La irracionalidad como socia

Aristóteles decidió que lo que nos distinguía a los seres humanos del resto de los seres vivos era la racionalidad. Tan contentos nos pusimos con definirnos como animales racionales, que llevamos más de dos mil años viviendo en esa ensoñación. Es verdad que tenemos capacidad para razonar y, tan cierto como ello, es que prescindimos de dicha capacidad con una frecuencia inusitada cuando de tomar una decisión se trata.

Antonio Damasio, desde la neurociencia, ya nos ha advertido de que la mayor parte de nuestras decisiones tienen un fundamento emocional, irracional, y que hemos construido una especie de sistema automatizado para reaccionar sin necesidad de pensar ante lo que nos va aconteciendo. Los economistas (y psicólogos) que han desarrollado la economía conductual vienen demostrando desde hace tiempo que la teoría económica según la cual decidimos racionalmente está tan cerca de la realidad como yo de poseer la calidad futbolística de Leo Messi. Los premios Nobel concedidos a Daniel Kahneman y Richard. H. Thaler han venido a reconocer que estos “excéntricos” académicos se aproximan mucho mejor a la forma en que tomamos decisiones las personas que la teoría económica tradicional.

Sus investigaciones certifican que las personas tomamos la mayor parte de nuestras decisiones de manera irracional. Pero eso no quiere decir que no haya pautas que expliquen esas elecciones. Somos previsiblemente irracionales. Somos previsibles porque hemos creado unas heurísticas (atajos) para simplificar esos procesos. Algo que nos ahorra mucho tiempo y que, en múltiples ocasiones, nos lleva a tomar decisiones correctas. El problema surge cuando constatamos que hay sesgos que influyen en esas heurísticas, unos sesgos que nos llevan a tomar una y otra vez malas decisiones.

Si eso es así, ¿por qué no realizamos el esfuerzo para eludir esos atajos y decidir de una manera más racional? La primera razón por la que no lo hacemos es porque eso requiere lo que acabo de mencionar, esfuerzo, y ese afán consume energía. Pero en nuestro cerebro rige una ley general del mínimo esfuerzo que nos mantiene en un habitual estado de quietud racional, lo que permite que nos desviemos por los atajos. Una segunda razón tiene que ver con el hecho de que, en múltiples ocasiones, carecemos de los conocimientos para decidir racionalmente. Con suerte, con mucha suerte (y esfuerzo), somos expertos en una disciplina, y la mayor parte de nuestra vida nos la pasamos decidiendo sobre asuntos totalmente ajenos a la misma. Otro motivo que explica el exilio de la racionalidad tiene que ver con la sobreabundancia de opciones en la que vivimos. Para cualquier decisión se nos abre un abanico de opciones de tal calibre que excede lo que podemos procesar. Si a eso añadimos que nuestra percepción de la realidad está muchas veces distorsionada, el panorama para el reino de la racionalidad es ciertamente tenebroso.

Conocer las heurísticas y los sesgos que influyen en nuestras decisiones es, por tanto, un útil ejercicio de autoprotección que puede tratar de impedir que cometamos errores que nos perjudiquen. Asimismo, dicho conocimiento puede ayudarnos a la hora de diseñar unas estrategias comerciales y de marketing más enfocadas en el modo real en el que los consumidores toman sus decisiones. Por tanto, mi consejo es que no la despreciemos, porque la irracionalidad bien entendida puede ser nuestra gran socia.

Hablar bien en público

Mónica, tengo muy buenos profesionales pero cuando tienen que hacer una presentación en una filial europea, fallan por no saber hablar en público bien”, me indicaba en una ocasión un directivo de una multinacional con sede en España. Saber comunicar delante del equipo, de los compañeros o hacer una intervención ante los jefes es cada vez más valorado en las compañías, sobre todo por la escasez de buenos comunicadores.

Es cierto que no hemos sido preparados para hablar en público en la infancia, como sí lo son en otras nacionalidades, pero es que además, en España se infravalora la importancia de adquirir los conocimientos técnicos y emocionales que son necesarios para enganchar a una audiencia.

Por mi experiencia como directora de la Escuela Europea de Oratoria, la empresa líder en el sector en España, y autora de 19 libros, entre ellos «Oratoria con PNL», podemos encontrarnos tres tipos de profesionales diferentes en las empresas de este país en relación con la aptitud de hablar en público:

1) Los que no les gusta, lo evitan, y si alguna vez lo tienen que hacer, el resultado no es bueno.

2) Los que lo hacen de manera habitual pero, como no se han preparado técnicamente, no llegan bien a la audiencia y repiten los mismos tics una y otra vez.

3) Los que son conscientes de que es necesario aprender y se forman para ello.

El resultado es que menos de un tercio de los profesionales se toman en serio la formación en esta materia. “¡Imagínate!” – suelo contar en clase – “que quisieras jugar al pádel sin querer saber nada de ese deporte. Coges una raqueta de tenis, te vas a una cancha de baloncesto y empleas un balón de fútbol. Tú podrás decir que estás jugando al pádel, pero cualquier persona que conozca ese deporte, te va a decir que no es así”. Igualmente ocurre con las técnicas de oratoria. Existe una postura idónea para colocarse de pie, parado, cuando hablamos en público; una manera de mover las manos, de usar la voz, de mirar, de estructurar la presentación, etc… pero si nunca lo conoces, lo vas a seguir haciendo mal toda la vida.

