2010, un grupo de ingenieros de la empresa estadounidense IBM desarrolló Watson. Se trata de un sistema basado en la inteligencia artificial que es capaz de resolver preguntas formuladas con un lenguaje formal.

Lo que al principio parecía un aplicativo divertido que despertó la curiosidad de periodistas e internautas de todo el mundo, se convirtió, con el tiempo, en una de las herramientas más efectivas para la resolución de problemas de IBM.

Actualmente, en IBM utilizan Watson para resolver problemas y dudas internas que los empleados se formulan a lo largo de la jornada. A través de la inteligencia artificial, el aplicativo es capaz de encontrar las respuestas más acertadas para determinadas queries.

3. Flexibilidad

Una de las principales ventajas que tiene el Big Data para las empresas es la trazabilidad que se obtiene para medir el éxito o fracaso de las acciones implementadas. A menudo, es difícil evaluar qué incidencia tiene una determinada estrategia

Resulta evidente que un empleado feliz rinde de manera más eficiente y trabaja mucho mejor que un empleado insatisfecho. En este sentido, a las empresas les interesa invertir en el bienestar de sus equipos. Pero, ¿cuánto dinero cuesta que un empleado se sienta feliz? y, sobre todo, ¿cuán rentable es el bienestar del empleado para la empresa?

Gracias al Big Data estas preguntas tienen ahora una respuesta ya que podemos medir el bienestar del empleado. Así, si un directivo decide, por ejemplo, ofrecer ciertos beneficios para los empleados -como fruta gratis o clases de gimnasia- podrá medir, gracias al Big Data, el retorno de la inversión que tiene esa acción.

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