Claro que la práctica es importante, pero una vez que se conoce la técnica. El mejor ejemplo lo tenemos en los políticos; a pesar de que llevan toda la vida hablando en público: ¿son grandes oradores? La verdad es que no.

Por ello, el profesional que, además de sus capacidades en su materia, sabe hablar en público bien, es escaso en las empresas, y su valor como tal es muy cotizado. En un momento económico como el que estamos viviendo en este 2021 y lo que se nos avecina, donde la competencia en los puestos de trabajo va a ser brutal, hablar bien en público puede ser la diferencia entre un ascenso y un despido

Bill gates

¿Cuáles serían las respuestas de Bill Gates en una entrevista de trabajo

Durante una entrevista para la serie State of Inspiration, la estrella de la NBA Stephen Curry invitó a Bill Gates, cofundador de la empresa de software Microsoft, a desempeñar el papel de un ingeniero de software junior que se entrevista para un trabajo en el gigante tecnológico. 

Durante la entrevista, compartida en YouTube, el magnate tecnológico dio lecciones valiosas para lograr una entrevista de trabajo exitosa.

Estas fueron sus respuestas:

Stephen Curry: ¿Por qué deberíamos contratarlo? 

Bill Gates: Deberías mirar los códigos que he escrito. Escribo programas de software mucho más allá de las clases que he tomado. Creo que he mejorado con el tiempo, así que mira lo ambicioso que he sido allí.  

Creo que puedo trabajar bien con la gente. Podría criticar su código con un poco de dureza, pero en general, me gusta estar en un equipo. Me gustan las metas ambiciosas. Me gusta pensar en cómo podemos anticiparnos al futuro.

El software es genial y quiero participar.  

Stephen Curry: ¿Cómo define sus fortalezas y debilidades y cómo las incorporaría a un equipo?

Bill Gates: Bueno, no soy alguien que sepa mucho sobre marketing. No me gustaría ser vendedor. 

Para un puesto en el que realmente estás creando los productos y pensando en cuáles deberían ser esas características, eso me fascina. 

Seguí la historia de la industria, leí sobre los errores que se han cometido. Entonces la definición de producto, la creación de producto, muy fuerte.

Si tienes un equipo que comprende a los clientes, las ventas, el marketing, no voy a aportar eso, pero me encantaría trabajar con ellos.

Stephen Curry: ¿Cuáles son sus expectativas salariales para este trabajo?

Bill Gates: Espero que el paquete de opciones sea bueno. Soy capaz de correr riesgos y creo que la empresa tiene un gran futuro, por lo que prefiero obtener opciones sobre acciones incluso más que una compensación en efectivo.

Escuché que otras compañías están pagando mucho, pero trátame de manera justa y enfatiza las opciones.

Las respuestas de Gates son efectivas por ciertos factores: son concisas, demuestra altos estándares, critica el desempeño por debajo del promedio y destaca su capacidad de trabajar en equipo.

Además, destaca sus ganas de aprender constantemente y hace hincapié en lo que espera del trabajo.

La entrevista completa puede verse a través de Youtube desde la cuenta oficial de Stephen Curry.

Durante una entrevista para la serie State of Inspiration, la estrella de la NBA Stephen Curry invitó a Bill Gates, cofundador de la empresa de software Microsoft, a desempeñar el papel de un ingeniero de software junior que se entrevista para un trabajo en el gigante tecnológico. 

Durante la entrevista, compartida en YouTube, el magnate tecnológico dio lecciones valiosas para lograr una entrevista de trabajo exitosa.

Estas fueron sus respuestas:

Stephen Curry: ¿Por qué deberíamos contratarlo? 

Bill Gates: Deberías mirar los códigos que he escrito. Escribo programas de software mucho más allá de las clases que he tomado. Creo que he mejorado con el tiempo, así que mira lo ambicioso que he sido allí.  

Creo que puedo trabajar bien con la gente. Podría criticar su código con un poco de dureza, pero en general, me gusta estar en un equipo. Me gustan las metas ambiciosas. Me gusta pensar en cómo podemos anticiparnos al futuro.

El software es genial y quiero participar.  

Stephen Curry: ¿Cómo define sus fortalezas y debilidades y cómo las incorporaría a un equipo?

Bill Gates: Bueno, no soy alguien que sepa mucho sobre marketing. No me gustaría ser vendedor. 

Para un puesto en el que realmente estás creando los productos y pensando en cuáles deberían ser esas características, eso me fascina. 

Seguí la historia de la industria, leí sobre los errores que se han cometido. Entonces la definición de producto, la creación de producto, muy fuerte.

Si tienes un equipo que comprende a los clientes, las ventas, el marketing, no voy a aportar eso, pero me encantaría trabajar con ellos.

Stephen Curry: ¿Cuáles son sus expectativas salariales para este trabajo?

Bill Gates: Espero que el paquete de opciones sea bueno. Soy capaz de correr riesgos y creo que la empresa tiene un gran futuro, por lo que prefiero obtener opciones sobre acciones incluso más que una compensación en efectivo.

Escuché que otras compañías están pagando mucho, pero trátame de manera justa y enfatiza las opciones.

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Las respuestas de Gates son efectivas por ciertos factores: son concisas, demuestra altos estándares, critica el desempeño por debajo del promedio y destaca su capacidad de trabajar en equipo.

Además, destaca sus ganas de aprender constantemente y hace hincapié en lo que espera del trabajo.

La entrevista completa puede verse a través de Youtube desde la cuenta oficial de Stephen Curry.

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